Si la pandemia en el mundo es una llamada de atención para la sociedades, un escarmiento para cambiar y enderezar el rumbo, por lo visto, no termina de entenderse de esa manera y mucho menos de asimilarse. Persisten defectos y vicios, en todos los ámbitos.

Por la pandemia, en el mundo, el poder judicial se ha visto obligado a computarizar su trabajo, a no detenerse por el confinamiento, sino avanzar a través de lo que muchos empezaron antes de la aparición del Coronavirus y llaman “justicia en línea”.