México y la Nueva Geopolítica con Cuba

México lleva desde 2023 enviando crudo y combustibles a Cuba —un puente energético presentado como ayuda

humanitaria— en un contexto en el que la isla padece apagones crónicos y escasez de combustible. Ese puente, sin embargo, se convirtió en un punto de fricción directo con Washington en el inicio del nuevo ciclo político estadounidense: con unos vecinos al norte que aprietan el cerco sobre Caracas y la Habana, por ende los barcos enviados a Cuba desde México se convierten en un problema de geopolítica.

Lo interesante es que justo después de la intervención norteamericana en Venezuela en enero de 2026, se reportó que Pemex retiró de su programa un cargamento de petróleo que debía viajar a Cuba
 en el buque Swift Galaxy y el viaje no se realizó. Ese movimiento muy silenciado en medios, vale más que mil mañaneras reiterando lo contrario y sugiere que el tema ya se trata como riesgo bilateral y por ende los barcos se vuelven discordia flotante para el gobierno mexicano.

La discusión dejó de ser retórica cuando aparecieron los números en reportes públicos, Pemex informó que, en los primeros nueve meses de 2025, México envía a Cuba 17,200 barriles aproximadamente diarios de crudo (calcúlenle a $57.00 usd por barril de crudo mexicano), lo que significa que mínimamente los mexicanos le estamos “regalando” un millón de dólares diarios solamente en este rubro al gobierno cubano.
Mismos al menos 365 millones de dólares anuales que debimos gastar internamente por decir una cosa a la que la 4T no le da importancia, en medicamentos contra el cancer para niños mexicanos y no en sostener una dictadura bananera.

Quizá cantidades de dinero no importantes en corridas presupuestales que palomean sin leer en el congreso de mayoría morenista, pero aguas que son lo suficientemente visibles como para encender alarmas políticas en EE. UU.

Lo que hoy inquieta en México es que la administración de Trump evalúa un bloqueo naval total para frenar importaciones de petróleo hacia Cuba, con supervisión directa del secretario Marco Rubio, una real amenaza operativa sobre rutas marítimas con la que el gobierno mexicano no puede jugar.

Sheinbaum se la está pensando dos veces, el mantener los envíos significaría inmediatas represalias estadounidenses, lo que quiere decir que el “costo” ya se calcula dentro del gabinete mexicano.  
Aquí aparece la lógica Rubio: por años uno de los promotores más visibles de endurecer la política hacia Cuba y de perseguir (con sanciones y presión) a quienes sostienen al régimen cubano con oxígeno energético. Incluso antes, Rubio ya había advertido públicamente que los tratos petroleros con La Habana exponían a Pemex a sanciones.  

No detener los barcos significaría hoy evidentes sanciones financieras: Aranceles, castigo  a entidades, aseguradoras, navieras o intermediarios vinculados al suministro y lo que se le ocurra hoy al presidente norteamericano.

Existe un claro riesgo de aseguramiento, Interdicción marítima ó bloqueo total a Cuba, que es lo que está sucediendo justo el día de hoy, que vimos el escenario más duro volverse realidad, donde literalmente se intenta impedir el tránsito de “ayuda” energética.

En otras palabras: “van a detener los barcos” no como un acto teatral con marines abordando un petrolero; sino con una combinación de presión legal, financiera, logística y aseguramiento físico, hasta volver inviable el envío, sin arriesgar el futuro comercial de por sí dudoso de nuestro país.

México ha defendido que los envíos no han aumentado “más allá de niveles históricos” y que se enmarcan en ayuda humanitaria, pero el problema no es solo “cuánto” se manda: es cuándo y en qué momento del pulso Washington–La Habana ocurre, con Venezuela fuera del juego, México luce como sustituto del régimen de Maduro en su apoyo a la isla y por ello como blanco de la furia de Trump.

Todo eso conecta con un costo mayor: México está simultáneamente intentando navegar temas críticos con EE. UU. (migración, seguridad, comercio/USMCA), y cualquier política que en Washington se lea como “apoyo a un adversario” se vuelve munición en la negociación.

El retiro del cargamento del Swift Galaxy del calendario no es un detalle técnico: es un mensaje cifrado. Si Pemex o el gobierno ajustan envíos sin explicarlo, es porque ya no se trata solo de Cuba, sino de administrar exposición: evitar titulares, reducir trazabilidad, bajar perfil… o ganar tiempo para una decisión mayor.  En el nuevo tablero geopolítico cada petrolero rumbo a La Habana puede convertirse en “prueba” de lealtad o desafío.

Si Rubio y la Casa Blanca empujan la lógica de bloqueo/interdicción, México enfrenta un dilema clásico: sostener una política de afinidad histórica con Cuba o blindar su margen de maniobra frente a un socio que no está pidiendo explicaciones: está diseñando mecanismos para imponer costos a futuro.

Alito Moreno presidente del PRI, parece tener una bola de cristal en la lectura del tema, hace semanas puso el dedo sobre la llaga en  el asunto del petróleo enviado a Cuba, los millones invertidos y las consecuencias que traería a nuestro país desafiar el franco bloqueo que vio venir sobre Cuba y después de que él lo expusiera ante la opinión pública mexicana, casualmente subió la presión norteamericana y vino el repentino paro de los envíos de México a la Habana… ¿será que hay ya seguimiento especial a la oposición en México en aras de escoger candidatos para el 2030 por parte de determinadas oficinas del gabinete estadounidense?

En política exterior, lo que no se decide por convicción, se decide por riesgo. Y hoy el riesgo, literalmente es incosteable  para el gobierno mexicano

Alejandra Del Río

@alejandra05 @aledelrio1111

Presidenta de PR Lab México, Catarte y Art Now México, ha escrito columnas sobre política, arte y sociales en muchos de los medios más reconocidos del país, particularmente en el Heraldo de México, El Punto Crítico y en el Digitallpost. Ha participado en numerosos proyectos de radio a lo largo de 20 años, hoy además dirige el podcast Fifty and Fabulous en Spotify.