Ahora cuando los precios internacionales del petróleo superan los cien dólares por barril, muchos venezolanos

sueñan con el fin de las penurias y el regreso de la bonanza, pero las cosas no pintan nada fáciles por múltiples factores políticos y económicos. La situación mejorará, sí, eso es verdad, pero los problemas nacionales no se resolverán con la rapidez deseada.

 Uno de los inconvenientes con que tropieza el ciudadano común radica en la corrupción chavista, que motiva al gobierno de Estados Unidos a suministrar con gotero el dinero proveniente de las exportaciones de crudos, sin que tengamos idea de cuándo empezaremos a palpar la mejoría.
Cada vez es más claro que el panorama dependerá de la velocidad de la transición en marcha, en la cual está de por medio el interés del gobierno norteamericano, que nos viene a recordar un dicho de la época de mi abuelita: “Una cosa piensa el burro y otra quien lo arrea”… La nación del norte actúa según sus intereses.
¿Cuándo tendrá Venezuela autoridades legítimas y cuándo recuperaremos la capacidad de decidir nuestros destinos? Nadie lo sabe, por cuanto eso se resolverá en la Casa Blanca. Pudiera ser en dos años –quizás un poco más, quizás un poco menos–, porque además de que en el centro del poder siguen anclados Diosdado Cabello, los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez y otros culpables de asesinatos, secuestros, torturas, robos y pare de contar, también se requerirán pasos previos de trascendencia significativa.
Deberá ser designado un nuevo Consejo Nacional Electoral, se necesitarán los lapsos para actualizar el registro electoral, abrir la inscripción de partidos políticos, designar cuerpos consulares en Estados Unidos y otros países para que los venezolanos puedan actualizar en el exterior sus documentos de identificación e inscribirse para para votar. También habrá que designar nuevos miembros del Tribunal Supremo de Justicia y modificar ciertas leyes indispensables.
Por todo lo anterior, quienes esperan por medicinas, hospitales eficientes, salarios dignos, etc., seguirán en veremos porque los chavistas –así estén fiscalizados por Estados Unidos–, continúan con la férula en sus manos. Nicolás Maduro ya no está en Miraflores y ha habido ciertos cambios que alimentan esperanzas, pero aun vemos como figuras de la dictadura se reacomodan en distintos cargos en la creencia de que todo cambiará para que todo siga igual, a la manera de lo proclamado por Lampedusa en su canónica novela El Gatopardo.
Desafortunadamente, los ingresos nacionales no tendrán la magnitud de los añorados tiempos de las vacas gordas, por cuanto la producción petrolera de hoy apenas se acerca a un millón de barriles por día, a pesar de lo cual serán de valiosa cuantía pero no aliviarán con celeridad los padecimientos que afectan a la población. Por eso, recemos para que aparezca la varita mágica y podamos obrar un milagro.