El único panista que creyó en el triunfo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 fue Manuel J. Clouthier. Nadie más de Acción Nacional salió a defender el
resultado de la elección.
“Maquío” como le decían sus amigos y seguidores, no dudó en acompañar al ingeniero Cárdenas a la Secretaría de Gobernación, encargada de organizar las elecciones.
Cárdenas, Maquío y Rosario Ibarra, los tres, juntos, fueron a dicha secretaría a exigir transparencia y respeto a la voluntad popular. Acudieron la noche del seis de julio de 1988.
Si estaba ahí Clouthier no era porque suponía que los números le favorecían sino porque no tenía duda de las irregularidades cometidas durante el proceso, en particular la caída del sistema, justo cuando Cárdenas repuntaba en la votación nacional.
El candidato presidencial panista, originario de Sinaloa, era un tipo echado para adelante. “Amigo, esto ya no lo para nadie”, fue su expresión cotidiana para subrayar su decisión de hacer valer el voto de los ciudadanos y ciudadanas emitido en las urnas.
Se veía dispuesto a todo, hasta donde topara la defensa del voto, sin importar si Cárdenas había sido el ganador de los comicios, un respetable personaje de la izquierda.
Su comportamiento lo hacía congruente con sus principios, con los valores democráticos, con la defensa del voto.
Lo que no esperaba el Maquío es que su propio partido le diera la espalda, lo dejó sólo.
El PAN se replegó. Por nada del mundo quería abrir la posibilidad de que el ingeniero Cárdenas llegara a la presidencia. La dirigencia azul prefirió ponerse de acuerdo con el tricolor para entronizar al candidato priista. Aceptó lo que definió como la legitimación en el ejercicio del poder, todo con tal de bloquear las aspiraciones de Cuauhtémoc.
Arrió banderas y abandonó a su suerte al Maquío.
X y Tik Tok: zarateaz1