Más allá de las fronteras, la inevitable ruta de la cooperación en seguridad, queda claro ante el análisis de la problemática relación entre México y los Estados Unidos de América. La seguridad nacional en México ha dejado de ser un asunto que pueda resolverse mirando únicamente hacia el interior del territorio. La porosidad de las fronteras, la sofisticación financiera de los cárteles y el flujo global de precursores químicos obligan a replantear las estrategias tradicionales. En este escenario, el reciente encuentro entre el Consejo Internacional de Comunicadores y el almirante en retiro Humberto Coss y León Zúñiga, actual diputado federal, cobra una relevancia que trasciende la simple crónica legislativa.
 
Como presidente de la Comisión de Marina en la Cámara de Diputados, las palabras de Coss y León adquieren un peso específico. Su planteamiento sobre la conveniencia de ampliar la cooperación internacional con Estados Unidos y América Latina para combatir el narcotráfico no es una ocurrencia; es el reflejo de una visión formada a lo largo de 45 años de disciplina y estrategia naval. El crimen organizado opera como una corporación multinacional; enfrentarlo requiere, por consecuencia, una respuesta institucional coordinada a nivel global.
 
El gran reto de esta propuesta radica en el delicado equilibrio entre la cooperación bilateral y la salvaguarda de la soberanía nacional. Históricamente, la relación en materia de seguridad con el vecino del norte ha transitado por zonas de profunda desconfianza. Sin embargo, la realidad se impone: el fentanilo que envenena las calles estadounidenses y las armas de alto poder que ensangrientan las comunidades mexicanas son las dos caras de una misma moneda. Ningún país puede romper ese ciclo en solitario.
 
La llegada de perfiles técnicos y con experiencia castrense al Poder Legislativo abre una ventana de oportunidad para modernizar el marco jurídico de nuestras Fuerzas Armadas. No se trata de militarizar la política, sino de dotar de realismo y viabilidad a las leyes que norman la defensa del Estado. La columna vertebral de la estrategia contra el crimen organizado debe construirse con inteligencia compartida, control de flujos financieros y operaciones conjuntas que respeten los límites de cada nación.
 
Ampliar los lazos con el resto del continente no es un signo de debilidad, sino una necesidad táctica. Si el Congreso de la Unión logra articular esta visión en reformas concretas, México podría avanzar hacia una política de seguridad más eficaz, menos reactiva y verdaderamente adaptada a las amenazas del siglo XXI. La disciplina naval parece haber encontrado su espacio en el pulso legislativo, y el rumbo trazado apunta con claridad hacia la cooperación internacional.
 
Eduardo Ramos Fusther
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@RamosFusther
Licenciado en Derecho (TECM), Licenciado en Seguros y Fianzas y Administración de Riesgos (Universidad Marista). Maestrante en Pedagogía (Universidad (YMCA). Maestrante en Marketing Político y Opinión Pública (Universidad (IEXE). Miembro del Consejo Internacional de Comunicadores (CINCO). Titular de "El Punto Crítico Radio". Editor del periódico El Punto Crítico. Con más de 50 años ejerciendo el periodismo.