
A fuerza de decir verdades a medias se llegan a aceptar mentiras como realidades, pero cuando se hace un alto en el camino y se analiza la información, entonces se cae en la cuenta de que los señores políticos siempre reflejan la realidad de acuerdo con el lado del mostrador en que se encuentren.
Así, mientras para unos el país es un auténtico desastre económico, otros dicen que no y presentan sus números en tanto los otros muestran las pruebas de su dicho.
Se habla de una pobreza que a veces no está cercana a nosotros y que podemos cuestionar o de un desempleo que a estas alturas ya no se puede valorar en virtud de los cambios en las relaciones obrero-patronales y a las actuales formas de contratación individual y colectiva.
Por ejemplo, unos dicen que el país está en una crisis como nunca, a lo cual habría que contestar que no obstante todo lo que se diga, no hay devaluaciones, se mantiene una estabilidad cambiaria que ya data de más de 10 años, la inflación se contiene en un dígito, ya no hay macrodevaluaciones ni se incrementan las tasas de interés más allá del cinco por ciento.
A eso los economistas le llaman estabilidad, que no implica necesariamente crecimiento, pero que, sin embargo, representa la base para que una economía pueda despegar.
Pero además cuando se comparan números con potencias económicas como Estados Unidos y las europeas, se encuentran realidades que nadie explica, como el hecho de que en México los niveles de pobreza se han incrementado con la destrucción de las clases medias. Empero, quienes lo dicen no enseñan gráficamente dónde están esos pobres porque finalmente han ido desapareciendo los cinturones de miseria que existían en torno a las ciudades. Entonces, ¿dónde están esos miserables?
El error de diciembre de 1994 le costó al país, a los mexicanos, más de 30 mil millones de dólares, la pérdida para muchos de todas sus posesiones, incluyendo hogares, patrimonios y hasta la vida. Derivó en Foboproba y la mayor carga de la deuda pública interna que hoy en día se tiene.
Como se apuntó, también creció la deuda pública externa porque en un manejo económico de Ernesto Zedillo, se financió una ola de crecimiento mediante déficit que elevó el débito a más de 130 mil millones de dólares.
A Grecia se le acaba de aprobar un crédito por 130 mil millones de Euros para salir de su crisis, sin que ello signifique que se los regalan. Tendrán que pagarlos los griegos a fuerza de una disciplina fiscal draconiana.
Hoy, la deuda pública interna que no es sólo del gobierno federal se eleva a cerca de cuatro billones de pesos y la externa 65 mil millones de dólares. Es decir que hoy se debe la mitad que con Zedillo y se cuenta con reservas que nadie imaginó, 140 mil millones de dólares.
Los niveles de crecimiento de aquél entonces después de la gran caída fueron el 6.5 por ciento, el de hoy 3.8 por ciento, como se ve, sí hay diferencial, lo importante es analizar los números y las condiciones, lo que representan, y si en verdad el discurso del vaso medio vacío de unos es cierto o es al contrario.
Claro, podríamos estar mejor, pero ¿de quién es culpa que eso no suceda, sólo de un grupo, cuando todos son gobierno?
Hay que pensarla, por algo en Europa los índices de desempleo alcanzan 19 por ciento, en México el 4.5; el déficit presupuestal de Estados Unidos llega al 40 por ciento; en nuestro país apenas el 0.5 por ciento.
Son datos que a veces no se analizan con calma y que los políticos interpretan según su conveniencia; verdades a medias o mentiras con fines electorales, sin duda alguna. Por eso, hay que leer.





