¿Qué sueñan las mujeres con depresión?

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Las mujeres que experimentan depresión mayor —aún sin tratamiento médico— sufren una reducción en su capacidad de soñar, y cuando lo hacen experimentan menos emociones durante el sueño en comparación con mujeres sanas.
 
Un estudio realizado por investigadores mexicanos arrojó también que cuando las mujeres con depresión tienen sueños y logran experimentar emociones, estas tienden a ser negativas. Asimismo, que el contenido onírico es mucho menos detallado —realista— que el de las personas sin esa enfermedad.
“Además de soñar con menos frecuencia durante una noche, las pacientes deprimidas sueñan con mucho menos detalle, por ejemplo, sueñan una sola imagen, sin acción, sin historia, mientras que una persona sana experimenta historias con una gran carga de realismo y emoción durante el sueño”, dijo Ana Paula Rivera García, responsable del estudio.
 
En entrevista exclusiva para la Agencia Informativa Conacyt, la investigadora en ciencias médicas, adscrita al Laboratorio de Cronobiología y Sueño del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, explicó que a nivel cerebral, observaron un déficit en la comunicación —actividad electroencefalográfica— entre las estructuras de la corteza frontal y regiones límbicas, en específico en el hemisferio cerebral izquierdo.
No obstante, precisó que este déficit en la comunicación electroencefalográfica en estas regiones es un dato aún preliminar, el cual debe ser investigado a profundidad porque existe la probabilidad de que esa sea la razón por la cual no se genera o se consolida un sueño en las mujeres con depresión.
Despertares experimentales en mujeres mexicanas con depresión
El primer paso del estudio fue identificar pacientes con depresión mayor, aún sin ser medicadas, que no tuvieran algún otro trastorno pareado y sin alteraciones mayores de sueño. A partir de una convocatoria lanzada en el propio instituto, se captó un grupo inicial de 39 pacientes que tras un primer filtro se redujo a 12, y se conformó un segundo grupo de 12 pacientes control, es decir, mujeres sanas.
A cada uno de los miembros de ambos grupos se les convocó a dos noches de registro durante las cuales durmieron en el instituto. La primera noche fue de habituación, ya que duermen de manera continua; mientras que en la segunda se llevó a cabo el ensayo, que consistió en una serie de despertares experimentales, previo a los cuales se realizó una entrevista para conocer la historia clínica y el estado emocional de las involucradas.
Tras la entrevista, a las pacientes se les colocó una serie de electrodos para registro polisomnográfico, además de electrodos bipolares en dos músculos faciales —corrugador y cigomáticos mayores— para medir las expresiones del rostro durante el sueño.
Posteriormente, la paciente fue ingresada a la cámara de sueño —el registro se realizó entre las 22:00 y 6:00 horas—. Durante ese periodo, fueron monitoreadas por los investigadores para detectar las fases de movimientos oculares rápidos (MOR), durante las cuales se llevan a cabo los sueños.
 
“Cuando detectábamos que iniciaba una, nos asegurábamos de que al menos durara tres minutos para consolidar el contenido onírico. Una vez superados los tres minutos, nuestro siguiente indicador era la detección de algún gesto facial, el cual no identificamos observando la cara sino la actividad electromiográfica”.
Una vez detectada la actividad del músculo se midió la duración y el voltaje, datos que también fueron analizados y que arrojaron que las pacientes con depresión registran un incremento en el voltaje del corrugador, músculo utilizado para fruncir el ceño y una disminución en el cigomático, el músculo de la sonrisa.
“Una vez que se cumplían estas características, detectar la fase MOR, duración de tres minutos y un gesto en los músculos de la cara, ingresábamos a la habitación para despertar a la paciente para preguntarle si estaba soñando; cuando la respuesta era positiva, se le pedía contar de manera ininterrumpida su sueño, al terminar se le preguntaba si experimentó algún tipo de emoción”.
A partir de esa dinámica, que se repitió entre cuatro y seis veces a lo largo de toda la noche con cada una de las pacientes, fue que se detectó la disminución de la capacidad de soñar en las pacientes con depresión.
“Nuestra investigación arrojó que la capacidad de soñar en las mujeres con depresión se encuentra disminuida drásticamente, las emociones y los gestos faciales también se encuentran disminuidos y la potencia —actividad electroencefalográfica— absoluta y relativa de ritmos rápidos en las áreas F3 y T5 también se encuentra disminuida, en comparación a las sujetos sanas”, dijo la investigadora, para después revelar que una siguiente fase de la investigación será aplicar el experimento a un grupo de pacientes en remisión, así como en hombres y pacientes con ansiedad.

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