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EL CAMPO MEXICANO Y LAS SUBVENCIONES

columna estado de mexico

Nuestra cultura ancestral tiene raíces que merecen análisis y reflexiones sin esquemas tradicionales. Uno de ellos es la simbiosis “hombre-tierra”. La tierra o el campo mexicano es tan trascendental para nuestro país, que arrojó la primera Revolución de carácter social del siglo pasado en el mundo, de ella emanó el andamiaje institucional de nuestra nación. Tan importante es que la atención por parte de la actual administración federal que la ha tomado y revalorado como un eje primordial para el desarrollo sustentable y la seguridad alimentaria. Abordaré en dos entregas: la importancia de la propiedad social para el país y en otra la importancia de las subvenciones para mover al campo y hacer de él un polo de desarrollo nacional.

Provenimos de la cultura del maíz. Esa connotación nos identifica entre los mexicanos, precisamente por la relación del hombre con la tierra, de las culturas prehispánicas con el campo, del binomio madre naturaleza con el hombre mismo y del cuidado del medio ambiente que tenían los pobladores con quien le daba de comer. En ese contexto podemos entender la importancia del campo mexicano y de su vínculo histórico con las diferentes sociedades nacionales. En un hecho importante para nuestro país, el campo y su relación con el pueblo, arrojó la primera Revolución Social en donde el eje primordial era el reparto justo para quienes la poseían y trabajaban. Para los especialistas, uno de los resultados de la Revolución Mexicana, se plasmó precisamente en el reparto legal, de dar certidumbre legal a la propiedad social. Es así como en la Ley Agraria del 6 de enero de 1915, donde se priorizó restituir a quienes eran sus poseedores.

Posteriormente en nuestra Carta Magna de 1917 buscó ordenar la dotación de tierras, el funcionamiento de los núcleos agrarios, con garantías sociales y marcar la posesión del Estado sobre tierras y aguas nacionales. Todo ello plasmado en el artículo 27 constitucional.

El dato relevante según cifras oficiales es que de la propiedad social el casi 80% es minifundio, es decir la tierra esta pulverizada (pequeñas parcelas de menos de cinco hectáreas). Dicho fenómeno atrae reflexiones que van desde discusiones de modificar los términos constitucionales de la propiedad hasta esquemas tradicionales que no han tenido un impacto positivo. En ese sentido no es necesario el cambio constitucional de la propiedad, ni ver el campo como lo han hecho las políticas públicas asistencialistas de los últimos dos sexenios. Es cierto que se requiere una transformación y modificación, pero con base a los criterios definidos en el Plan Nacional de Desarrollo 2012-2018. Así debemos entender lo anunciado por el Presidente Enrique Peña Nieto la pasada semana, el financiamiento destinado al campo por 44 mil millones de pesos, en donde, sin duda es un esfuerzo por arribar a un campo con desarrollo sustentable. Debemos tomar medias como estas que eviten la ruptura de la convivencia social y familiar, pues la migración campo-ciudad y campo hacia el vecino del país del norte pulveriza a las familias, así lo hemos padecido en el país y en particular nuestro querido Estado de México, por ello, celebremos estas medidas que son esquemas definidos que mueven al campo y a México.

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@jaramillorangel