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La diferencia

  • Escrito por Roberto Cienfuegos J.

SINGLADURA 
Circulan en las “benditas redes sociales”, según un calificativo del presidente
López Obrador, todo tipo de informes, críticas, burlas, imágenes que ridiculizan y que mecen para uno y otro lado el examen, análisis y perspectivas sobre el gobierno de la Cuarta Transformación. En síntesis, unos a favor, otros en contra aun y cuando sólo el hecho de señalarlo de esta forma, parezca insulsa y excesivamente obvia.
Desconozco por supuesto las cifras y/o el número de personas en uno y otro bando. Tampoco conozco cuántas de estas personas, entre ellas muchas según se deja ver, que votaron hace casi un año por el presidente López Obrador, como consecuencia –creo- en buena parte del hartazgo del ejercicio gubernamental y político de los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN), que inauguraron en los hechos con el triunfo de Ernesto Ruffo Appel en Baja California en 1989 el bipartidismo mexicano. Esto bajo la incandescente “victoria” de Salinas de Gortari en 1988.
Es claro sin embargo que “muchos” –una cifra que desconozco, pero que en su momento nos revelará cualquier muestra demoscópica- se encuentran ya “decepcionados, desilusionados” de haber dado su voto al hoy presidente. Hay también muchos otros electores que se mantienen firmes, convencidos de la figura y acción presidencial. Lo defienden a capa y espada en persona y/o a través de las “benditas” redes sociales. Y ay de aquel que señale, critique o se atreva incluso a poner en duda el proyecto de la 4T porque así le va. Lo tunden con una fuerza tal que de no mediar espacio físico alguno podría llegar a la lapidación o la ejecución en un paredón, sin más.
“Hasta cuándo le caerá el veinte a la oposición de que ya cambió la lógica de administrar el Estado y el poder púbico”, leí un whatsapp de una destacada Doctora en Educación, firme defensora de López Obrador y su gestión gubernamental. ¡Cáspita! Ojalá, dije para mí.
Un buen escritor amigo mío reaccionó a un mensaje, ciertamente anónimo, de una “mexicana por nacimiento, pensante y con todos los derechos y obligaciones que la constitución” le otorga, en el que critica con vehemencia el tipo de gobierno que encabeza López Obrador, y al que hace responsable del deterioro cotidiano del país. No ahondaré en el contenido del mensaje, ciertamente crítico, del presidente López Obrador.
La reacción de mi amigo me sorprendió. Lo menos que dijo es que se trató de un anónimo. “Ese es el juego de las redes”, argumentó, al calificar todo el mensaje de “mentiras”. ¡Gulp!
Otra reacción concitó mi interés. En un tono agresivo, un ingeniero geólogo cuyo nombre me reservo, tildó simple y llanamente de corruptos a los emisores y transmisores de un mensaje critico de López Obrador. Fue más lejos la ira ingenieril al acusar a quienes critican a López Obrador de hacerlo porque seguramente recibieron o reciben sobornos o pagos del PRI o el PAN. ¡Caray! Pensé. El reduccionismo total siempre me ha asombrado. El si no estás conmigo estás contra mí. O incluso aquella posición que sostiene: “el amigo de mi amigo será siempre mi amigo”. Creo que no siempre es así y tampoco tiene por qué serlo. Después de todo, las relaciones entre personas o grupos son siempre singulares, únicas.
Apunto algo al cabo de este prolegómeno si se quiere: Hacer señalamientos, críticas, propuestas, sugerencias o lecturas diferentes a lo que podría denominarse “mainstream” nunca significa o significará disidencia o adhesiones automáticas, típicas éstas en las culturas de masas. ¡Por favor! Es sólo el derecho y aún la obligación de pensar, creer, sentir u opinar diferente. Hacerlo de manera idéntica, empobrece, uniforma y llena de tedio.
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@RobertoCienfue1