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¿Engañan al procurador del DF?

entresemana

Los procuradores generales de justicia no se distinguen precisamente por procurar justicia pronta y expedita. Dirán sus amanuenses que los fiscales no son magos ni héroes de película para resolver conflictos judiciales, aunque para eso se les paga –y bastante bien--, amén de que se presume que son abogados expertos en estos menesteres.


Ejemplos de quienes se han sido designados para el cargo, incluso aprobados por los legisladores como marca el procedimiento de ley, en busca de recuperar credibilidad en lo que pomposamente suele llamarse “el abogado de la capital del país”, por ejemplo, o el “abogado de la nación”, en el otro extremo de las grandes ligas, han caído en el papel del cobrador de facturas políticas o de plano en el demagogo cómplice de delitos cometidos desde el poder político.
Y es que, indudablemente, el cargo de procurador sirve para impulsar una carrera política, o de plano convertirse en el patíbulo de una trayectoria que se quedó en veremos, aunque en ello tiene mucho que ver la capacidad política del susodicho, como fue el caso de Fernando Antonio Lozano Gracia, un abogado con futuro que fue esporádico diputado federal panista, en la LVI Legislatura, de donde ascendió a procurador General de la República, a instancias negociadoras del entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, con el alto mando del PAN, casualmente comandado por Diego Fernández de Cevallos.
MARGOLIS, IMPUNE. Este es el caso del empresario Enrique Bujons Rivero, quien tuvo la desgracia de hacer negocios con Eduardo Margolis Sobol, quien se asume jefe de los servicios de protección de la comunidad judía mexicana y con una interesante red de intereses en instancias de la Procuraduría General de Justicia y de la Secretaría de Seguridad Pública, ambas del Distrito Federal.
Todo indica que esas relaciones le han servido como un manto protector para mantenerse intocable y no ser requerido por el MP para responder por una demanda interpuesta en su contra desde principios de este año, por amenazas, ante la Agencia Investigadora del MP en la Fiscalía Desconcentrada en la Delegación Benito Juárez.
De la demanda interpuesta por Bujons Rivero se abrió la Averiguación Previa Número /FJB/BJ-3/T2/273/13-02. Pero, por causas no precisadas por el MP, el empresario Eduardo Margolis Sobol no ha sido requerido para responder a la demanda, o simplemente no ha querido comparecer.
El problema es que, así como amenazó a Bujons, en febrero de 2012, incluso enviándole un testaferro para que se lo puntualizará indicándole: “no te metas en las cosas del señor Eduardo (Margolis)”. El tema tiene varias aristas, pero en este momento lo que importa a Bujons, es que se le haga justicia, además de que teme por su vida y la integridad de su familia.
¿Será mucho pedir al procurador Rodolfo Ríos Garza que instruya atender casos como el referido? Sobre todo porque se trata de un personaje, Margolis Sobol, que presume de impunidad por su presunta cercanía con el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera. Y se le puede creer, toda vez que la Averiguación Previa abierta en su contra, está congelada. ¿O será que los subalternos engañan al procurador Ríos Garza? Digo.
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