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En política no hay casualidades

quimera

Una frase acuñada en el folclor político mexicano, dicta categóricamente: “en política, no hay casualidades”. Hacemos referencia a esa frase, porque en días recientes han, dos de los personajes políticos más relevantes en la historia reciente de nuestro país, reaparecieron de manera sincronizada en dos medios de comunicación de primer nivel de importancia: Carlos Salinas de Gortari en el Diario El País, a través de una colaboración titulada “Algunas preguntas para los electores”; y Diego

Fernández de Cevallos en una entrevista para la Revista Proceso titulada “Es la hora de hablar”. ¿Salinas hablando de electores y Fernández de Cevallos diciéndonos que es tiempo de romper el silencio?

Muchas de las críticas hacia esos dos singulares personajes se remontan a la época en que uno ocupaba la silla presidencial y el otro era el coordinador de la fracción parlamentaria del mayor grupo parlamentario de oposición en la Cámara de Diputados. A ambos, en muchas ocasiones se les acuso de realizar acuerdos “en lo oscurito”, en los que se intercambiaban aprobaciones legislativas por el reconocimiento a discutidos triunfos electorales, lo que derivó en el famoso término de la “concertacesión”, el cual se define en el Diccionario Electoral de Mendoza y Romero, como “el acto por el cual, en casos en los cuales los resultados oficiales de las elecciones no responden a una realidad sentida y constatada por electores, candidatos y partidos políticos, se destituye al ganador oficial y se cede el poder al candidato del partido que considera realmente haber ganado. Este fenómeno político se hizo evidente durante el período presidencial de Carlos Salinas de Gortari”.

Para nadie es secreto que quien encabeza la gran mayoría de las encuestas públicas en el camino a la presidencia de la República, es el candidato de MORENA, Andrés Manuel López Obrador, quien justamente ha señalado a ambos personajes como cabezas de lo que él ha denominado como “la mafia del poder”.

En su artículo, Salinas critica a los candidatos “atados al localismo y al simplismo”, a quienes promueven un “socialismo de Estado”; cuestiona la capacidad de éstos para generar alternativas al neoliberalismo y al populismo, lanza el reto para que se defina si lo que se busca es “la democracia de un solo dirigente” y cuestiona también si a quienes se ha presentado como los “hombres que generan las ideas” en torno a los candidatos son reales o tan solo una “mera fachada”.

Por su parte, Diego Fernández critica directamente a López Obrador, aseverando que, “aunque tiene todas las posibilidades de ganar, en la Presidencia, no le conviene a México”, ya que “no es un hombre de honor, no es un demócrata” es “autoritario, intolerante, lépero”.

Si tomamos por cierta la frase con que iniciamos este texto, podemos entonces notar claramente una estrategia pensada para subir a la palestra y a la contienda electoral a dos pesos pesados de la política que comparten un objetivo común: que López Obrador no llegue a la Presidencia de la República. ¿O será una mera casualidad?

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