Menu
RSS

Quien traiciona una vez traiciona siempre

Elba Esther Gordillo fue artífice de la defenestración de Carlos Jongitud Barrios, el eterno líder del magisterio y principal dirigente de “Vanguardia Revolucionaria”. Carlos Salinas de Gortari la sacó de ser una obscura dirigente magisterial en Ciudad Nezahualcóyotl para convertirla en la lideresa del Sindicato más poderoso y numeroso de América Latina.

 

El precio que pagó por encumbrarse fue traicionar a quien ya no resultaba útil al sistema político y a los planes para la adecuación de la política educativa a las exigencias que marcaban los mercados de la globalización. Poco el precio cuando no se tiene aprecio por quien ha sido condenado. Así de simple ha sido la lógica de la  señora Gordillo.
Pero lo mismo hizo con el partido que la enriqueció y encumbró hasta llevarla a la Secretaría General. Para marcar su línea de separación con Roberto madrazo Pintado, prefirió despachar en uno de los hoteles más caros de la zona de Polanco donde pagaba con fondos sindicales millón y medio de pesos por día, antes que despachar en una oficina que consideró poco digna para su liderazgo. Después vendrían los desacuerdos a causa de la integración de las listas de aquellos que contenderían por la representación popular, y después por el control de las fracciones parlamentarias y las comisiones. Elba Esther Gordillo se pensó dueña del priísmo por su poderío como lideresa magisterial, y sus desplantes terminaron por confrontarla con sus correligionarios a causa de su proclividad para realizar oscuros pactos con el Presidente Vicente Fox Quesada para la aprobación de iniciativas sin consultar a la dirigencia nacional. Quien traiciona una vez, traiciona siempre.
Elba Esther Gordillo Morales traicionó a Carlos Jongitud Barrios, y lo mismo hizo con su partido cuando decidió conformar un nuevo partido y apoyar a Felipe Calderón Hinojosa para que alcanzara la Presidencia de la República. Utilizó sin empacho los fondos de los trabajadores para su proyecto personal y para combatir a quienes la encumbraron. El pago fue la concesión del ISSSTE, la Lotería Nacional, y una Subsecretaría en la SEP para su yerno. Nunca acudió a las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública, y en el paroxismo de la soberbia exigió que la titular, Josefina Vázquez Mota, fuera a tomar acuerdo con ella a su casa de la calle de Galileo en la Colonia Polanco, donde la hacía esperar casi una hora para que entendiera quien era la que tenía el poder en el sector educativo. Gordillo se dedicó a disponer como suyos los fondos del ISSSTE y de la Lotería Nacional. Fueron miles de millones de pesos los que le entregaron quienes fueron propuestos por ella para encabezar esas instituciones.
 El triunfo de Enrique Peña Nieto en la elección presidencial del año pasado selló su destino, y su oposición a la Reforma Educativa la gota que derramó el vaso. Su declaración de guerra al Secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet Chemor, también fue una declaración de guerra contra el Presidente de la República. Su aprehensión por disponer de los fondos sindicales para su provecho personal es un mensaje para aquellos que han hecho lo mismo para combatir al Estado Mexicano. Los líderes seccionales aglutinados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación acostumbrados a realizar paros, marchas y plantones en detrimento de los profesionistas del mañana, tendrán que responder por su traición a la institución que les encomendó la honrosa tarea de educar a nuestros hijos. No más traiciones a México, no más traiciones a los mexicanos y a nuestros hijos.