La pregunta es si un gobierno -cualquiera que éste sea- se basta y sobra así mismo para enfrentar la abigarrada

y compleja gama de problemas que enfrenta un país, cualquiera. Esto a propósito de la negativa y aun rechazo gubernamental al informe del Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada, según el cual México enfrenta un problema en esta materia, doloroso, grave y cuya probable resolución, desentrañamiento o abatimiento haría necesaria o útil la asistencia internacional.

Es cierto, prácticamente a ningún gobierno en el mundo le agrada que sus asuntos, menos si éstos son graves, puedan concitar la exposición pública internacional en un espacio como la Asamblea General de la ONU, conforme la propuesta del Comité de referencia. Después de todo, se mantiene la visión aldeana de que los trapos sucios se lavan en casa, así queden percudidos, si acaso.

Pero ¿por qué la postura gubernamental consiste en cerrar la casa nacional a la intromisión foránea, aun cuando en este caso en particular ésta plantee el envío y participación de misiones técnicas, acompañamiento forense, intercambio de información, apoyo para la identificación de restos humanos, normas internacionales en la investigación e incluso respaldo en las pesquisas que hoy recaen esencialmente en familiares de víctimas de desaparición, un fenómeno aterrador que supera incluso la muerte.

¿Por qué negarse a una posibilidad de ayuda, apoyo? ¿Acaso la desaparición de personas en México es un asunto menor y si fuera asì por qué no se ha resuelto en décadas? Las cifras oficiales, hay que subrayar el carácter de estos números, indican la desaparición de no menos de 130 mil personas. Los restos de otras 70 mil personas pueden seguir esperando para su identificación. ¿Acaso esa cifra no es dramática por si sola? Constituye o debería ser me parece un espanto inaceptable para todos los mexicanos, y peor, bastante peor, para los familiares de esas personas cuyo destino o paradero resulta un misterio. Gravísimo por sí solo.

Vuelvo a preguntar: ¿Acaso México, inserto -hay que decirlo aunque suene obvio- y parte de la comunidad de naciones, puede prescindir de la ayuda, apoyo o asistencia internacional? No se ha hecho en otros casos. La deuda, por ejemplo, uno de ellos. Tampoco se ha negado la entrada a militares de otros paìses en misiones de entrenamiento, y bajo la estricta supervisión mexicana. México envía a sus militares a otras naciones para entrenamiento y capacitación. Así que ningún país, por fuerte y soberano que sea, puede prescindir del intercambio y ayuda internacional. No hay naciones autárquicas. ¿O si? Que alguien mencione una sola.

Entonces ¿por qué cerrar la puerta? Si, pudiera considerarse vergonzoso y aun peligroso que otros arrojen luz sobre los fantasmas que pululan en territorio nacional, pero esas emociones o motivos sólo pueden perpetuar una crisis que se remonta en el país hace ya varias décadas, al grado no sólo de configurar una dolorosa tragedia nacional, sino en particular de la negativa para ser tratada como un asunto de Estado, que no de un partido, ni de un solo gobierno, como parecen interpretar hoy los mandos guindas del país, encerrados, pertrechados, ensimismados y peor aún, convencidos genuina o convenencieramente de que sólo ellos y únicamente ellos pueden salvar al país. No podrán. Se frequieren diversos concursos, competencias, voluntades pues para resolver.

El criterio de sólo nosotros, ejercido y alimentado ad náuseam, está impidiendo, frustrando y cercenando las vías que se requiere transitar para la resolución de una vasta problemática nacional, que se agudiza conforme la soberbia y el avasallamiento avanzan entre la clase política en el poder. ¿A quién convocan para una reforma electoral? ¿A quien llaman para escuchar y consensar una urgente política nacional contra el crimen y el narcotráfico? ¿A quién escuchan? 

No necesitan de nadie y menos, mucho menos aún de quienes disienten, considerados una perversión del sistema que en su visión se niega a morir, por lo que se le avasalla y desprestigia de manera permanente. Ellos los malos, nosotros los buenos. Esa retórica cuesta y mucho al país, que sigue perdiendo tiempo en espera de soluciones concretas.

Los ejemplos de esta cerrazón se multiplican, y con ello los errores, fracasos e insuficiencias. Todo en nombre de un pueblo que sólo ellos dicen encarnar, de una mayoría legislativa en la mayor parte del país, que sólo ellos detentan y con la que suelen aplastar, doblegar, imponer, de las gubernaturas que tienen bajo su hegemonía, y por supuesto del poder judicial también ahora en sus manos. Esto sin hablar del poder ejecutivo y de todo el aparato gubernamental. Al margen de ellos, casi nada ni nadie. Ni siquiera los mandos militares, hoy sobradamente compensados. La oposición ¿Cuál? La prensa desdibujada y desacreditada por el poder.

En esas condiciones, parecen experimentar el espectro autista. El gobierno tiene dificultades enormes para comunicarse y aún relacionarse con los otros, los otros, estigmatizados de manera permanente. Si pudieran extinguir esos mundos casi diminutos hoy, la esperanza de México sería mayor, única como aspiran, al grado de decretar que todos los otros pertenecen al basurero de la historia.

Como solía decirse en los tiempos de Carlos Salinas, México sería un país desarrollado y rico si se extinguiera a los pobres. Hoy el credo podría ser y en algunos casos ya lo es,que México considerara prescindibles a los opositores, los adversarios, los críticos, los apátridas y traidores, aquellos a los que así se llama todo porque se atreven a dudar de los morenos, éstos los únicos impolutos, aquellos que están del lado correcto de la historia, los que son la única esperanza nacional, los que encarnan una transformación histórica, pero sobre todo pacífica, sin disparar un solo tiro porque son pueblo y éste es bueno y sabio.

Y si eso son los criterios adentro, imagine usted si alguien foráneo, así sea un organismo internacional del cual México aun forma parte, se atreve a dudar o hacer un señalamiento crítico, aun y éste resulte necesario para mitigar un drama tan sensible y humano como la desaparición de personas en amplios espacios de la geografía nacional. Nadie, nadie, sólo ellos bastan y sobran para resolver los asuntos del país, así en ello vaya mucho tiempo y vidas.

@RoCienfuegos1