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La temida Profeco

entresemana

En el país, por si usted no lo sabe, laboran 300 verificadores de la Procuraduría Federal del Consumidor, de los cuales 90, ponderadamente, han sido amenazados lo mismo por comerciantes ladrones que emisarios del crimen organizado que controlan el derecho de piso, o sencillamente venden protección a diversos giros comerciales en el interior del país.


No es, como pudiera imaginarse, un empleo cómodo y menos que quien lo ejerce pueda ganar un concurso de popularidad; además, los verificadores de la Profeco no tienen salarios de gerente. En la Profeco se tiene la certidumbre de que éstos empleados federales están vacunados contra la corrupción. Es posible, no se sabe, por lo menos en fechas recientes, de un verificador que haya sido sorprendido in fraganti, es decir, extorsionando comerciantes o prestadores de servicios.
Un verificador de la Profeco, cuya edad oscila entre los 25 y 40 años, tiene salario ponderado en alrededor de los 20 mil pesos mensuales. Es posible que tengan bonos, pero no tienen protección policiaca que respalde su tarea. Y es que a nadie le gusta que inspeccionen su negocio y menos que le apliquen una multa o lo convoquen a responder por denuncia de un consumidor y, por tanto, los verificadores no son bien vistos. Menos ahora.
Mire usted, al amanecer de la actual administración federal, todo indicaba que en la Profeco las cosas cambiarían. El debutante procurador Federal del Consumidor, Humberto Benítez Treviño, llegaba antecedido de buena fama en el sector público, lo mismo como legislador que secretario de Gobierno que fue en el Estado de México y procurador general de Justicia de aquella entidad, procurador General de la República y del Distrito Federal, en su momento.
Con recorridos e inspecciones para sancionar por mal servicio o violaciones a la Ley Federal de Protección al Consumidor, lo mismo en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México que en la Central de Abastos o en La Merced, Benítez Treviño arrancó con el pie derecho, incluso superaba críticas en su contra por actuar como policía o en excesos de protagonismo.
Pero algo le ocurrió, el mal del tabique lo mareó y el amor de padre lo perdió. La historia es harto conocida.
Por supuesto, Benítez Treviño no era el primer procurador Federal del Consumidor con perfil de policía, ya en su momento el influyente y temido sub procurador General de la República, Javier Coello Trejo, había sido inquilino de esa oficina sita en la colonia Condesa del Distrito Federal. Se esperaba un cambio toral en la Profeco. Y todo indica que finalmente llega con el sucesor del doctor Benítez Treviño, es decir, Alfredo Castillo Cervantes, que igual tiene perfil de policía.
Y, mire usted, para operar como  debe ser ésta Profeco, se requiere de ese perfil porque, como le contaba, los verificadores –no les dicen inspectores—son apenas un puñado que se reparte en todo el país; incluso hay localidades con apenas dos de ello. Y, en entidades como Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Estado de México, Chiapas y Tamaulipas, se enfrentan a amenazas de muerte y por miedo abandonan zonas comerciales donde se esquilma al consumidor, por miedo.
Así que, aquellos que critican esta nueva forma de operar de la Profeco, quizá sean de aquel sector privilegiado al que no le roban en la gasolinera ni le cobran en dólares lo que se ofrece en pesos. Porque el grueso de los consumidores, indudablemente estarán de acuerdo en que ya era hora de que alguien pusiera orden y clausurará negocios que se sentían intocables. Conste.
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