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Síndrome de Estocolmo

  • Escrito por Jacobo Bonilla Cedillo

CdmxIdeal

En nuestra ciudad hay alrededor de 22 mil 900 microbuses y unos 150 mil taxis. A los dos sistemas de movilidad hay que agregar las rutas de microbuses, combis, camionetas y taxis piratas, además la Ciudad de México cuenta con sistemas de movilidad privados, espontáneos y organizadas, a saber: bicitaxis, mototaxis o carritos de golf, mismos que circulan donde la autoridad no llega, me refiero a la periferia metropolitana.

Estas cifras sólo consideran a las “unidades”; es decir, los vehículos, pero por cada unidad hay que considerar dos choferes, talleres mecánicos, tiendas de accesorios, gestores, dueños de concesiones, dueños de las unidades; en fin, es un gran gremio, que a los 9 millones de habitantes de la ciudad nos movilizan. Toda esta descripción numérica, es para ubicar a los pacientes del síndrome de Estocolmo.

El síndrome de Estocolmo altera el razonamiento y, por lo tanto, las acciones, es un trastorno, temporal que surge en una persona que, al ser secuestrada o violentada, muestra signos o acciones para justificar al perpetrador, incluso hay momentos en los que la víctima sabotea acciones que podrían liberarla de tal situación.

La víctima puede aumentar el sentimiento de afecto hacia el secuestrador, lo entiende, lo justifica, puede afiliarse incluso a su causa, o partido político, puede pedir que no se ausente, puede ayudar al secuestrador. Posiblemente a estas alturas, el lector haya ya encontrado en su vida diaria algunos síntomas relacionados con dicho mal.

“¿Por qué tolero los insultos en mi trabajo, por qué no puedo dejar ese trabajo?”, “¡Pégame, pero no me dejes!”, sin embargo, no es nuestra intención escribir sobre la vida en general, pero sí de la relación, dañina para todos, del gobierno de la CDMX y el gremio del transporte público, taxí, microbús, bicitaxi, mototaxi y carrito de golf.

El síndrome de Estocolmo lo estudia clínicamente la psicología, pero los síntomas de una sociedad tendrían que estudiarlos la sociología. La sociedad que sufre la represión de un gobierno capitalino, que, a base de bloquear las mejores prácticas en la administración, secuestra al gremio de transportistas públicos, que año con año, mes por mes, semana por semana, pagan multas fantasmas, pagan cambios de cromáticas, pagan revista, pagan tarjetón, pagan, pagan, pagan y después, pagan.

El gremio de transportistas ha generado grupos o asociaciones, es uno de los que más acción política generan. Lo triste es que el paciente, la víctima, el gremio de transportistas, se tiene que organizar para defenderse de su perpetrador, el gobierno de la Ciudad de México. No es exageración colocar a la administración Mancera como el principal agresor al gremio, basta con abordar una unidad y conversar con los choferes, mecánicos, gestores para darse cuenta, que en efecto es el gobierno capitalino el enemigo con el que hay que conciliar, porque dan por sentado que no se puede vencer.

Bajo este cuadro clínico, social, político, la única oportunidad de cura que puede tener el paciente se presentará en las elecciones del 2018. A pesar de que estas líneas suenen alentadoras, más bien son palabras que tratan de dar luz al paciente. Si el panorama electoral para el próximo año sigue tal y como actualmente se pinta, tendríamos que los violentadores en la ciudad seguirán manteniendo el poder y el paciente sólo podrá buscar una posición cómoda para tratar de resistir los embates del gobierno, me refiero a Morena o PRD. Y aquí es donde se debe dictar la receta.

El gremio del transporte deberá buscar a los líderes que circunstancialmente se han formado con el Frente (PAN-PRD-Convergencia) para posicionar temas claros, como podrían ser:

El pago único anual, por la concesión de transporte público capitalino, que deberá concederles la tecnología para saber en tiempo real si se les ha generado una multa para en ese momento manifestar su inconformidad o la posibilidad del pago. Esta misma tecnología deberá darle al usuario y al chofer información y ubicación en tiempo real del servicio, con la intención de generar seguridad a ambos, su uso mejorará la oferta del servicio.

Evidentemente el medicamento puede ser similar o de patente, pero lo que hay que atacar son las cadenas con las que el gobierno de la ciudad somete a su víctima. Que dejen de ser botín político, que las reglas queden claras y transparentes para que nunca más las organizaciones deban protegerse del gobierno y que más bien sean para mejorar el servicio y las condiciones de vida del transportista y de su familia. No hay que esperar al 2018, la temperatura del paciente y de la política es tal, que desde ahorita se pueden tomar acciones para que el siguiente año sólo sea una vista de control al enfermo.

Pero si el gremio no hace nada y se dedica a levantar banderas de los partidos políticos, sin inyectar acciones antes de las elecciones.

¿Será que al gremio le gusta ser sometido?, ¿Será que ya le tomó cariño a su forma de vida?

¿Será que algo similar al síndrome Estocolmo está infectando a toda la sociedad?