Entre Tinta (Carlos Ramos)
PEMEX: realidades mexicanísimas y apartidistas.
- Detalles
- Categoría: Entre Tinta
-
20 Mar 2013
- Escrito por Carlos Ramos de la Vega
- Visitas: 140

Es momento de que los mexicanos dejemos de discutir y que nos pongamos de acuerdo.
Cada año, el 18 de marzo se convierte en moda nuevamente el hablara acerca de Petróleos Mexicanos y de la reforma energética en donde es incluida esta paraestatal, y desde el punto de vista social siempre terminamos llegando a lo mismo. Por una parte, nos encontramos con ciertas personalidades que no hay ocasión en la que dejen de dar su opinión, independientemente de si ésta está plenamente justificada o no, y por otra parte tenemos a personas que han cambiado, y que han sido cambiadas, a lo largo de los últimos años y que parece ser que ya se aprendieron su justificación de memoria. Es así como la dinámica se repite una y otra vez: “los de cuello blanco que saquean a los mexicanos” contra “no es privatización, es modernización”. Pero la división ideológica va más allá; en realidad estamos hablando de las personas que de todo opinan siempre contra los que a través de los años no han podido establecer un diálogo compartido entre una situación político-económica y un sentimiento social. En otras palabras, los políticos que han intentado impulsar esta reforma energética y que han intentado defender por todos los medios posibles su postura respecto a Pemex, no han logrado explicarnos de manera fácil y coherente cuál sería el verdadero proceso de modernización del que realmente están hablando para la petrolera. Sin una buena explicación, es muy probable que los mexicanos sigan tendiendo a escuchar al primero que les proporcione respuestas, aunque éstas puedan no ser las correctas, deteriorando cada vez más la imagen de un gobierno que apenas intenta establecerse como una institución creíble.
Por diversas, contrastantes y múltiples que puedan ser las posturas acerca de este tema, la realidad económica solo es una, y trae consigo hechos bastante interesantes:
1.- Para el 2020 México se considerará como un país que sufre de un déficit en el sector energético. Esto no solamente impedirá el crecimiento sostenido que tanto se busca, sino que pondrá en peligro la competitividad que el país a logrado desarrollara nivel mundial en los últimos diez años.
2.- Para el 2023 México se transformará en uno de los principales importadores de petróleo de Estados Unidos. Si no se logran modificaciones sustanciales, el país pasará de ser considerado un importante exportador de crudo a un agente con preponderancia al consumo de este insumo en lugar de a su producción a nivel mundial. Lo preocupante de este aspecto es que México sería transformado ante los ojos del mundo no por sufrir algún tipo de escasez del recurso natural, sino simplemente por no concretar acciones positivistas que permitieran la substracción de dicho recurso del subsuelo.
3.- Para el 2018 una de las propuestas del actual gobierno es lograr un crecimiento estable aproximado del 5% anualmente. Una vez más, la reforma energética en este punto es crucial. Sin la tan necesitada modernización tecnológica en la industria, la rentabilidad de los procesos por los cuales se obtiene la materia prima continuará disminuyendo paulatinamente, pero de manera constante, como lo ha hecho en los últimos años. Este mismo punto desacredita el supuesto que se ha puesto sobre la mesa en estos días acerca del “plan perfecto” del gobierno federal de combinar la reforma fiscal con la energética para que la alza en impuestos cubra las utilidades que “se les serán entregadas a los grandes mafiosos del país”. Como nota al margen, para que esta estrategia funcionara, jamás se podría considerar como suficiente el aumentar el IVA en alimentos y medicinas de un 16 a un 19%. Se necesitaría un aumento tributario mucho mayor si se le quisiera igualar a la recaudación gubernamental de la venta de petróleo.
4.- Aproximadamente una tercera parte de los ingresos nacionales se ven relfejados en la producción petrolera. Las otras dos terceras partes, desafortunadamente, se sostienen con base en el narcotráfico y en las remesas de los mexicanos que mantienen a sus familias desde el extranjero. Ahora pongámonos a pensar: Desde el 2006 se manitene un conflicto armado diario con las fuerzas del narcotráfico, por lo que si el objetivo se cumple, el monto generado de la venta de narcóticos disminuirá significativamente. Igualmente, las dificultades que Estados Unidos está teniendo al plantear en sus propias Cámaras una reforma migratoria incluyente pone en peligro los ingresos que el país recibe desde el exterior. Entonces… si decidimos terminar con el narcotráfico (algo indispensable), si está inseguro la estabilidad de las remesas mexicanas, y si decidimos no ponernos de acuerdo en el impulso de una reforma que haga a Petróleos Mexicanos una empresa más productiva… ¿Con qué nos vamos a sostener después?
Sólo son algunos puntos en los que pensar, pero hay que pensarlos en serio. Son realidades que nada tienen que ver con tratar de ganar el foco de la atención social, o de obtener una ganancia por una “privatización” falta de argumentos y pruebas.
Mejor ya pongámonos de acuerdo, porque números son números, y según éstos, ya vamos para abajo.






