La cancelación de la visa estadounidense de Andrés Manuel López Beltrán desató una nueva tormenta política.
No porque el hijo del expresidente ocupe un cargo estratégico para el Estado mexicano, ni porque represente diplomáticamente a nuestro país, sino porque desde Palacio Nacional se intentó convertir un asunto estrictamente personal en una afrenta contra la soberanía nacional.
Claudia Sheinbaum calificó la decisión como un acto político y de injerencia. Andrés Manuel López Beltrán, por su parte, dirigió una carta a Donald Trump en la que acusó al secretario de Estado, Marco Rubio, y a Christopher Landau de actuar con motivaciones “politiqueras y propagandísticas”. Incluso comparó la medida con prácticas “al estilo hitleriano” y pidió al presidente estadounidense destituir a ambos funcionarios, y Trump seguramente se atacó pero de risa.
La respuesta de la Embajada de Estados Unidos fue breve, institucional y demoledora:
“Estados Unidos cancelará cualquier visa cuando existan razones para hacerlo, sin importar quién sea el titular, dónde viva o cuáles sean sus opiniones políticas. Las visas son un privilegio, no un derecho”.
México decide quién entra a México y Estados Unidos decide quién entra a Estados Unidos, así de sencillo y esa es precisamente una de las expresiones más elementales de la soberanía de cualquier nación.
No hay una violación a la soberanía mexicana porque a un ciudadano mexicano (aunque sea hijo de un expresidente y exdirigente de Morena) le hayan retirado el permiso para ingresar a territorio estadounidense. Tampoco existe una obligación internacional para explicar públicamente las razones, porque los expedientes migratorios están sujetos a normas de confidencialidad.
Lo verdaderamente preocupante es que la presidenta de México utilice la investidura presidencial para defender un asunto migratorio particular.
Por lo que cabe aclararle a Doña Claudia, algunos puntos que parece estar olvidando, Andy no es México, Andy no representa la soberanía nacional y Estados Unidos no necesita su autorización para decidir quién puede ingresar a su territorio, parece como de primaria el tener que llegar a este extremo, pero ver como se desgarran las vestiduras, como 24 gobernadores morenistas publican un comunicado en conjunto en apoyo al hijo de ex-presidente al que no se le puede atribuir en su partido mas que la guamiza que le acomodaron en Durango y en Coahuila y encima de todo esto, que la Presidenta de la República haga menudo ridiculo defendiendolo con un argumento tan absurdo, no merece menos que indignación absoluta.
La reacción presidencial resulta todavía más cuestionable porque confirma la existencia de una doble vara. Cuando se trata de un ciudadano común al que le niegan una visa, el gobierno mexicano no convoca conferencias, no denuncia injerencias y tampoco convierte el caso en una controversia diplomática. Pero cuando el afectado pertenece a la familia López Obrador, la maquinaria política, partidista y gubernamental se activa de inmediato, eso no es defensa de la soberanía, es defensa del grupo en el poder.
Más allá de haberse exhibido solo, de haberse puesto en la mira de acciones más concretas por parte de los americanos, exigiendo el despido de dos de los mas influyentes personajes del gabinete de Trump, Andrés Manuel López Beltrán podría tener derecho a inconformarse, a publicar cartas absurdas, egocéntricas y mal calculadas y a exigir las explicaciones que considere pertinentes y que evidentemente no quiere que le den, por que ya si pide pruebas, quizá se las envíen junto con una petición de extradición. Lo que no puede pretender es que una visa estadounidense constituya un derecho adquirido por apellido, influencia política o cercanía con Palacio Nacional y mucho menos pretender vendernos el numerito como un ataque político al movimiento que a todas luces sigue siendo de su papá, por que de entrada el señor no ha ocupado mayor cargo que en su partido, al que por cierto ya renunció en la busqueda de un muy necesario fuero constitucional, pero hasta el día de hoy ni candidato político es, por que aún no es tiempo oficial de campañas, entonces todo este jaleo, se hace por un ciudadano, que no representa mas que a lo peor de nuestro sistema, los juniors corruptos, sin ofocio ni beneficio, que se dedican a vender influencias y a enriquecerse de las mismas, mientras sueñan con heredar sin méritos, el cargo de papi.
Su carta a Donald Trump, además de desproporcionada, grosera y absurda, exhibe una preocupante confusión sobre las relaciones internacionales. Pedir al presidente de otro país que despida a su secretario de Estado porque cancelaron una visa no es diplomacia, es ignorancia y arrogancia.
También resulta contradictorio que quienes durante años han descalificado a Estados Unidos, acusado a sus autoridades de intervencionismo y utilizado el discurso antiimperialista como bandera política reaccionen con semejante indignación cuando pierden el privilegio de viajar a ese país, quizá lo que realmente le preocupa es que le apliquen el “Magnitsky act” y le congelen junto con sus viajes a ver a mickey mouse, sus millonarias cuentas en dólares.
La cancelación de una visa no demuestra por sí misma que una persona haya cometido un delito, pero si bien no es una acusación formal, si deja ver que algo se sospecha ó bien a bien se sabe ya de él, al otro lado de la frontera norte.
La Embajada estadounidense no reveló las razones específicas de la cancelación. Sin embargo, recordó una regla que se aplica a cualquier extranjero, la visa puede ser revocada cuando las autoridades consideren que existen motivos para hacerlo, por supuesto muchos cumplimos cabalmente con la recomendación de Christopher Landau de ir a comprar palomitas, por que lo sigue (según su propia publicación en X) se va a poner todavía mejor.
Lamentablemente el problema político está en México, donde el gobierno pretende confundir deliberadamente al partido, la familia y la nación, Morena no es México, la familia López Obrador no es el Estado mexicano y la visa de Andy no es un asunto de soberanía nacional.
Claudia Sheinbaum debería concentrarse en defender los verdaderos intereses del país: la seguridad fronteriza, el comercio bilateral, los derechos de nuestros migrantes, el combate al tráfico de armas y la cooperación contra el crimen organizado. Utilizar la Presidencia para gestionar agravios de este tipo, sólo debilita la posición de México frente a su principal socio comercial.
La diplomacia exige prudencia, seriedad y sentido de Estado. No escándalos, cartas incendiarias ni comparaciones irresponsables con el nazismo.
A veces, la respuesta más contundente es también la más sencilla: una visa es un privilegio, no un derecho, a ver si ahora si les queda claro.