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Picotazo político 22 noviembre, 2018

  • Escrito por Miguel A. López Farías

Picotazo político

Mientras se decide a qué lugar del apando enviamos a los expresidentes y sus nada pobres socios, mientras se determina si a los
hondureños los someten a dieta de frijoles y huevo y acariciamos el articulo 33 para ver si así dejan de quemar banderas mexicanas en Tijuana, déjeme acercarme a la kafkiana realidad que los mexicanos construimos coloridamente día tras día.
La calle, la ciudad de México y sus arterias son el mejor laboratorio de la descomposición mental de muchos, no voy a ofender a nadie, solo haré un retrato de lo que se estampa a diario.
Manejar en la ciudad, (ojo, el ejemplo aplica para cualquier urbe mexicana) solo que aquí por razones entendibles se da con un impacto virulento, las calles son una selva, aquí se arrojan las peores emociones frente al volante, el ojo de este reportero ha registrado lo florido de nuestras reacciones. Y , discúlpeme, soy un defensor de las damas, siempre, pero una parte importante de ellas, frente al volante, muestran niveles de intolerancia brutal, incapaces de ceder ante otro auto que pide el paso, muchas de ellas, instaladas en la rebelión del género, como si echar lamina les diera un poco de revancha frente a los hombres, no, señoras y señoritas, ser cordiales no las hace menos, ni las disminuye ante la aplastante presencia de los machos, he tenido la oportunidad de escuchar los catálogos más repletos de insultos por parte de damas, que sin importar el modelo del auto que traigan, abren la boca para insultar con más dureza que el barbaján mejor graduado de las calles. ¡Y no me espanta! Preocupa que con esa boca besen a sus hijos o a sus esposos… ¿miento? …los taxistas, tan hechos a el desgaste del volante y lo soporífero de las marchas, han perdido la capacidad de ser cordiales, tanto tiempo en el auto les ha formado la idea de que ya son dueños de las avenidas y calles, impulsivos, arrebatados, afectado, son un enjambre que compite por el pasaje y que asfixian al resto, es la invasión de carriles, dos o tres rayas peatonales, no importa, la ola rosita se impone.
Microbuseros, en la punta de la pirámide de los abusivos, creadores de paradas inexistentes y capaces de convertirse en tanques de guerra, como si de camiones de valores se tratara, otros especímenes ,por cierto, que llegan a tener igual o más fuero que Elba Esther, en este caso, con los de cometra o tameme, uno imagina que detrás de esos vidrios polarizados va un grupo de orcos sedientos de sesos y sangre y huesos rotos …y no suelto a los micros, amparados en la subnormalidad de su música regetonera y en varios complejos que los hacen creer que entre más morras lleven al frente más confirman su condición de machos alfa de la base. ¿y qué tal con esa modalidad, creada faltaba más, en las calles y avenidas chilangas de rebasar por la derecha? ¿ha notado ud que ahora los carriles de alta son los de baja, y que la derecha es utilizada para avanzar más rápido? Solo que el detalle está en que no estamos acostumbrados a espejear por la derecha y que por instinto solo miramos a la izquierda, nuestro campo visual esta adiestrado para ello, y la cantidad de accidentes se da ahora por este terrible practica de hacer las cosas al revés. Y la lista de ejemplos nos llevaría varios programas, la intención es dejar estos ejemplos para concientizar y aceptar que como sociedad motora y peatona somos un caos, envueltos en la creencia de que primero debemos pasar nosotros, ser primero nosotros, y después el resto del prójimo…y perdóneme, en este carnaval participamos todos y aportamos con esta actitud una grosera condición de selva al espacio en donde vivimos y en donde nos movemos. Haga ud su lista. Por cierto, ¿así queremos gobiernos distintos, siendo nosotros como somos?