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TORTURA, COMO LOS VIEJOS TIEMPOS...

  • Escrito por Sócrates A. Campos Lemus

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 EN el secuestro y golpiza que le dieron a Marco Antonio Sánchez Flores, durante cinco días, no se podría negar la participación de las policías o de ese grupo de policías que están perfectamente coordinados para brindarse protección entre ellos y así poder evitar las investigaciones reales y sobre todo evitar las denuncias de sus fechorías, y es bien sabido, desde hace años, que cuando una detención provoca escándalo o se complica

en el Estado de México, los restos o el detenido aparece en las calle de la capital en medio de una crisis o bien drogado, obligado por los “agentes de la ley” ,y que cualquier declaración no sea creíble porque está en estado inconveniente, lo mismo sucede cuando la detención es de escándalo en la capital, y se traslada y oculta en el Estado de México, para provocar más terror o ser objeto de violencia o de intoxicación por parte de ese grupo de encubridores, y esto es lo que le ha sido provocado a Marco Antonio, un joven bien comportado, deportista y buen hijo que ha generado la indignación de la sociedad y de los grupos sociales y de las mismas autoridades universitarias y de derechos humano, alcanzando el escándalo, niveles internacionales.

         No son pocos los ciudadanos que hemos sufrido las presiones o las torturas de los agentes de la ley y sabemos que los traumas son terribles y que si no se encuentra uno preparado para ello, es de consecuencias terribles y lo peor es cuando uno pisa los famosos centros de reclusión siquiátricos. Mi experiencia en Lecumberri, me mostró esa terrible cara de las presiones para silenciarlo o para presionarlo y que uno se doblegara y no protestara ante los tratos degradantes de las autoridades, y así, cuando entramos dizque para las evaluaciones, vimos casos brutales y drogadicción acelerada y protegida por las mismas autoridades de tal suerte que, el encargado de los medicamentos de ese tipo, era nada menos que “el asesino conocido como, Goyo Cárdenas”, y era el que comercializaba hacia el interior los chochos y otras drogas usadas por los reclusos para repartirse las utilidades con los funcionarios de la cárcel, incluso en uno de los libros que escribí en esa época: “La cárcel y yo”, cuento la historia de Matucita quién era un “loquito” que en sus ratos de lucidez escribía historias y las vendía a los que pasaban por esa zona, y tuve la oportunidad de platicar en algunas ocasiones con él y supe que lo brutal del tema es que ni siquiera sabía las razones por las que se encontraba en la Cárcel, y ni sabía nada más que las torturas para que se declarara culpable recibidas por los policías, y esta práctica sigue siendo común en muchos grupos de policías, de militares y de delincuentes que llegan incluso a aterrorizar a las familias para que callen y guarden silencio ante esas brutalidades….

         Los que hemos pasado algún tiempo en reclusión, sabemos las amenazas que recibían nuestras familias que llegaban a visitarnos y las consecuencias de las amenazas para obligarnos a no protestar ante la violencia o los negocios que veíamos que se realizaban bajo la protección de las autoridades con los grupos de los “jefes de crujía” que eran los famosos presos comisionados para controlar y explotar a los demás reclusos, con permiso para castigar o golpear e incluso ordenar la muerte de algunos casos en que tenía interés el grupo de control del tráfico de drogas, armas, cobros de protección o venta de bebidas o el manejo de la prostitución al interior de la cárcel. También, vimos llegar a detenidos en estado de confusión de tal suerte que no sabían a veces ni las razones pro las que estaban ahí y de cómo se les trasladaba a las crujías del interior y ahí, por razones que nadie explicaba más que por la depresión, decían, el detenido, misteriosamente se suicidaba con las cosas más increíbles, o de pronto entraba el jefe de vigilancia a una celda con un grupo de celadores de su confianza y el reo aparecía colgado de forma por demás misteriosa, y nadie podía hablar a menos que se arriesgara a que por medio de un “pagador” que es un preso que tiene ya acumulados muchos delitos, se le pague un dinero para que asesine a otro reo o se eche la culpa para evitar la investigación, bajo el pretexto de que “a confesión de parte, relevo de pruebas”…

         Curiosamente, en este asunto, a pesar de que le llevan a la detención a un lugar en el Estado de México, dizque porque se localizó por un puente y pensaron que se podía suicidar, lo detienen sin saber su nombre ni valorarlo ni regístralo en las instalaciones a pesar de tener visibles muestras de agresión física y de ser un menor de edad, y lo “dejan libre, después de las once de la noche”, ya nos podemos imaginar las presiones que ha sufrido este jovencito a manos de los brutales gentes de la capital y del ]Estado de México, y claro que nadie hará nada, porque la investigación estará en manos e la misma autoridad que le ha generado este estado de confusión y malestar. El chico, al llegar sus padres, los abraza y llora, pero lo llevan a la “evaluación, al hospital siquiátrico,” como si esto en vez de alterarlo más lo fuera a calmar… como en los tiempos de Hitler o en los tiempos de la represión en la guerra sucia o en los tiempos del 68 y del 71, donde los responsables eran los jóvenes, no las autoridades, y para ello tienen el garrote, la cárcel, la tortura, el destierro o el entierro. Si no es por la movilización de los jóvenes, el reclamo del mismo Rector, la protesta de los grupos sociales y de las organizaciones de derechos humanos a nivel nacional e internacional, lo más seguro es que ya, con tales “desorientaciones”, producto de las agresiones, o de las drogas que le hicieron ingerir o de la presión el chico, hubiera aparecido “suicidado” como hablaron, cuando dijeron que lo encontraron y detuvieron arriba de un puente porque pensaban que se podría suicidar… la obligación de las autoridades es de aclarar seriamente este asunto y no brindar protección a los responsables, y eliminar las relaciones de complicidades y corruptelas que existen entre las policías de la capital y las del Estado de México, porque todos sabemos cómo se las gastan, y estamos convencidos de que el Secretario, Hiram Almeida, será honesto en la investigación, por el bien de todos…