España ::: 6 de agosto de 2026 ::: Especialistas médicos en neurología urgieron a reforzar las campañas de educación sanitaria para capacitar
a la población en la atención adecuada de ataques epilépticos. Los protocolos recomiendan despejar la zona de objetos contundentes, colocar a la persona de lado para resguardar las vías aéreas y evitar introducir cualquier elemento en la boca del paciente mientras cede la crisis.
Las crisis epilépticas pueden causar lesiones o dar lugar a accidentes. Además, las crisis o los medicamentos anticrisis pueden asociarse con dificultades cognitivas, alteraciones del ánimo y trastornos del sueño.
Entre las dificultades cognitivas destaca la disminución en la velocidad de respuesta, dificultades de atención sostenida y pérdida de memoria.
La depresión y la ansiedad son frecuentes en epilepsias no controladas (epilepsias refractarias), y se pueden deber a la propia enfermedad, el tratamiento o los desajustes sociales que conlleva esta enfermedad.
Aunque fallecer en una crisis epiléptica es muy improbable, sí puede ocurrir en epilepsias graves, acompañadas de crisis convulsivas generalizadas (crisis tónico clónicas generalizadas) frecuentes, asegura el doctor Antonio Gil-Nagel, jefe asociado del Servicio de Neurología y director de la Unidad de Epilepsia en el Hospital Ruber Internacional de Madrid, perteneciente al Grupo Quirónsalud.
Este riesgo se suma a los otros motivos que dan importancia a su detección y tratamiento adecuados.
El diagnóstico de epilepsia se establece cuando se ha producido al menos una crisis epiléptica y se identifican alteraciones en la exploración neurológica, electroencefalograma (EEG) o resonancia magnética que sugieren un riesgo alto de repetición de crisis epilépticas.
El diagnóstico suelen establecerlo neurólogos de adultos y de niños, pero también neurocirujanos, médicos de urgencias y generalistas.
Cuando se indica un tratamiento farmacológico su seguimiento suele realizarse por especialistas en neurología, y lleva consigo monitorizar la eficacia, y posibles efectos adversos de los fármacos, para lo cual suele ser necesario realizar ajustes de dosis y en casi un 50 % de los pacientes sustituir algún medicamento anticrisis epilépticas por otros.
En la consulta también se busca si están sufriendo crisis epilépticas no identificadas, por ocurrir estando solo, durante el sueño o tener síntomas sutiles que pueden pasar desapercibidos al paciente y los testigos. Las crisis no identificadas pueden representar hasta el 25 % de las crisis, según algunos estudios.
::: Qué es la epilepsia
Tal y como recuerda el doctor Gil-Nagel, la epilepsia puede estar causada por numerosas enfermedades que afectan el equilibrio entre la inhibición y la excitación de las neuronas de la corteza cerebral, predisponiéndolas a tener un exceso de actividad no regulada.
“Como consecuencia, se producen crisis epilépticas, que son episodios recurrentes y recortados de actividad neuronal excesiva, manifestándose como síntomas estereotipados generalmente breves. Las crisis epilépticas repetidas pueden afectar otras funciones cerebrales (ánimo, sueño, cognición) y afectar negativamente las relaciones familiares, sociales, y laborales”, apunta.
A pesar de que esta enfermedad es más común en niños y en ancianos, puede afectar a personas de cualquier edad. La buena noticia es que, en la mayor parte de los casos, las crisis se controlan con medicación o con cirugía, y los pacientes pueden llevar una vida normal.
“En algunas ocasiones, la epilepsia desaparece por sí sola con el paso del tiempo, especialmente cuando ha debutado durante la infancia, pero también en los adultos”, asegura el doctor Gil-Nagel.
::: No sólo las convulsiones son un síntoma
Así, destaca que el principal síntoma de la epilepsia es la aparición de crisis de forma espontánea, que suelen durar entre medio minuto y dos minutos; las crisis se expresan como convulsiones o en forma de alteraciones transitorias de la conciencia, la memoria, el habla, el movimiento, la sensibilidad, la visión, y cualquier otra función del sistema nervioso central.
Para comprender bien el tipo de epilepsia, diagnosticar sus causas, seleccionar el tratamiento, establecer el pronóstico y cuantificar el impacto que tiene en la vida de los pacientes, las crisis epilépticas las clasificamos en dos grandes grupos:
• Crisis generalizadas: afectan a los dos hemisferios cerebrales. Son de diversos tipos: crisis de ausencia (desconexión sin alteración del movimiento), crisis tónicas (rigidez muscular), crisis atónicas (pérdida de control de los músculos), crisis mioclónicas (espasmos instantáneos y bruscos en los brazos o en las piernas), crisis tónico-clónicas (pérdida de conocimiento, rigidez y posterior sacudida de las extremidades, a veces acompañado de ausencia del control de esfínteres o mordedura de la lengua).
• Crisis focales: se produce en una zona concreta, aunque en muchas ocasiones se extiende a otras partes del cerebro. Pueden acompañarse o no de alteración de la conciencia, y sus sintomatología indica que se ha activado una zona concreta de la corteza cerebral, por ejemplo: hormigueos, mareo, movimientos involuntarios y visión de luces parpadeantes. Cuando hay alteración de la conciencia se observa falta de respuesta a estímulos externos, conducta automática como movimientos de masticación, caminar sin rumbo o realizar acciones que posteriormente no recuerdan.
“El tratamiento varía dependiendo de las características de cada persona y del tipo de epilepsia. En la mayoría de los casos es necesario iniciar medicación especifica (denominados fármacos antiepilépticos o anticrisis epilépticas). También es importante valorar los hábitos de vida, evitando el consumo excesivo de alcohol y de otras sustancias tóxicas, y cuidar la rutina del sueño”, explica el médico.
::: Qué hacer ante una crisis epiléptica
Ya durante una crisis epiléptica, especialmente en las generalizadas tónico-clónicas, el objetivo principal es proteger al paciente de posibles traumatismos: “Para ello, se recomienda retirar objetos cercanos que puedan causar daño y aflojar prendas que dificulten la respiración, como cinturones o corbatas».
Además, es fundamental no intentar sujetar al paciente, no forzar la apertura de la mandíbula y no introducir objetos en su boca, una práctica errónea todavía extendida que puede provocar lesiones mandibulares, rotura de dientes y mordeduras”.
También en caso de convulsiones, se debe colocar al paciente de lado (posición lateral de seguridad), ya que así facilitamos la respiración y reducimos el riesgo de aspiración, especialmente al final de la crisis, según apunta el doctor Gil-Nagel.
En el caso de crisis focales sin convulsiones, se debe evitar invadir el espacio cercano al paciente, pero mantener la vigilancia enviando que se dirija a zonas peligrosas (carreteras, ventas, etc.). En todos los casos es útil recoger información sobre los síntomas y su duración o incluso grabarlas en video.
“En las crisis parciales complejas, es clave evaluar el nivel de conciencia haciendo preguntas y dando órdenes sencillas para conocer la capacidad de respuesta del paciente. También describir los movimientos o automatismos observados. Esta información será esencial para el diagnóstico posterior y el seguimiento clínico”, añade el especialista en Neurología del Hospital Ruber Internacional.
Tras las crisis tiene lugar un periodo que denominamos 'postcrítico’, para conocerlo mejor y valorar la gravedad de la crisis: “Se debe comprobar si está orientado en tiempo y espacio, si recuerda lo sucedido, si presenta alteraciones del lenguaje o está combativo. También es importante permitir que la persona descanse, ya que es frecuente que aparezca somnolencia o confusión tras el episodio”.
Asimismo, el doctor Antonio Gil-Nagel recuerda que se debe acudir a un servicio de urgencias ante una crisis epiléptica, porque es necesaria una atención médica inmediata en los siguientes casos:
• Primera crisis en la vida del paciente.
• Crisis que duran más de cinco minutos (este tiempo varía según cada paciente).
• Episodios que se repiten sin recuperación de la conciencia.
• Se ha producido lesiones.
• El paciente o sus familiares lo solicitan.
“Las crisis epilépticas constituyen una de las urgencias neurológicas más frecuentes y, pese a su impacto visual, requieren una actuación sencilla, ordenada y basada en la prevención de daños”, indica el especialista.
::: Principales causas
Actualmente, la epilepsia puede estar causada por diversos factores: fruto de un traumatismo, tumor cerebral, malformación congénita, infección, accidente cerebrovascular, enfermedades neurodegenerativas o alteraciones genéticas, principalmente.
“En torno al 30 % de los casos no identificamos la causa, pero se puede asumir que está producida por variantes genéticas. Una de las más conocidas, pero no por ello frecuente, es la 'epilepsia fotosensible’, en la que las crisis están causadas por estímulos luminosos específicos, como la luz intermitente o determinados contrastes de luz y de oscuridad», precisa.
En los niños son frecuentes las epilepsias focales que cesan al alcanzar una determinada edad, son las 'epilepsias focales autolimitadas de la infancia; entre ellas una de las más comunes es la “epilepsia rolándica”, que se caracteriza por episodios de salivación, movimientos involuntarios o entumecimiento en la cara, normalmente al despertar por la mañana; esta habitualmente no precisa tratamiento farmacológico”, describe el experto del Hospital Ruber Internacional.