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De puros y puristas

entresemana

La declaración del senador Miguel Barbosa Huerta respecto de que la elección de consejeros electorales del nuevo INE y comisionados del IFAI no debe obedecer al reparto de cuotas partidistas, se imagina un mea culpa de quienes más que discutir perfiles, discuten filias y fobias para determinar qué consejero y qué comisionado es más afín al partido y sus intereses.

¿Tendrá cargo de conciencia el senador Barbosa? ¿Participó en el reparto de cuotas cuando se creó el IFAI?

Porque el senador poblano formó parte de aquella LVIII Legislatura federal en la Cámara de Diputados que impulsó la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública gubernamental y entró en vigor el 12 de junio de 2003; paralelamente se creó el hoy Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales.

A toro pasado, todo se vale, como un desplante de cinismo político, encubierto en un purista llamado a la honestidad y la transparencia, amén de la urgencia de despartidizar un procedimiento que necesariamente pasa por la negociación política y partidista. ¿Cuál es el juego?

Vale preguntar al senador Barbosa a qué partido o líder partidista obedecen los comisionados Gerardo Laveaga Rendón, Ángel José Trinidad Zaldívar, Sigrid Arzt Colunga y María Elena Pérez-Jaén Zermeño.

O los consejeros electorales que quedan encargados del changarro en el IFE y dispuestos a sacrificarse en el Instituto Nacional de Elecciones. María Marván Laborde, Benito Nacif Hernández, Marco Antonio Baños Martínez y Lorenzo Córdova Vianello, ¿son priistas, panistas o perredistas?

Desde su creación, el Instituto Federal Electoral no contó en la integración de su Consejo General con un cuerpo colegiado apartidista, sin filiaciones o tendencias de color o ideología con siglas.

Cuando en 1990 comenzó a despojarse del control oficial, la presidencia del Consejo General del IFE recayó en el entonces secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, y quienes le sucedieron en el cargo: Patrocinio González Garrido, Jorge Carpizo MacGregor, Esteban Moctezuma y Emilio Chuayffet Chemor en 1995.

En 1996 asciende a la presidencia del Consejo General José Woldenberg, cuya gestión concluye en 2003 y arbitra el proceso de transición en la Presidencia de la República, con un Presidente emanado del PAN. Se acabó la hegemonía priista y supuestamente los árbitros de la elección, fueron consejeros ciudadanos de presunto apartidismo.

Pero fue engañar con la verdad, porque ahí están los casos de Santiago Creel Miranda y de Miguel Ángel Granados Chapa; el primero hasta fue precandidato del PAN a la Presidencia y, el segundo, abanderado por el PRD buscó la gubernatura del estado de Hidalgo y perdió en 1999 frente al priista Manuel Ángel Núñez Soto.

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