Entre las diversas distorsiones que han vivido los movimientos políticos en el orbe, se encuentra el concepto de “derechos humanos” que, paulatinamente, no sólo han dejado de ser una bandera justa y necesaria para alcanzar la ansiada equidad, sino que se han transformado en simples recursos retóricos utilizados para arengar y fingir compromisos políticos e ideológicos entre votantes, partidarios y feligreses.

Quienes consideramos a la libertad y a la democracia como derechos fundamentales del ser humano, vivimos momentos sumamente aciagos y preocupantes. En todas las naciones del mundo se gestaron movimientos políticos disruptivos, ensalzando banderas muy populares que reivindican injusticias añejas y profundamente arraigadas en el inconsciente colectivo, con miras a generar bases electorales amplias y sólidas, para obtener el control del poder político de las naciones. 

Nuestra patria, al igual que todos los países del continente americano, es un Estado joven, fruto de las ideas liberales del siglo XVIII sobre su necesidad, valor y fin. Con apenas 210 años de vida independiente, nuestro querido México ha tenido una vida convulsa, llena de vaivenes sociales, políticos y económicos, que mucho han dificultado su desarrollo. 

La crisis sanitaria por la que atravesamos, por la pandemia del virus SARS-CoV-2, —al menos para algunas autoridades— pareciera haber desaparecido los otros problemas que siguen generando graves estragos en la vida de la sociedad mexicana. La violencia es uno de los que, pese a los intentos y distracciones oficiales, sigue estando latente en todos los confines del territorio nacional.

El pasado 31 de agosto se hizo público un suceso verdaderamente lastimoso para todos. En Naucalpan, Estado de México, dos sujetos, escoltados por otros dos en motocicleta, subieron a una unidad de transporte público para asaltar a los usuarios. Ahí, uno de los asaltantes, disparó en contra de uno de ellos, sólo para demostrarles que “era en serio”. El joven herido fue trasladado al hospital donde, horas después, perdiera la vida a consecuencia de las heridas.