A menos de 12 horas de la inauguración del Mundial 2026, la Ciudad de México ofrece a mexicanos y extranjeros una

imagen muy distinta a la narrativa triunfalista que impulsa el gobierno federal.
Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum insiste en que “todo está bajo control”, como siempre su… -Aquí no pasa nada- pero las calles, el aeropuerto, las estaciones del metro y su mismísima Fan Fest, cuentan otra historia.

El conflicto con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) lleva días escalando sin que el gobierno haya logrado una solución política efectiva, se niegan a conceder mientras afirman que no van a reprimir, dos premisas que dificilmente pueden caber en una misma estrategia política, o negocías y concedes, o amenazas, haces valer la ley y pones orden, pero tratar de hacer convivir las dos posturas a horas de un evento internacional es falta de oficio político por decir lo menos. Pareciera que en Palacio Nacional están esperando la llegada del espiritu santo, con la misión de arreglar magicamente el conflicto mañana.
Se dió a conocer ya, que las negociaciones de última hora fracasaron y las protestas siguen amenazando los eventos vinculados al arranque de la Copa del Mundo, hace apenas minutos los colectivos de buscadoras también despacharon al negociador en turno a empujones de las faldas del estadio… Y mientras tanto a la FIFA y a Infantino, no les ha quedado más que decir que el gobierno le indicará a la afición cómo, cuando y dónde se llevara a cabo el sitio de festejo de los fanáticos, sin poder ni siquiera convocar un lugar en específico de entrada, horas antes de la inauguración del mundial, menudo lío también para ellos que además tendrán que responder a patrocinadores y a los medios.

La contradicción es evidente, en la mañanera Claudia Sheinbaum primero anuncia un Fan Fest de la FIFA en el Zócalo y asegura que la capital está lista para recibir al mundo, a los 5 minutos Cantinflea y dice que si por alguna razón no se pudiera llevar a cabo en el zócalo, la gente puede asistir a otra de las 18 locaciones que el gobierno habilitó, y los reporteros (ahora si de todo el mundo), paraditos detrás de las vallas metálicas, que bloquean/blindan hasta esta noche la plaza principal del país, que se encuentra rodeada de manifestantes, policías y dispositivos de seguridad extraordinarios para contener una crisis que no supieron resolver, pasando notas entre risas, preocupación y morbo, saboreando ya el reporte de mañana.
Sin duda lo que debía ser una fiesta internacional se ha convertido en una muestra de improvisación gubernamental, meses de anticipación no les sirvieron para terminar sus jardines flotantes, sus estaciones del metro, la remodelación del aeropuerto, vamos… ni su pintura morada, por supuesto la falta de atención oportuna a las demandas magisteriales transformó un conflicto laboral en una crisis política nacional y ahora el gobierno está atrapado entre dos opciones: ceder ante la presión de la CNTE o exhibir ante el mundo el desorden interno del país.
Pero el problema ya no se limita al magisterio, madres buscadoras, comerciantes afectados, vecinos indignados por los bloqueos en avenidas estratégicas, el caos vial y la implementación acelerada del operativo de “última milla” alrededor del Estadio Azteca, Banorte o como quieran llamarle, han generado un creciente malestar ciudadano. Miles de capitalinos enfrentan trayectos más largos, restricciones de movilidad y una sensación generalizada de desorden.
La pregunta entonces es inevitable: ¿Dónde quedó la ciudad perfectamente preparada que se nos prometió esta misma mañana?
el gran escaparate internacional del AIFA, el tren Maya y hasta el expulsado ajolote, sin embargo, a medida que se acerca el momento de la verdad, afloran las deficiencias de planeación, los conflictos sociales acumulados y la incapacidad para construir acuerdos.
También resulta difícil sostener el discurso oficial cuando la propia presidenta ha condicionado su asistencia al Fan Fest a la evolución de las protestas. Si todo estuviera bajo control, esa incertidumbre no existiría, por supuesto asistir como cualquier mandatario de un país anfitrión a la inauguración, se descartó de inicio, por que la Presidenta no tiene ni estómago para enfrentar la rechifla que le esperaba, ni la popularidad que sus encuestas a modo presumen.
Lo que observan y reportan hoy los medios internacionales no es la imagen de una ciudad organizada, entusiasta y lista para recibir millones de visitantes, ven espacios blindados, inseguridad, manifestaciones permanentes, miles de elementos de seguridad desplegados, accesos restringidos y un gobierno que improvisa soluciones mientras insiste en que no hay problemas.
Los Medios extranjeros ya comenzaron a reportar que la tensión social, las huelgas y el descontento ciudadano están opacando el ambiente festivo que debería acompañar al Mundial y es que ciertamente México hoy no está para fiestas, el calculo de “Pan y circo al pueblo” le falló a la 4T, y el distractor les está saliendo más caro en imagen y en retórica que ninguno de los muchos fracasos del gobierno de la Sheinbaum.

La situación es especialmente grave porque la administración federal tuvo meses para anticiparla, pero la soberbia sin límite de este gobierno siguió pensando que el discurso repetido mil veces se convierte en realidad.
Las demandas de la CNTE no surgieron de la noche a la mañana. Tampoco las inconformidades de colectivos de desaparecidos, trabajadores judiciales, comerciantes del centro histórico y otros grupos que han anunciado movilizaciones aprovechando la atención internacional que genera el Mundial.

Hoy la Ciudad de México enfrenta una inauguración mundialista marcada por la tensión política, porque una ciudad verdaderamente preparada no necesita blindarse para aparentar normalidad y un gobierno que realmente tiene el control no necesita salir a repetirlo todos los días.
La gran pregunta es si el mundo verá el espectáculo futbolístico prometido o la evidencia de una administración rebasada por los problemas que decidió ignorar.
Mañana comenzará el Mundial, pero el partido que el gobierno parece estar perdiendo es otro, su legitimidad.