Las ratas poseen un fuerte instinto maternal; cuando una cría es amenazada salen de sus madrigueras, gritan,

chillan y amenazan, especialmente durante las dos primeras semanas de vida de sus crías. Si una cría (o varias) es desplazada a corta distancia de la madriguera o amenazada, la rata sale de la madriguera a protegerla.

 Sin embargo, este comportamiento depende de la evaluación del riesgo: si detecta una amenaza mayor, puede permanecer oculta durante mucho tiempo. En términos etológicos, el estímulo de las crías es uno de los más eficaces para provocar que la rata abandone temporalmente la madriguera. Las ratas con camada suelen mostrar una conducta defensiva más intensa, ya que el cuidado de las crías incrementa su agresividad territorial. Sin embargo, desde el punto de vista etológico, las ratas no son animales que busquen el enfrentamiento; sólo cuando están enfermas, una rata con una enfermedad neurológica grave, incluida la rabia, puede mostrar una agresividad desproporcionada. Sólo cuando perciben que no existe posibilidad de huida o que sus crías están en peligro, el comportamiento defensivo puede transformarse en un ataque directo al causante de la amenaza, algo que deben Valorar Trump y Ronald D. Johnson. Más allá de su comportamiento natural, las ratas representan para el derecho un problema de salud pública. Estos roedores contaminan alimentos, agua y espacios comunes, además de ser potenciales transmisores de enfermedades, además de que regularmente son vectores porque van acompañados de agentes contagiosos como las Xenopsylla cheopis (pulgas) agentes de contagio que son sus aliadas – en biología rémoras – por lo que la legislación mexicana establece mecanismos para su control, aunque regularmente ignoradas. La Ley General de Salud, en su artículo 111, fracción III, señala que la promoción de la salud comprende el control de los efectos nocivos del ambiente, fundamento que sustenta las acciones de saneamiento dirigidas a evitar la proliferación de fauna nociva. Asimismo, el artículo 278, fracción I, define a los plaguicidas como las sustancias destinadas a prevenir o combatir plagas, categoría en la que se encuentran los roedores. De manera complementaria, el artículo 404, fracción VI, faculta a las autoridades sanitarias (cuando las hay) para ordenar la destrucción o control de la fauna transmisora y nociva, no para protegerlas, base legal de las campañas de desratización que realizan los gobiernos y los particulares. En consecuencia, combatir las plagas de ratas no es sólo una medida de limpieza urbana, sino una obligación jurídica y sanitaria encaminada a proteger la salud de la población y preservar condiciones adecuadas de salubridad en las comunidades. Aunque México y Estados Unidos no cuentan con un tratado bilateral específico para el combate de ratas, sí existe un marco de cooperación sanitaria y ambiental que obliga a ambos países a coordinar acciones contra la fauna nociva. El Acuerdo que crea la Comisión de Salud Fronteriza México-Estados Unidos y el Acuerdo de La Paz de 1983, del que deriva el Programa Frontera 2025, promueven la colaboración para prevenir riesgos a la salud pública y controlar vectores y reservorios de enfermedades. En el ámbito nacional, la Ley General de Salud faculta a las autoridades mexicanas, en sus artículos 111, 278 y 404, para realizar acciones de saneamiento y control de fauna nociva, incluyendo las plagas de roedores. Así, el combate a las ratas no sólo es una tarea municipal o estatal, sino un esfuerzo binacional orientado a proteger la salud de las comunidades y evitar la propagación de enfermedades a ambos lados de la frontera. Si México omitiera controlar una plaga de ratas con riesgo sanitario fronterizo, Estados Unidos podría exigir mecanismos de cooperación binacional y reforzar inspecciones, controles y alertas sanitarias para proteger a su población, dada la naturaleza compartida del riesgo. Un problema de esta naturaleza dejaría de ser local para convertirse en un asunto de seguridad “sanitaria” común. Cualquier similitud con algún caso que usted identifique es mera coincidencia. Y, por cierto, resulta recomendable leer "La peste" de Albert Camus. Al final, las ratas no siempre anuncian una epidemia; a veces anuncian la decadencia de una sociedad que decidió acostumbrarse a ellas.
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