Ciudad de México, México, 14 de enero de 2026 ::: Investigaciones médicas confirman que la dieta mediterránea

ayuda a prevenir la depresión gracias a sus propiedades antioxidantes. El consumo de grasas saludables, vegetales y frutas no solo mejora la salud física, sino que se posiciona como una herramienta clave para el equilibrio de la salud mental.

 Con motivo del Día Mundial de la lucha contra la Depresión, en EFE Salud abordamos los beneficios de seguir una dieta saludable para tratar de esquivar esta enfermedad con expertas en salud mental y nutrición del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER), del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).
En España, el 14,6 % de los ciudadanos mayores de 15 años tenía un cuadro depresivo en 2023, un 3,7 % más que en 2020. El incremento fue mayor en los casos severos, que escalaron 5,5 puntos hasta alcanzar al 8 % de la población, según la última Encuesta de Salud publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Y en el mundo, con datos de la Organizaciones Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 332 millones de personas sufren depresión.

::: Las evidencias
La investigadora del área de Obesidad y Nutrición del CIBER (CIBEROBN) Almudena Sánchez asegura que la evidencia científica sobre el efecto beneficioso de las dietas saludables para prevenir la depresión es «abundante».
Del mismo modo se ha constatado el efecto nocivo de dietas pro-inflamatorias ricas en productos ultra-procesados sobre el riesgo de desarrollarla.
«Las evidencias proceden de estudios epidemiológicos observacionales basados en el seguimiento del comportamiento dietético de grandes muestras de participantes, así como en la observación de la aparición del trastorno depresivo a lo largo del tiempo», asegura Sánchez.
Desde el ISGlobal, la investigadora y experta en psicología nutricional Camille Lassale abunda en que hay muchos estudios observacionales realizados en distintos países que han observado la relación entre una buena salud mental y la calidad de la dieta.
Son estudios cuyos participantes cuentan lo que comen, y otros factores de estilo de vida, como si fuman, si hacen actividad física, cuál es su nivel educativo y sus ingresos, entre otra informaciones.
«Un patrón de dieta mediterránea se asociaba con menos riesgo de desarrollar depresión a lo largo de los años, cuando se les seguía durante varios años, y ahora ya empieza a haber muchos estudios y cada vez mejor hechos, con más tiempo de seguimiento», explica Lassale.
Por otra parte, las evidencias que avalan el efecto beneficioso de la dieta como coadyuvante al tratamiento antidepresivo en pacientes «son menores» y se basan en ensayos clínicos de pequeño tamaño, con un corto periodo de intervención dietética, sin embargo, «los resultados son prometedores», según Sánchez.

::: Las dietas saludables
En cuanto a la contribución de la dieta para prevenir la depresión, Sánchez también señala la mediterránea.
«Los mecanismos de actuación de la dieta sobre la prevención de la depresión son múltiples. El efecto antinflamatorio y antioxidante de dietas como la Mediterránea podría considerarse uno de los principales», afirma la investigadora del CIBEROBN.
Además, las dietas saludables pueden mejorar la composición de la flora intestinal y del funcionamiento «del llamado eje intestino-cerebro, implicado en la generación de neurotransmisores como la serotonina, cuyos niveles se encuentran disminuidos en el trastorno depresivo».
La directora del área de Salud Mental del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM), Ana González-Pinto, incide en que las dietas tipo mediterránea en las que abundan las frutas, las verduras, las legumbres y frutos secos, así como el consumo de pescado de dos a tres días por semana, «han mostrado ser beneficiosas para los síntomas depresivos».
«Aún más: mejoran la salud vascular y cerebral, lo que también es importante para las personas con enfermedad mental», asevera González-Pinto.
En concreto, los pacientes con depresión tienen un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, y en el envejecimiento de parecer trastornos cognitivos.
Pero también hay otras dietas como las cetogénicas (bajas en hidratos de carbono, con menor cantidad de vegetales, legumbres y frutas), que se han probado en enfermedades mentales y cerebrales, «con algunos resultados positivos, pero de menor entidad que la dieta mediterránea», expone la experta del CIBERSAM.

::: Alimentos que ayudan
Entre los motivos de los beneficios de la dieta mediterránea en la prevención de la depresión destaca la disminución de la inflamación, la mejora del tránsito intestinal y la microbiota. Además, insiste, mejora la salud vascular y cerebral: «Todo ello permite mejorar la salud general, el sueño, y finalmente tener un efecto positivo sobre los síntomas depresivos», destaca.
Así, es importante un adecuado aporte de micronutrientes con actividad anti-inflamatoria como ácidos grasos omega-3 o polifenoles, fibra dietética para un funcionamiento intestinal óptimo.
Y también vitaminas del grupo B y minerales como el cinc o el magnesio, implicados en la síntesis de neurotransmisores y de neurotrofinas como el factor neurotrófico cerebral, un péptido implicado en procesos de aprendizaje y memoria y cuyos niveles se encuentran disminuidos en pacientes con depresión, explica por su parte Almudena Sánchez.
Cuando la persona ya está en depresión no es fácil que siga una dieta saludable, de hecho, éste es uno de los grandes problemas, señala González-Pinto, por eso «es tan importante la prevención».
«Las personas con tendencia a deprimirse deben cuidar especialmente el estilo de vida. Eso conlleva además de la práctica de ejercicio físico, el cuidado de las relaciones sociales, el control del estrés mediante la respiración u otras técnicas, la regulariad de hábitos como sueño y comida».
Dentro de la dieta, la persona con depresión debería apostar por comidas ricas en productos vegetales como verduras, frutas, legumbres, frutos secos y semillas.
También los probióticos han mostrado tener efectos beneficiosos sobre la microbiota, y finalmente sobre los síntomas depresivos.

::: Cuando llega la depresión
«Una vez que ya se ha producido la enfermedad depresiva, esa persona requiere cuidados, y difícilmente va a organizarse para comprar productos que muchas veces son perecederos como ocurre con los vegetales.Aunque también puede haber alternativas, pero el apoyo familiar es clave en estos supuestos», añade la experta.
En el mismo sentido se pronuncia Lassale, quien afirma que la persona con síntomas depresivos tiende a las comidas menos saludables, más azucaradas y grasientas.
«Un 'confort food’, de cosas que les apetece más dulce, más azucarado, más grasiento. Pero puede también cortar el apetito», indica la investigadora del ISGlobal.
Y es que la depresión no es consecuencia de un solo factor, generalmente. Sobre la vulnerabilidad, pueden surgir varios factores que tienden a agruparse, subraya García-Pinto, tales como el estrés, la pérdida de rutinas saludables, el sueño alterado y también la alimentación desorganizada.
«No es infrecuente la búsqueda de alimentos que requieren poca preparación, comida «basura», comidas de poco volumen y altamente calóricas, ricas en azúcares y grasas poco saludables», incide.
De esta forma, hay que tener especial atención con los productos ultraprocesados, con una elevada capacidad inflamatoria, apunta Sánchez.
«Y deben evitarse todos aquellos productos con baja densidad nutricional, es decir, aquellos que aportan una gran cantidad de energía (calorías) pero muy pocos o ningún nutriente esencial como vitaminas, minerales, fibra o antioxidantes como azúcares refinados, bollería industrial, bebidas azucaradas y snacks dulces y salados», sostiene la experta del CIBEROBN.

::: Desde la consulta
En general, en las consultas, se suele dar consejos de estilo de vida, pero, a juicio de García-Pinto,»probablemente esto debería intensificarse como ocurre en los programas de rehabilitación cardíaca».
Tanto el ejercicio como la nutrición tienen especial importancia en la prevención, añade, de la misma manera que las rutinas y el sueño son fundamentales.
«No es que se les de poca importancia sino que muchas veces se considera algo ya conocido, o difícil de cambiar. Los hábitos de alimentación se adquieren en la infancia, y para conseguir un cambio necesitamos a 'toda la tribu'», opina.
Y añade la experta del CIBERSAM: «El sistema sanitario puede trabajar pero a veces es difícil competir con un ocio asociado a una alimentación no saludable».