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El México de las diversidades

CONGRESO MEXICANO

El nuestro es un país grande, enorme, no me refiero solo a su extensión territorial, sino a la grandeza de su gente y los recursos que nos rodean. Ser hoy, el sexto lugar del mundo de los países más visitados así lo constata.

Mientras por un lado nos desgarramos las vestiduras con los temas de inseguridad y la permanente insistencia de Trump en amenazar con construir muros o salirse del TLC; por otro lado, convertimos en deporte nacional culpar de nuestro problemas a la clase política mexicana por todo, sin detenernos a pensar que hoy somos el sexto lugar del mundo más visitado, que es real que México es una de las grandes potencias en materia turística, tan solo en 2017 tuvimos un crecimiento del 68 por ciento en la visita de turistas y de 77 por ciento en ingresos respecto del último año, es decir, al visitante promedio en el mundo le seguimos gustando porque allá afuera nos reconocen como una nación pluricultural, rica en historia, en paisajes, en cultura, en escenarios naturales.

Justamente son los extranjeros quienes más nos valoran y nos dan una lección de lo que significa nuestra diversidad, nos gritan que somos más grandes que nuestros problemas. Nos enseñan que también hay un México que está echado para adelante, que existe un sector pujante y que aporta de manera seria y constante su parte a la economía nacional, que le da al visitante promedio una oferta rica de opciones, que somos buenos anfitriones, que el extranjero reconoce que no todo el país está infestado de inseguridad, que no todo es sinónimo de corrupción y debilidad institucional.

El sector turístico ha hecho su tarea con base en la enorme diversidad del país, debemos reconocerlo, pero debe ser acompañado de un trabajo de congruencia y ejemplo para otras áreas económicas, que refleje que ese México luminoso no se detiene.

La lección pasa entonces, por ser menos mezquinos con nosotros mismos, que aceptemos que no nos estamos cayendo a pedazos, que la gente aún viene de otras latitudes y nos deja su dinero al visitarnos, que ellos logran ver nuestra grandeza. Este sería un buen espejo en el que nos deberíamos reflejar, tal como lo señala Carlos Fuentes “¿no es el espejo un reflejo de la realidad como un proyecto de la imaginación? Debemos empezar a creérnosla.

Dr. Luis David Fernández Araya

*El Autor es Economista Doctorado en Finanzas, Profesor Investigador de Varias Instituciones Públicas, Privadas y Funcionario Público.

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