Pareciera increíble saber de la existencia de un político “dedicado a ser feliz”. ¿En México? ¿En qué parde del mundo?

En la mayoría de los casos están consagrados a multiplicar su riqueza, amasar fantásticas fortunas para vivir como príncipe, rey u oligarca.

Contra lo que se pudiera creer, sí existe ese personaje. Por supuesto que no es un “jovenzuelo”. Tampoco ocupa prominente cargo público. No es expresidente de México, así que están descartados Vicente Fox, Ernesto Zedillo, Carlos Salinas, Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador.

Buscó ser gobernador, nunca lo fue.

Ya ronda los 80 años, edad que en la actualidad no equivale a retiro. Ejemplo reciente: Alejandro Gertz Manero se acaba de estrenar como embajador de México en el Reino Unido a los 86 años. El secretario de Salud David Kershenobich tiene 84 años. Ambos con el vigor que reclama su responsabilidad.

El personaje al que se alude ha sido legislador, alcalde de una de las ciudades capitales más importantes del país, funcionario de alto nivel, sin llegar a ser secretario de despacho. Antes de meterse a la política, hizo su patrimonio en la iniciativa privada, así que no es el clásico político enriquecido.

Su caso demuestra que hay quienes no olvidan ni pierden valores humanos. “Ser feliz” debe ser objetivo para cualquiera. ¿O para qué estamos en este planeta? ¿Para ser el más poderoso enredado, mucho más que el queso Oaxaca, en toda clase de conflictos?

Cuando indagamos entre sus amigos a que está dedicado el personaje protagonista de este texto, la respuesta unánime fue: “a ser feliz, con sus hijos, con sus nietos, con su familia”.

¿Nombre del personaje? Baste con las iniciales RC. Lo esencial es seguir su objetivo de vida: ser feliz.

Arturo Zárate Vite

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