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DESDIBUJAMIENTO PANISTA

 
Pareciera que los principales dirigentes del Partido Acción Nacional no terminan la catarsis de la derrota que les propinaron los mexicanos en la elección presidencial del 2012. La herida sigue abierta, pero el problema es que la están abordando solamente entre la clase cupular sin otorgarle a la militancia la posibilidad de que analice y opine acerca de lo que verdaderamente propició la debacle, y el alejamiento de quienes les otorgaron las victorias presidenciales del 2000 y el 2006. Las diferencias con Vicente Fox es la principal muestra de que le siguen negando el mérito de haber logrado interrumpir la hegemonía que los tricolores mantuvieron durante setenta años, y ese es el principal indicio de que por ahora la lucha es por el control del partido y no por el reencuentro con sus bases.
 
Me parece que los panistas no han hecho un análisis a profundidad de lo que pasó y el origen del rechazo de los ciudadanos en esos doce años que detentaron el Poder Ejecutivo. Hegel señalaba que los grandes acontecimientos aparecen dos veces, una como tragedia y otra como farsa. La tragedia del panismo es que nunca entendió que las elecciones las ganan los partidos por el apoyo de los ciudadanos, y que el gobierno se ejerce para todos y no solamente para los correligionarios. Eso es lo que no han aprendido las oposiciones, porque en cuanto llegan a las estructuras administrativas les da por acentuar ese clientelismo que tanto criticaron de los tricolores, y pretenden mantenerlo a base de dádivas que en la mayor parte de las veces se queda en las manos de los liderazgos.
 
La farsa es que Gustavo Madero Muñoz sigue vertiendo justificaciones del empequeñecimiento partidista, pero busca el origen en las acciones de gobierno porque es la forma más fácil de adjudicar las culpas, lo que no es más que un posicionamiento político, pero ¿Qué tanta culpa tiene él como dirigente? Porque hasta ahora no ha dado muestras de querer hacer un ejercicio de autocrítica para visualizar cuales fueron las fallas que detonaron la derrota, y por qué fueron rechazados incluso por su propia militancia. Las alianzas que todavía pretende seguir manteniendo el señor Madero son el principal elemento de crítica de la militancia por la traición que significó a los documentos básicos y a la doctrina que tanto defendieron durante sesenta años de oposición.
 
Por mucho que Madero señale que el blanquiazul “se desdibujó como institución y se contaminó de todo aquello que siempre criticaron y que propició una triste alienación de su identidad”, la explicación la tendrá que encontrar en lo que piensan los militantes que se fueron y no en términos alienígenas. Hasta ahora no existe seriedad para asumir el reto de la reconstrucción porque lo que sigue importando son las posiciones partidistas y de representación popular. De mantener el mismo camino perderán lo poco que les queda. Madero tiene culpas que no quiere asumir. Al Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.