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Entre Tinta (Carlos Ramos)

ENTRE TINTA

Lentamente, como si así pudiera pasar inadvertido, Estados Unidos está cayendo. El magno país que dominó como primera potencia del mundo la segunda mitad del siglo pasado, actualmente no está pudiendo mantener el paso frente a un gigante asiático que combinando determinación con una excesiva mando de obra ha podido sobresalir independientemente de sus avasalladores niveles de pobreza y de calidad de vida. Hoy por hoy, la economía nos empieza a presentar a una nación americana cansada, que ya ha agotado todos sus recursos disponibles para permanecer en la cima. En un mundo productivo solo sobrevive el que innova, y parece ser que el Tío Sam esta comenzando su jubilación. Claro, esto sin contar el poner en acción su última carta bajo la manga como recurso terminal.

Teniendo al Gigante Rojo como un territorio con el que simplemente ha decidido que no puede competir en materias de importación, exportación, y déficit,  los sectores económico y financiero estadounidenses han creado una estrategia que más que actuar sobre activos materiales, se dedican a utilizar el desprestigio de instituciones interbancarias para reafirmar su presencia a nivel mundial. Objetivamente, sería extremadamente difícil encontrar una firma trasnacional a la cual no se le pudieran ventilar uno que otro caso turbio, pero con solo leer las primeras planas de las secciones monetarias de los meses anteriores se puede llegar a encontrar el patrón en estos ataques: todos han tenido como blanco a bancos de origen ingles. Como casos principales y más sonados en este lado del hemisferio, el de HSBC y Barclays.

El primero sacado a la luz por lavado de dinero urgiendo a los directivos de la institución a tomar medidas drásticas. Esto no solamente con los operadores que habían permitido semejante acción, sino también con la revisión de las políticas regulatorias que de manera interna intentan evitar estos casos y que se demostró que no sirvieron para nada. El segundo caso, Barclays, una firma que ha crecido y sobrevivido embates desde hace más de tres siglos, es acusada de promover la inexactitud de uno de los índices globales de mayor importancia conocido como LIBOR ( Tasa Londinense Interbancaria Ofrecida), cifra que representa la “salud” y la posición de los bancos al establecer una tasa a la cual estarían dispuestos a pedir un préstamo de varios activos a otras instituciones.  Dando un número falso, se reconoce a este banco como el causante de incitar a los demás bancos a no señalar tasas tan elevadas, finalmente enmascarando el riesgo real al que pudieran verse expuestos en un determinado momento.

Indudablemente ambos casos son reprensibles; lo interesante es que la llamada de atención haya salido en las dos ocasiones por parte de Estados Unidos. Se rumora, y es únicamente un rumor, que lo ha hecho con el fin de quitarles la credibilidad a las sedes interbancarias establecidas en el Reino Unido, actualmente las más fuerte del hemisferio occidental, para que poco a poco migrasen a Estados Unidos. Así este recuperaría su poderío en uno de los sectores más importantes; uno que administra más de tres trillones de dólares diarios. En este caso aunque el país gobernado por el Presidente Obama pareciera cansado y pronto a la jubilación de la competencia de los primeros lugares, esta última carta nos enseña que a veces, y solo a veces, si se tiene la sabiduría y un se ha leído suficiente a Maquiavelo, puede obviarse todo lo demás.
Entre tanto, nos encontramos entre tinta.


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