En el nuevo orden mundial ya no caben Menchos, Maduros ni Ayatolas

En medio de las aparentes crisis que sacuden el planeta –guerras, inestabilidad económica y tensiones geopolíticas–,

soy optimista sobre el futuro. El mundo está transitando hacia un nuevo orden, impulsado por la inteligencia artificial (IA), la ciencia y la robótica, donde figuras autoritarias y criminales como Nemesio Oseguera Cervantes "El Mencho", Nicolás Maduro o los ayatolas de Irán simplemente no tienen cabida. Este cambio no es solo tecnológico; es una transformación profunda que premia la innovación, la libertad y la investigación, dejando atrás los vestigios de un viejo mundo marcado por la violencia y el autoritarismo. Lástima que México, mi país, llegue mal y tarde a este futuro prometedor. 

El viejo orden mundial se caracterizaba por el dominio de regímenes opresivos, carteles criminales y líderes que perpetuaban el caos a través de la corrupción, la represión y el control ideológico. Era un sistema donde el poder se mantenía por la fuerza bruta, el aislamiento y la manipulación, frenando el avance humano y exacerbando desigualdades. En contraste, el nuevo orden emerge como una era de interconexión digital y científica, donde la IA optimiza recursos, la robótica resuelve problemas complejos y la investigación acelera avances en salud, energía y economía. Este shift no tolera inestabilidad porque la innovación requiere entornos estables, transparentes y éticos: gobiernos que invierten en educación y tecnología en vez de en represión, y sociedades que priorizan el conocimiento sobre el miedo. 

Consideremos los eventos recientes que ilustran esta transición. El 22 de febrero de 2026, fuerzas federales mexicanas abatieron a "El Mencho", líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un operativo en Jalisco en conjunto con las autoridades de EUA. Este golpe al crimen organizado no solo debilitó una de las organizaciones más sanguinarias de México, responsable de miles de muertes y del tráfico de fentanilo que azota a Estados Unidos, sino que simboliza el fin de una era donde los narcos dictaban agendas locales, aunque aún falta por erradicar la narcopolitica del sistema de partidos. En Venezuela, el 3 de enero de 2026, fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, quien ahora enfrenta cargos por narcoterrorismo en Nueva York. Su remoción ha abierto un limbo político, con Delcy Rodríguez como presidenta interina, pero también ha liberado a cientos de presos políticos y reactivado negociaciones para una transición democrática. Y en Irán, el asesinato del ayatola Ali Khamenei en ataques conjuntos de EE.UU. e Israel a finales de febrero de 2026 ha desencadenado protestas masivas y un debilitamiento del régimen teocrático, con llamados a un cambio de régimen que resuenan en todo el mundo. 

Aunque el colapso total no es inminente, el impacto es comparable al de la caída de la Unión Soviética: un régimen aislado y opresivo pierde su intimidación regional. Estos sucesos no son aislados; responden a un nuevo orden mundial donde la IA, la ciencia y la robótica redefinen las reglas. Según proyecciones del Fondo Monetario Internacional y McKinsey, en 2026 la IA impulsará un crecimiento global del 3.3%, automatizando hasta el 57% de los empleos existentes y creando valor económico de hasta 2.9 billones de dólares en EE.UU. para 2030. Los robots humanoides, como los desarrollados por empresas como Figure y Agility Robotics, integran IA para tareas físicas, desde manufactura hasta cuidado de ancianos, transformando industrias enteras. Este "superciclo" de IA no tolera inestabilidad: requiere gobiernos estables, éticos y orientados al progreso. Países como EE.UU., Italia y alianzas de naciones medianas invierten en "IA soberana" para fortalecer su soberanía digital, dejando atrás regímenes corruptos o teocráticos que frenan la innovación. No se puede sostener un mundo de experimentos científicos acelerados por IA –donde robots planifican y ejecutan investigaciones– con líderes que promueven el caos o la represión. 

Sin embargo, lástima México. Aquí, cuando pudimos unirnos como nación bajo la presidenta Claudia Sheinbaum por el abatimiento de "El Mencho" –un momento que pudo fortalecer la seguridad y la cohesión social–, optamos por el camino opuesto. En lugar de capitalizar esa victoria para avanzar hacia el futuro, el gobierno impulsó la reforma electoral en febrero de 2026 que generó divisiones. Estas reformas, junto con la reducción de la semana laboral a 40 horas, llegan en un contexto de crecimiento económico tibio (1% proyectado para 2026) y dependencia de EE.UU., exacerbando polarizaciones internas en vez de fomentar unidad. Mientras el mundo celebra la caída de los ayatolas y Maduros –con países democráticos uniéndose en alianzas para IA y robótica–, México se aferra al viejo orden con respuestas leguleyas y debates estériles. Somos la excepción: un país con potencial inmenso en nearshoring y energía, pero que llega tarde al banquete del nuevo orden mundial, distraído por reformas que nos ponen a pelear entre nosotros. El nuevo mundo de IA no espera; premia a quienes innovan sin mirar atrás. A pesar de todo, soy optimista. El futuro global es brillante: uno donde la IA resuelve todo tipo de crisis, acelera curas médicas y redefine el trabajo humano. México aún puede sumarse, pero debe dejar atrás las sombras del pasado. Si no, seguiremos lamentando llegar mal y tarde.

 César Daniel González Madruga

Doctorante en Humanidades por la ULA,  licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por  la Universidad Iberoamericana, maestro  en Marketing Digital por la Universidad Rey Juan Carlos en España y maestro en Gestión internacional del turismo por la Universidad The Ostelea, en Barcelona.

x: @CesarG_Madruga