Los hábitos alimenticios que marcan la diferencia entre desarrollar diabetes o evitarla, según especialistas mexicanos

Ciudad de México, México ::: 5 de mayo de 2026 ::: Expertos mexicanos señalaron que entender qué consumimos

y cómo combinamos los nutrientes permite evitar enfermedades graves como la hipertensión y obesidad. La prevención mediante la alimentación es clave para reducir el riesgo de desarrollar trastornos cardiovasculares.

 Por esta razón, la educación alimentaria resulta clave para formar hábitos que pueden modificar el curso de la salud a lo largo de la vida.
Los especialistas del Instituto Nacional de Salud Pública señalan que, en México, casi el 75% de la población adulta vive con sobrepeso u obesidad.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2023 indica que los malos hábitos alimenticios, junto con el sedentarismo, explican la mayor parte de los nuevos casos de diabetes tipo 2 y enfermedades del corazón en el país.

::: Entender lo que comemos, primer paso para prevenir enfermedades
Los alimentos no solo quitan el hambre: proporcionan energía, nutrientes esenciales y forman parte de la convivencia diaria.
No basta con comer; es fundamental saber qué elegimos y cómo lo preparamos.
Según la Guía de Nutrición de la Familia de la Secretaría de Salud, conocer los alimentos disponibles, sus nutrientes y las mejores maneras de combinarlos permite que las personas “crezcan y se desarrollen sanas y fuertes”, tengan mayor energía y sean menos propensas a infecciones o enfermedades.
Al interior de una familia, las necesidades nutricionales varían, por lo que la alimentación debe adaptarse a cada integrante.
Esto subraya la importancia de educar no solo sobre los tipos de alimentos, sino también acerca de los requerimientos individuales y familiares.

::: Nutrientes: su función en la salud
La educación alimentaria distingue dos grandes grupos de nutrientes: macronutrientes y micronutrientes.
Los macronutrientes —carbohidratos, grasas y proteínas— proveen la energía y los materiales básicos para que el organismo funcione, crezca y se repare.
Los carbohidratos constituyen la principal fuente de energía, y la fibra dietética —otro tipo de carbohidrato— mantiene sano el intestino y previene la obesidad.
La educación sobre el tipo de grasa es esencial: las grasas insaturadas, presentes en aceites vegetales, nueces y pescados grasos, tienen un efecto protector ante enfermedades del corazón.
En cambio, el consumo frecuente de grasas saturadas y trans —como mantequilla, embutidos o margarina— eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Respecto a los micronutrientes, el hierro, yodo, zinc y diversas vitaminas son indispensables aunque se necesitan en pequeñas cantidades.
Su deficiencia, común en dietas poco balanceadas, puede provocar anemia, alteraciones en el desarrollo cerebral infantil o problemas en el sistema inmunológico.

::: Comer variado cubre las necesidades nutricionales
Combinar alimentos de distintos grupos resulta la forma más segura de satisfacer las necesidades nutricionales, de acuerdo con los especialistas.
La calidad de los ingredientes es igual de importante. Las verduras de hojas verdes y las frutas de color intenso aportan vitaminas A y C, así como antioxidantes que protegen las células y, con el tiempo, ayudan a prevenir enfermedades crónicas.

::: Falta de educación alimentaria: riesgos graves a la salud
Desconocer la composición de los alimentos puede llevar a subestimar riesgos.
Un alto consumo de azúcares y ultraprocesados —galletas, botanas, bebidas azucaradas— aumenta la probabilidad de sobrepeso, diabetes y caries dental.
El consumo excesivo de sal favorece la hipertensión arterial, mientras que una baja ingesta de hierro provoca anemia, sobre todo en mujeres y niños.

::: La educación alimentaria ayuda a prevenir enfermedades crónicas
Conocer el valor nutricional de los alimentos, cómo combinarlos y cómo afectan al organismo permite cubrir las necesidades de toda la familia y previene enfermedades graves.
La educación alimentaria promueve decisiones informadas y, al compartirse en familia, refuerza hábitos saludables. Comer bien se convierte en un acto consciente y preventivo, de acuerdo con los especialistas.

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