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¿Hambre o votos?

  • Escrito por Pablo Trejo
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Los datos sobre pobreza en México revelan que a 50.6 millones de mexicanos no les alcanzaban sus ingresos para cubrir las necesidades básicas respecto a salud, educación, alimentación, vivienda, vestido o transporte público, incluso dedicando todos sus recursos a eso. El 18.2% de la población sufre carencias alimentarias (20  millones), de los cuales 7.2 millones habitaban en zonas urbanas, mientras que 12.2 millones pertenecían a zonas rurales. Entre 2006 y 2012, el nivel de vida de más de un millón de familias cayó bajo el umbral de la pobreza. Si hablamos de datos globales de pobreza, es necesario tener en cuenta que en México una gran parte de la población es joven. Según el último Censo, la cifra de población de 0 a 17 años supera los 38 millones. Los niños, niñas y adolescentes forman parte de los grupos más vulnerables a sufrir carencias y privaciones. Así, en el Estudio Global sobre Pobreza y Disparidades en la Infancia, elaborado por UNICEF, se destacaba que en el período 2006/08 un 25% de los niños y niñas mexicanas (10 millones) vivían en condiciones de pobreza alimentaria. Desde estos números, la Cruzada contra el Hambre se justifica por si misma. Sin embargo, en los medios de comunicación ha surgido un debate siempre presente al hablar de política social: ¿el espacio geográfico, los municipios, donde se implementará la Cruzada son de alta marginación o de reñida competencia electoral? ¿Qué ha pesado más en la metodología: la realidad social o el deseo político? En un breve repaso a lo que es la Cruzada, los medios sostienen que se estableció la existencia de municipios lejanos de los índices más graves de pobreza, y se seleccionaron municipios con competidos comicios electorales, dejando fuera municipios con proporciones de población en extrema pobreza. El debate se ha dado, principalmente, por los indicadores absolutos y relativos de pobreza, particularmente el porcentaje de personas en pobreza extrema y que carecen de alimentación. No se entiende por qué el relevante peso de la pobreza en zonas urbanas. Así, por el volumen total de personas en la situación de pobreza definida, delegaciones como Álvaro Obregón o el municipio de Puebla están dentro de los municipios seleccionados. Por otro lado, aun cuando el municipio de Zirándaro, Guerrero, tiene un 57.4% de sus habitantes en pobreza extrema, su población, según el último Censo de 2010, era solamente de 18,813 personas, no se encuentra incluido. Se puede decir que ha habido un error de estrategia, para proteger un fin político detrás. Si han querido usar esta herramienta como mecanismo electoral, no lo han disimulado muy bien. Bastaba con usar el criterio técnico de selección del CONEVAL, y una política pública de transferencia directa de recursos. Al final, no hay que olvidar que la pobreza se encuentra directamente relacionada con la capacidad para generar fuentes de empleo, y el potencial de desarrollo basado en educación, que dotan a una región de medios para la creación de productos y servicios que permitan relacionarse económicamente con otros sectores. El riesgo del programa  es que no se consigan los votos, ni se reduzca la pobreza en el país.