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Las poblaciones originarias de México: ¡acabemos con los prejuicios!

darvoz                                       

  Nuestra historia es una historia viva, que ha palpitado, resistido y sobrevivido siglos de sacrificios Rigoberta Menchú

El 9 de agosto conmemoraremos en todo el mundo el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. La dedicación, definida por

la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde 1994, busca reconocer y celebrar la riqueza que aportan los pueblos originarios a los países y a la vida cotidiana de sus habitantes.

Hace casi un decenio la ONU declaró que el período 2005-2014 sería el Segundo Decenio Internacional, con el lema: “un decenio para la acción y dignidad”. Desde entonces, sus esfuerzos y los de sus países miembros se han destinado a una meta específica. En 2014 el centro de atención se centra en acortar las diferencias y hacer efectivos los derechos de los pueblos indígenas. Sobresale la importancia de políticas y programas que, tanto en el nivel nacional como en el internacional, generen la colaboración entre gobiernos, la ONU, los pueblos indígenas y sociedad civil.

Entre las muchas riquezas que hacen de México un país pleno de sorpresas, colores, sabores y alegría están sus pueblos, lenguas y culturas indígenas. Pero las condiciones de vida de los indígenas son también fuente de deuda, motivo de urgencia.

En México cerca de 16 millones de personas de tres años y más se reconocen como indígenas, esto es 15% de la población nacional en 2010 (datos del Censo 2010). Es el país latinoamericano con mayor número de hablantes de lenguas indígenas: cerca de 7 millones de personas de tres años y más las utilizan en su vida cotidiana. Su amplia capacidad para ser bilingües supera, con mucho, la de la población mestiza. Sin embargo, su nivel promedio de educación no hace justicia a su potencial: el promedio de años de educación formal para los mayores de 15 años sólo llega a 5 años, mientras que para los mexicanos en ese sector de edad alcanza 9 años.

En 2008, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) 38% de los indígenas mexicanos vivía en extrema pobreza, y 71% en pobreza multidimensional. Los estados más pobres son también donde existe mayor proporción de población indígena dentro del total: en Chiapas, Guerrero y Oaxaca, donde entre 62 y 74% de los indígenas viven en pobreza. Además, ONU calcula que la probabilidad de la población indígena de caer en pobreza es del doble de los no indígenas.

Nuestro país sólo provee servicios de salud a 43 de cada 100 indígenas, y su acceso a educación y servicios públicos -salud, sanitarios y de comunicación, entre otros- se complica porque residen en zonas dispersas y aisladas: 62% radica en zonas rurales con menos de 2,500 habitantes, donde predomina la carencia de empleos, los bajos salarios y la marginación.

A los mexicanos, todos, nos debería avergonzar la actitud ambivalente que a menudo adoptamos frente a nuestros indígenas. Según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) 75% de los mexicanos cree que no se respetan los derechos de los indígenas, pero 40% no estaría dispuesto a que en su casa vivieran indígenas.

Cambiar actitudes y prejuicios es una tarea que requiere voluntad, educación y comunicación. Pero, sobre todo, precisa que nos sacudamos y tiremos prejuicios. Serviría, para empezar, alegrarse al pensar que en México tenemos 82 lenguas indígenas; que el baile, el canto, las tradiciones y la gastronomía indígena nos hacen únicos. También, dejar de usar vocablos como “indio” o “naco” que sólo hablan de ignorancia y discriminación. Y transmitir a nuestros hijos el respeto por las culturas indígenas.

* Senador por Yucatán. Secretario de las comisiones de Juventud y Deporte, de Relaciones Exteriores Asia-Pacífico y del Instituto Belisario Domínguez; integrante de las comisiones de Turismo, Reforma Agraria y Bicamaral del Canal del Congreso.