Ciudad de México, México, 27 de febrero de 2026 ::: La OFUNAM conmemora su aniversario en la Sala Nezahualcóyotl

con un concierto especial donde la orquesta dialoga con sones jarochos y huastecos bajo la dirección de Iván López Reynoso.

 El recital promete ser un acontecimiento poco común: la fusión de dos mundos musicales que rara vez comparten escenario en igualdad de condiciones, el sábado 28 de febrero a las 20 horas y el domingo 1 de marzo a las 12 del día.
“Hacer dialogar a estos tres grupos, que son indiscutibles embajadores de nuestra música, me parece un gran acierto”, indicó López Reynoso.
El director, que actualmente lleva a escena María Estuarda en la Ópera de Bilbao, fue convocado a mediados del año pasado para sumarse al proyecto en su etapa final de preparación. El proceso, destacó, ha sido de cocción lenta: reunir las agendas de los grupos, encargar los arreglos orquestales y afinar los detalles logísticos de un programa que involucra a cuatro arreglistas (Aneiro Taño, Mario Santos, Juan Duarte y Rosino Serrano), quienes trabajaron estrechamente con cada agrupación para definir colores, dinámicas y el delicado balance entre los grupos y la orquesta.
“El esqueleto de los arreglos implica un respeto profundo a la pieza y a su estilo, porque no es igual orquestar con el ritmo del son jarocho que con el huasteco”, explicó López Reynoso, quien anteriormente ha realizado programas similares con la OFUNAM, como el mambo sinfónico en homenaje a Pérez Prado en 2022.
Subrayó que el reto mayor es el equilibrio: que nadie tape a nadie, que cada voz tenga su papel en el diálogo. Para ello, además de los ensayos habituales con la orquesta, López Reynoso tuvo sesiones por separado con cada agrupación, un trabajo inusual que habla de la complejidad y la ambición del proyecto.
En cuanto a la naturaleza del son, López Reynoso señaló la alternancia del ritmo binario y ternario –lo que en música se conoce como sesquiáltero–, como la columna vertebral que comparten los distintos estilos regionales, y comentó que la copla y el verso tienen un papel protagónico que define el carácter de esta música: a veces irónico, a veces melancólico, siempre sorpresivo.
El arpa, aseveró el director, tendrá un papel protagónico en este programa: mostrará cómo ese instrumento, llegado de Europa, echó raíces en México hasta crear un timbre absolutamente propio. “Este mestizaje se reflejó en la creación de una nueva identidad. La hicimos muy nuestra”, afirmó López Reynoso, quien evocó los solos de arpa en el Huapango de Moncayo como uno de los frutos más altos de esa transformación.
Quien conoce muy bien ese instrumento desde adentro es Adriana Cao, arpista y fundadora de Caña Dulce y Caña Brava. “Me emociona que la música tradicional llegue a espacios como la Nezahualcóyotl”, dijo Cao al hablar del concierto.
Su vínculo con el son jarocho comenzó en el puerto de Veracruz, donde su padre, oaxaqueño, le organizó clases de zapateado a sus siete hijas. Fue el músico Pánfilo Valerio quien, llevando a sus hijos a tocar como un trío, conformado por arpa, jarana y requinto, encendió en Adriana la chispa que no se ha apagado. Posteriormente, ya en Ciudad de México estudiando odontología, su carrera formal, encontró a otros maestros fundamentales: Nicolás Sosa y Andrés Alfonso Vergara, ambos grandes arpistas tlacotalpeños que marcaron su manera de concebir el son.
Cao ubica el fandango, la fiesta comunitaria alrededor de la tarima, como el espacio primordial de la música del sur de Veracruz: un encuentro que puede celebrar desde una boda hasta un funeral, y en el conviven músicos y bailadores al mismo nivel.
Sobre el arpa sostuvo que “es un instrumento que cautiva, que es bellísimo”, y contó que lo que más le fascina es la cercanía física con éste: el arpa se apoya en el hombro, entre el cuerpo, y el sonido resuena muy cerca del intérprete.
Caña Dulce y Caña Brava nació hace 19 años de la unión de Adriana con Raquel Palacios Vega, nieta del legendario requintero del Grupo Mono Blanco, Andrés Vega. Hoy la agrupación está integrada por cuatro mujeres: Adriana, Raquel, Violeta Romero Granados y Anna Arismendez, con el violinista michoacano Ulises Martínez como invitado permanente. Su propuesta musical incorpora la versada de poetas como Evelin Acosta y la extinta Citlaly Malpica, además de voces masculinas admiradas, como la de Patricio Hidalgo. La experiencia femenina no es un manifiesto explícito, sino una presencia que se va construyendo verso a verso, son a son.
En el programa, la agrupación Los Descarados (Nabani Aguilar, Obed Calixto y Ángel Aparicio) abrirán la noche con son huasteco, incluyendo piezas emblemáticas como Las tres huastecas y El hidalguense, de Nicandro Castillo. En la segunda parte, Celso Duarte Ensamble (el arpista y compositor Celso Duarte, Violeta Ortega Espinoza, Sergio Medrano e Iñaki Duarte) presentará sones oaxaqueños, entre ellos un Popurrí de Oaxaca que incluye La llorona y Pinotepa. El concierto cierra con Caña Dulce y Caña Brava y una selección de sones jarochos, como La bruja y La bamba.
Todos los arreglos son estrenos. Será la primera vez que esta música suene así.