Madrid, España ::: 11 de junio de 2026 ::: SINC ::: Investigaciones médicas analizaron si los ejercicios de retención disminuyen
el riesgo de padecer demencia o pérdida crónica de memoria. Los reportes clínicos aclararon que los olvidos puntuales por estrés o cansancio son normales, pero urgieron a vigilar conductas sintomáticas preocupantes.
Tal y como recuerda la doctora Vanesa Pytel, responsable de la Unidad de Neuromodulación Cerebral no Invasiva de Olympia Quirónsalud de Madrid, en estos casos debemos consultar cuando los olvidos empiezan a interferir con la vida diaria: repetir las mismas preguntas con frecuencia, desorientarse en lugares conocidos, tener dificultades para seguir una conversación, cometer errores en tareas habituales o cuando el entorno familiar percibe un cambio progresivo.
“Un dato importante para tener en cuenta es que muchas veces es la familia quien detecta antes el problema”, apostilla esta experta.
Y es que detectar a tiempo cualquier problema en este sentido dice que puede cambiar totalmente el pronóstico: “Una evaluación neurológica precoz permite comprender lo que sucede, ponerle nombre, y actuar de forma personalizada para cuidar el cerebro antes de que el problema avance”.
::: El cerebro del mañana, consecuencia de lo que hagamos hoy
Según la doctora Pytel, no empezamos a envejecer a los 80 años, sino que “empezamos a envejecer, o a fortalecernos, con cada decisión que tomamos desde la juventud. Cada hora de sueño, cada paseo, cada aprendizaje, cada conversación, cada hábito cuenta. El cerebro que tendremos mañana es la consecuencia directa de lo que hacemos hoy”.
Así, la neuróloga de Olympia Quirónsalud afirma que la situación y el funcionamiento de nuestro cerebro, en gran parte, no se corresponde con el azar, sino con la acumulación de hábitos, y con el entrenamiento.
Resalta en este punto que la memoria es la capacidad del cerebro que nos permite guardar y recuperar información, y gracias a ella, recordamos lo que hemos vivido, lo que hemos aprendido, las personas que queremos y también las habilidades que utilizamos cada día.
“La memoria es una parte esencial de nuestra identidad: somos, en gran medida, lo que recordamos. Desde el punto de vista científico no existe una única zona de la memoria, sino que el cerebro funciona como un gran sistema de redes interconectadas”, subraya.
Apunta que, dentro del cerebro, el hipocampo es fundamental para formar recuerdos nuevos; mientras que la corteza prefrontal nos ayuda a organizar la información y a mantenerla activa cuando pensamos o tomamos decisiones.
En el caso de los lóbulos temporales, estos almacenan conocimientos y experiencias personales; al tiempo que estructuras más profundas, como los ganglios basales y el cerebelo, nos permiten automatizar habilidades, como conducir o montar en bicicleta.
::: Por qué hay personas con mejor memoria que otras
Con ello, la responsable de la Unidad de Neuromodulación Cerebral no Invasiva de Olympia Quirónsalud hace hincapié en que no todos recordamos igual, ni con la misma facilidad, señalando que la memoria está influida por muchos factores, desde la genética, hasta el nivel de estimulación intelectual, la educación, el estado emocional, la calidad del sueño, el estrés, e incluso el ejercicio físico que se practique.
“Nuestro estilo de vida tiene un impacto enorme en cómo funciona el cerebro”, asevera.
Además, destaca que no existe una única memoria, sino que matiza que una misma persona puede tener una memoria excelente para los nombres, pero no para las caras, mientras que otra puede recordar perfectamente datos y conceptos, pero tener más dificultad para situar recuerdos en el tiempo.
“Cada tipo de memoria puede desarrollarse de manera diferente en cada individuo. La buena noticia es que la memoria no es algo fijo, sino que puede fortalecerse y mejorar si cuidamos el cerebro y lo mantenemos activo”, asegura la doctora Pytel.
::: Nunca es tarde para empezar
Así, incide en que, es determinante el estilo de vida que llevemos, pero también lo es el entrenar nuestra memoria porque “el cerebro no se estropea por usarlo, sino que se debilita cuando deja de entrenarse”, haciendo hincapié en que nunca es tarde para empezar, y que este entrenamiento cerebral no debemos esperar a tener un problema para hacerlo.
Resalta que en la infancia y en la juventud, el entrenamiento potencia el desarrollo y el aprendizaje; en la edad adulta, fortalece la concentración, la toma de decisiones, y el rendimiento profesional; y en las edades más avanzadas, ayuda a preservar la memoria y las funciones ejecutivas, aumentando la 'reserva cognitiva’, es decir, esa capacidad del cerebro para compensar mejor los cambios asociados al envejecimiento.
“Cuanto antes se empiece, mejor. Pero nunca es tarde para estimular el cerebro”, reitera la responsable de la Unidad de Neuromodulación Cerebral no Invasiva de Olympia Quirónsalud.
::: ¿La memoria previene de enfermedades neurodegenerativas?
Eso sí, avisa de que el entrenamiento cognitivo, como la memoria, no es capaz de impedir por completo el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, si bien asegura que la evidencia científica sí muestra que puede retrasar la aparición de los síntomas clínicos, reducir su impacto funcional, y preservar la autonomía durante más tiempo.
Además, sostiene que el efecto es acumulativo: “La estimulación cognitiva, combinada con ejercicio físico, con un sueño adecuado, con el control de factores cardiovasculares, y con una buena gestión emocional potencia la protección cerebral”.
::: Hábitos que mejoran nuestra memoria
Así, partiendo de la idea de que “la memoria no depende solo del paso del tiempo, sino que, en gran medida, de cómo vivimos”, la doctora Vanesa Pytel subraya que, como órgano biológico que es el cerebro, necesita oxígeno, descanso, así como estímulo y equilibrio.
“El sedentarismo, el estrés crónico mantenido en el tiempo, dormir poco o mal, una dieta no equilibrada, el aislamiento social, y el consumo de alcohol o de tabaco aceleran el deterioro cognitivo porque afectan a la salud global del cerebro, a su vascularización, a sus conexiones, y a su capacidad de reparación”, apunta.
Por el contrario, asevera que el ejercicio físico regular mejora la perfusión cerebral y favorece la liberación de factores neurotróficos.
“La dieta mediterránea protege frente al deterioro vascular. Dormir bien permite consolidar recuerdos. Y mantener una vida social activa estimula múltiples redes cognitivas y emocionales al mismo tiempo. El cerebro necesita movimiento, desafío y conexión. Cuando dejamos de ofrecerle eso, empieza a perder eficiencia”, concluye la doctora Pytel.