Confieso que no soy fan de Bad Bunny. Y, sin embargo, merece mi respeto como ser humano. Como artista no son quien

para juzgarlo. Sus millones de fans deben tener la razón. Puertorriqueño, si bien la isla es “estado asociado de Estados Unidos”, no goza de los éxitos comerciales y económicos que otras entidades de la Unión Americana. Es, de por sí, un lugar bullicioso, lleno de alegría, en donde se escribe música nueva -no toda de buen gusto-, letras en español e inglés que disfrutan quienes acuden a sus espectáculos.

Desde hace meses, el inquilino temporal de la Casa Blanca hizo público su descuerdo porque los organizadores del Super Bowl, es decir los dueños de los equipos, contrataron a Bad Bunny para el show de medio tiempo.

Donald Trump utilizó todos sus recursos para impedir la presentación del artista en el evento.

Es, probablemente, el único personaje que no ha sido intimidado por el arma letal del republicano:  los aranceles.

Por lo leído en los portales -no son tampoco fanático del futbol americano y del otro – mientras se realizaba el espectáculo al que se sumaron Lady Gaga y Ricky Martin, resultó el de mayor audiencia en la historia de estos eventos.

Miré algunos videos y. en efecto, las 200 chicas del ballet moderno, que saltaron como ranas educadas, siguieron el ritmo marcado por Bunny quien, envalentonado, sacó de su ronco pecho lo que le vino en gana y todo en ¡español!

Trump escribió en su red social: “¡El espectáculo del medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, uno de los peores de la historia!”, dijo el presidente en la red social Truth Social.

“Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en todo Estados Unidos y en el resto del mundo”.

Probablemente tenga razón el personaje que todos los días es mencionado por sus tropelías con su amigo Jeffrey Epstein, que seguramente “dañarían a los niños” -de hecho, ocurrió con las jóvenes que acudían a los festejos de los rabos verde-, pero para quienes son seguidores del Conejo Malo, los movió todo el cuerpo.

Además, a su edad, Trump no podría dar un pase del baile conejín.

En opiniones serias, se analizaron las palabras y el temple del artista a quien se le calificó de haber presentado un espectáculo histórico y no solamente dedicado a su arte, sino al reclamo claro y directo a Trump por sus redadas, amenazar al mundo con su política antiinmigrante, presionar a todos los países que no comparten sus decisiones unilaterales y por su carácter expansionista, como si viviera en el siglo 18.

Como fuere, la presentación de Bad Bunny cumplió su cometido y sus fanáticos y los no tanto, le aplaudieron y reconocieron su capacidad de ser humano.

Me pregunto porque no tenemos una presidenta que le pare los tacones a Trump como lo hizo el artista que, demostró tener cabeza fría pero el corazón ardiente para defender a los vulnerables que han sido prácticamente olvidados por sus gobiernos, que son todos los expulsores de mano de obra.

Jesús Michel Narváez

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