En política hay momentos en los que una simple decisión estratégica revela una gran verdad. Y eso es exactamente
lo que ocurrió cuando Alejandro Moreno, presidente nacional del PRI, anunció que su partido comenzará a nombrar “defensores de México” en 17 estados, perfiles que recorrerán el territorio rumbo a las elecciones del 2027.
De inmediato surgió el coro habitual del oficialismo: críticas, descalificaciones y advertencias veladas sobre posibles actos anticipados de campaña. Pero la reacción no tardó en topar con una incómoda realidad. La propia presidenta Claudia Sheinbaum declaró que el nombramiento de coordinadores estatales de Morena no constituye actos anticipados de campaña.
Y ahí está el punto central del debate y la movida estratégica del PRI
Porque si Morena puede nombrar “coordinadores de la defensa de la transformación” que recorren el país, organizan estructuras y posicionan su imagen durante años antes de las elecciones, entonces resulta políticamente imposible sostener que cuando lo hace la oposición se trate de una falta electoral. (Marcador: Alito 1- Morena 1)
Lo que en Morena se llama organización política, en la oposición no puede convertirse mágicamente en delito electoral.
La decisión del PRI, lejos de ser un acto irregular, es en realidad una respuesta lógica a las reglas que Morena impuso en la política mexicana. Desde hace años el oficialismo instauró una práctica clara: las campañas permanentes disfrazadas de cargos partidistas.
Primero fueron los “delegados de programas sociales”, que recorrieron el país durante el sexenio de López Obrador construyendo estructuras políticas con recursos públicos. Después llegaron los “coordinadores de defensa de la transformación”, que en los hechos fueron precandidatos recorriendo el país mucho antes de que iniciaran los procesos electorales formales.
Y ahora Morena pretende que nadie más juegue con esas reglas.
Pero la política no funciona así.
Si Morena decidió borrar en la práctica la frontera entre organización partidista y precampaña, entonces todos los partidos tienen el derecho de organizarse políticamente bajo el mismo criterio.
En ese contexto, el anuncio del Senador Alejandro Moreno, líder del PRI, no es solo una estrategia electoral. Es también una forma de exhibir la contradicción del discurso oficial.
Porque el verdadero problema para Morena no es que el PRI nombre defensores. El verdadero problema es que la oposición empiece a disputar el territorio político que el oficialismo ha monopolizado durante años.
La política mexicana entró desde hace tiempo en una etapa de campaña permanente. Morena lo entendió primero y lo explotó con eficacia. Ahora el PRI busca reconstruir su presencia territorial bajo esa misma lógica y el público se pone de pie, por que además de darles una probadita de su propio chocolate, Alito se les adelanto en tiempos y los defensores de México salen a calle mañana. (Marcador: Alito 2 Morena 1)
Y eso, lejos de ser una irregularidad, es simplemente competencia política.
La verdadera discusión debería ser otra: si México quiere regresar a un modelo donde las campañas tienen tiempos claros y reglas estrictas, o si vamos a continuar en este sistema donde los procesos electorales empiezan tres años antes de que se abran las urnas.
Pero mientras Morena siga defendiendo que sus coordinadores no son actos anticipados de campaña, el PRI tiene todo el derecho político —y estratégico— de hacer exactamente lo mismo.
En política hay una regla muy simple: las reglas del juego deben ser iguales para todos.
Y si Morena decidió jugar la partida con campañas permanentes, no puede sorprenderse cuando la oposición decide sentarse a la misma mesa.
Porque en democracia lo que es válido para el gobierno también debe ser válido para la oposición. Y cualquier otra interpretación no sería política… sería simple simulación.