Picotazo político 24 octubre, 2018

Picotazo Político
La ficha policiaca es escueta: “agresión directa”, Tres agresores llegan hasta el domicilio del cardenal Norberto Rivera, preguntan por él, uno de ellos dijo que debía
entregar un folder con un mensaje. El policía auxiliar le franqueo la entrada, los tres sujetos ingresan por la fuerza, el uniformado les cierra el paso los agresores lo matan, un segundo agente dispara y hiere a uno de los sujetos, al parecer es quien se encuentra hospitalizado en Naucalpan el tema ha generado mucho polvo, de entrada, la pregunta del que iban a hacer los agresores,¿ en verdad planeaban matar al cardenal? ¿un hombre que es vigilado por un aparato de seguridad amplio? ¿los agresores y los que los enviaron, de ser el caso, desconocían que la casa es un bunker? ¿en serio? Hace tres décadas fue el cardenal de Guadalajara Juan José Posadas Ocampo el que murió en medio.
 
Se dijo, de un ataque cruzado entre la gente del chapo y los Arellano Félix, versiones distintas señalaron que en realidad se trató de una ejecución en contra del poderoso consejero de la ex primera dama Cecilia Occelli y que habría de entregar información delicada al nuncio apostólico Girolamo Prigionne, hoy, con todos los matices nos colocamos frente a esa estampa, una muy rara, le digo, en donde tres personas, sin ningún motivo aparente y con el peor plan de mundo para atacar deciden querer entrar a la casa de un cardenal, como si este sólo fuese a ser protegido por las religiosas o hermanas que le acompañan ¿mensaje para don Norberto? todo hace pensar que sí, y aderezarle la traza polémica de su cardenalato y las manchas de abuso sexual por parte de sacerdotes y una laxa actitud de los prelados harían suponer que más de un agraviado estaría dispuesto a querer cobrársela, pero insisto, sólo es una hipótesis que ya es manejada por los cuerpos de investigación. Lo cierto es que la noticia no ha llegado realmente a las mesas de análisis, esta sólo ha sido tocado por encima, como si de un delito común se tratara, pasando por alto el tamaño del personaje en el cual gira la historia, los sospechosistas lanzan todo tipo de hipótesis, y curiosamente no se han dado mayores muestras de solidaridad hacia la figura del cardenal, quien sencillamente ha decidido no denunciar. Lo dicho: estamos ya en franca costumbre de hacer de lo extraordinario o escandaloso un tema de todos los días.