Ciudad de México, México ::: 26 de agosto de 2026 ::: La Luna de Sangre iluminará el cielo de México la noche del jueves 27 de agosto de 2026,
cuando un eclipse lunar parcial alcanzará su punto máximo a las 22:12 horas, tiñendo el satélite de un tono rojizo.
El evento será visible en todo el país, y como en cada ocasión, miles de personas se preparan no solo para observar el fenómeno, sino para replicar rituales y creencias que tienen raíces profundas en la tradición prehispánica.
::: Horario del eclipse lunar en México el 27 y 28 de agosto
El eclipse comenzará a las 19:23 horas con la fase penumbral. La sombra será perceptible a partir de las 20:33 horas, alcanzando el máximo esplendor a las 22:12 horas, cuando la Luna se verá con un color rojo intenso.
La fase parcial terminará a las 23:51 horas y el fenómeno concluirá a la 01:01 horas del viernes 28 de agosto. Especialistas como el Comité Yucatán de Eclipses recomiendan observar el evento con seguridad, pues no representa ningún riesgo para la salud visual.
::: Culturas prehispánicas de México y su visión de los eclipses lunares
De acuerdo con la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Mérida es un campus multidisciplinario de la UNAM ubicado en el estado de Yucatán, las civilizaciones mesoamericanas como los mayas, nahuas y mexicas interpretaban los eclipses como señales de desequilibrio cósmico, presagios de desgracia o el inicio de un nuevo ciclo. Para estas culturas, la desaparición momentánea de la luz era un motivo de temor y acción ritual.
Entre los nahuas, el eclipse era conocido como Miztli Cualo, “cuando la luna es comida”, y en maya Chi’ibal Uj, la mordedura de la luna. Los códices Dresde y Madrid muestran al sol o la luna siendo devorados por serpientes o monstruos, representando el peligro que enfrentan los astros. El temor era tan grande que la fundación de Tenochtitlan se relaciona con un eclipse solar ocurrido el 13 de marzo de 1325.
::: Mitos, dioses y animales míticos en los eclipses mesoamericanos: Luna de Sangre
La cosmovisión prehispánica explica los eclipses como batallas entre deidades y criaturas sobrenaturales. Los mexicas creían que durante estos eventos, la luna y el sol eran atacados por entidades como Tecuani, el “come gente”, o los demonios tzitzimime, mujeres esqueleto que descendían del cielo cuando la luz desaparecía. En la mitología maya, el dios jaguar Kinich Ahau era la representación de la dualidad entre día y noche, vida y muerte. Grupos mayas de Quintana Roo y pueblos otomíes veían en Venus al amante de la luna que intenta devorar al sol, provocando los eclipses.
Según registros etnográficos citados por la Dra. Martha Nájera en Religión y sociedad en el área maya, los mayas creían que los eclipses eran enfermedades de los astros, usando los términos cha’k’ak’al para el sol y cham’u para la luna, relacionados con el dolor o la muerte.
::: Acciones rituales y protección durante los eclipses
Los rituales realizados durante los eclipses persistieron durante siglos y aún se observan en comunidades del sureste de México. Era común hacer ruido golpeando objetos de metal, madera o latas, o provocando aullidos en perros para ahuyentar a los malos espíritus y ayudar al astro a “despertar”. En Yucatán, Campeche y Quintana Roo, este estrépito buscaba evitar que el sol o la luna fueran devorados.
Las ofrendas de sangre también eran habituales. Los sacerdotes realizaban sacrificios animales y humanos para fortalecer a los dioses y asegurar el retorno de la luz. Los mexicas, según Historia general de las cosas de Nueva España de Sahagún, sacrificaban albinos durante los eclipses y utilizaban cuchillos de pedernal blanco, color asociado a la luna.
Otro ritual era el resguardo de los grupos vulnerables. Niños y mujeres embarazadas eran protegidos dentro de las casas, pues existía la creencia de que mirar el eclipse podía causar transformaciones o desgracias físicas. Los niños podían convertirse en ratones y las embarazadas temían que sus hijos nacieran con malformaciones. Para protegerse, algunas mujeres se ataban un pañuelo rojo a la cintura, usaban metales en forma de cruz sobre el estómago o colocaban trozos de obsidiana sobre el vientre, prácticas que aún se observan en comunidades mayas y chontales de Tabasco.
::: Predicción astronómica y registro de los eclipses
Los mayas desarrollaron avanzados sistemas de cálculo astronómico. El Códice Dresde contiene tablas que permitieron a esta civilización predecir con exactitud los ciclos de la luna y anticipar eclipses. La observación de los astros y la relación con Venus, Marte y las constelaciones formaban parte de su cosmovisión.
En la cultura mexica, la coincidencia de eclipses con fechas clave, como la atadura de 52 años (Xiuhmolpilli), marcaba el final e inicio de ciclos. Los sacerdotes observaban el paso cenital de las Pléyades para confirmar la continuación del mundo. Si durante el eclipse las estrellas superaban el cenit, la vida seguía, de lo contrario, las tzitzimime descenderían y destruirían a la humanidad.
::: Creencias y prácticas contemporáneas
Hoy, muchas de estas creencias sobreviven en comunidades rurales y urbanas. Durante eclipses recientes, como el de 1991 en Maxcanú, Yucatán, las mujeres evitaron preparar alimentos o tortear, temiendo que las piedras del fogón quedaran suaves y trajeran malos augurios. Los hombres suspendieron actividades agrícolas y de caza.
El uso de amuletos sigue vigente. Mujeres embarazadas se colocan pañuelos rojos, llaves o ganchos metálicos en el abdomen. Se cree que si una embarazada se rasca durante el eclipse, el bebé nacerá con manchas conocidas como chi’ibal uj (mordedura de luna) o chi’ibal k’in (mordedura del sol), dependiendo del fenómeno.
En poblaciones mayas y otomíes, el eclipse es sinónimo de precaución. Los quichés se encierran en casa y prohíben mirar el fenómeno, pues temen la ceguera o enfermedades. La llegada de insectos como escarabajos se interpreta como mal presagio, pues podrían destruir cosechas y sustento.
::: Los eclipses como señales del fin o renovación del mundo
Para los pueblos prehispánicos, los eclipses representaban la desaparición y renovación del mundo. El acto cosmogónico se reproducía en cada fenómeno: el sol era devorado, la oscuridad reinaba y los dioses o monstruos decidían el destino de la humanidad. El encendido del fuego nuevo, la destrucción simbólica de pertenencias y el sacrificio humano eran parte de la renovación del ciclo.
El eclipse era registrado y anticipado por sabios y sacerdotes. En el Códice Telleriano Remensis y otros documentos, se menciona que los conocimientos astrológicos permitían predecir la llegada de estos eventos y preparar los rituales necesarios para protegerse y asegurar el retorno de la luz.
::: Significado ritual y cosmogónico: destrucción y creación en los eclipses
Cada eclipse era entendido como una repetición del acto mítico de creación y destrucción. El tiempo se suspendía, los dioses renovaban el mundo y la oscuridad cedía paso a la luz. Durante la fiesta de Panquetzaliztli, el nacimiento de Huitzilopochtli, el ciclo cenital de las Pléyades coincidía con rituales de encendido de fuego nuevo y sacrificio humano, reforzando la continuidad del mundo.
Durante los eclipses, los tambores y cantos llenaban los templos, la población gritaba y se alarmaba. El temor a la desaparición definitiva del sol o la luna era real, y la reacción colectiva buscaba restablecer el equilibrio cósmico.