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Lecumberri, 1968 y la marihuana........ viernes 17 agosto 2018

  • Escrito por Sócrates A. Campos Lemus
Que Conste
         HACE YA MUCHOS AÑOS, CINCUENTA, recluidos en Lecumberri por los sucesos de 1968, “El Palacio Negro”, nos dimos cuenta de la importancia de la
marihuana en el consumo de los presos comunes y de algunos “intelectuales” que la consumían para la inspiración o para relajarse, la neta nos comentaban los presos comunes es que cuando fumaban se olvidaban de todo y sus efectos reales o no, les permitía sostener el paso del tiempo sin el famoso “carcelazo” que en la realidad era una gran depresión y angustia que les consumía, así vimos a algunos que eran pudientes porque adquirirla era costoso, tener los famosos papeles de estraza, esos con los que en las tiendas envolvían los productos comestibles y del ancho del mismo se hacían su “churro” el cual prendían por los dos extremos, y en medio, le hacían un espacio para poder fumarlo, así se les veía como se les ponían los ojos inyectados y como su voz cambiaba y se hacían mucho más lentos, imploraban que les pegara chido, que les llegara al pulmón, que les llevara a otros niveles donde ellos podían generar sus propios pensamientos y arroparse entre ellos para perder el tiempo y tener otra forma de pasar por la triste realidad que tenían, así pues, nos interesaba mucho el ver las reacciones y el tipo de actos que se venían haciendo hasta el consumo de algún dulce o caramelo para cortar el efecto de la droga y quedaban tirados en las celdas hablando de incoherencias y de pendejadas: Pues estuvo chido el viaje mi ñis y ahí, repetitivos, se pasaban las horas y los días y los años, esperando que alguien se acordara de ellos y reactivaran sus procesos o les llevaran alguna lana para continuar en ese eterno esperar que no llegaba y de ese eterno decir que eran inocentes y que todo era parte de alguna extraña venganza y nos decían “los estudiantitos” y cuando nos veían caminar por las crujías nos hacía la señas con los dedos de las V de la Victoria, y un buen día, mi compadre Marcos se acercaba a la reja de los lacras y les preguntó su sabían que significaban esas dos V y, de bote pronto, le contestaron: Pues claro ñis, bien fácil: Valió Vergantín…
         Y de nuevo en las noches se escuchaba el grito de los vigilantes, de los monos: Alertaaa uno, Alertaa dos… y así cada vigilante en las alturas daba el grito de alerta como si alguien tuviera la posibilidad de escapar de aquella prisión, si no estaba construida como las de ahora, sino con las técnicas y los materiales del porfiriato y siguiendo los planos de los ingenieros franceses… eso sí, se veía ir y venir al general Humberto Mariles de un lado al otro sin escoltas y caminando como Pedro por su casa, portando únicamente el pantalón azul y no la chamarra obligatoria  con esa gorra de preso, bien preso y bien jodido, ´por esa razón, usamos de pretexto eso para evitar portar la chamarra y la gorra y logramos el primer triunfo dentro de la prisión, romper el esquema de bien preso, y el de mantener nuestro estatus de presos políticos no de presos comunes como si es en Lecumberri, nos permitiera mantener una esperanza de que un buen día saldríamos de entre esas rejas y bardas altas y lágrimas y llantos y sangre y mugre, por eso, tal vez, algunos “intelectuales” se refugiaban también en el churro o en la bebida que hábilmente introducían inyectando los cascarones de huevos o cuando alguno de los presos conseguía pastas y chochos y papas y cáscaras de plátano y garrafones de veinte litros para hacer bebidas fermentadas que sabían a mierda, pero que cuando menos empedaban y ponían bien “hapyy” a los consumidores… o escuchábamos los gritos de los que tenían falta de tecata o de heroína y no aguantaban los dolores de cuerpo ni podían sostener el síndrome de la falta de drogas o los llantos de aquellos que eran golpeados o violados para someterles y que pagaran por la protección de los presos comunes controlados por los Yotes, los jefes de crujía, que era los encargados de recolectar los dineros del tráfico de drogas, de la venta de productos, de la protección, de las bebidas, del alquiler de los cuartuchos para las visitan íntimas y las llevaban a donde el Director que repartía al Jefe de celadores y al subdirector y a los principales comandantes de los vigilantes…. y todo era el horror y el terror, la angustia, el miedo a no saber qué pasaría durante la noche ni tampoco en el día y cómo se hacían los grupitos de presos para contar una y otra vez sus casos y sus mentiras o sus angustias o sus fracasos o sus tristezas y de cómo cada uno se convertía en un mentiroso o en un manipulador para conseguir recursos para comprar la mota o la tecata o pagar la cuota para que no los chingaran y sometieran a los peores castigos o los llevaran a Apando … como el que describió José Revueltas en su famosa obra… llena de gestos y de gritos y de horrores y de miedos y encabronamiento y suciedades y desvelos y martirios… Y por esa razón, lo mejor para algunos era estar en el pedo permanente o drogado para evadir la realidad y, otros, esperando, esperando los tiempos y rogando para salir y ver nuevamente el Sol y la Luna y la sonrisa de los seres queridos y de ver correr a los hijos en la libertad por la que luchamos, nos traicionaron y nos sometieron y robaron… Sí muchas cosas se pueden escribir de esas largas horas que se van estirando desde la madrugada al insomnio y la tristeza y el miedo y el terror y el enojo y la arrogancia y el de tener que aguantar a los yotes, a los monos, a los licenciados, a los tribunales a los farsantes que venía y traían chismes y falsas esperanzas o seguían con sus cuentos y venganzas y mentiras y recuentos de chingadera y media, así era un poco la vida de Lecumberri, tragando el Rancho lleno de grasa y de olores feos y sabores peores y de esos frijoles acedos y esos bolillos duros y esos huesos de los cuales otros aprovechaban para hacer figuritas y tallaban cositas y vestían pulgas y domesticaban almas…. y así, ahora, entiendo por qué la verdadera cárcel está en la calle, y de cómo las cerveceras como La Corona entra al inmenso negocio de la marihuana, porque es un enorme negocio y para eso tienen millones de presos del alma para que consuman y sostengan el negocio de los pillos y hampones que están en las alturas y en el gobierno, la verdadera delincuencia organizada…Y así me pregunto:¿Podrá AMLO romper los miedos y dar libertad y gusto por la vida a los mexicanos para que dejen de depender de la mota, los milagros, la lotería y la siembra de temporal?, pues esperemos, es parte de la esperanza…