Tras la misa en la Plaza de San Pedro, Francisco compartió la alegría del público con motivo de la resurrección de Cristo tras su crucifixión. En el papamóvil, Francisco recorrió brevemente una sección de los asistentes, besando a bebés y acariciando niños en la cabeza.
Un admirador del papa y del equipo de futbol del que es seguidor el Romano Pontífice en Argentina, San Lorenzo de Almagro, insistió en que Francisco recogiera la camiseta del equipo que agitaba. Francisco la recogió amablemente y la retuvo por breves instantes.
Desde el comienzo de su papado el 13 de marzo, Francisco ha repetido en múltiples ocasiones su preocupación por los pobres y el sufrimiento de la gente como tema central de sus mensajes, y el discurso que pronunció la Pascua de Resurrección desde el balcón de su estudio que domina la Plaza de San Pedro fue un reflejo de sus deseos de paz y justicia social.
El obispo de Roma deseó que la expresión “felices Pascuas” pueda llegar a “cada casa y cada familia, especialmente donde el sufrimiento es mayor, en los hospitales, en las cárceles”.
Francisco rezó para que Cristo ayude a la gente a “cambiar el odio por el amor, la venganza por el perdón”.
Al igual que sus predecesores, pidió a israelíes y palestinos que reanuden las negociaciones de paz y pongan fin al conflicto que “ha durado demasiado”. Y, sobre los dos años de guerra civil en Siria, Francisco preguntó: “¿cuánto más sufrimiento debe haber antes de una solución política?”.
El Papa mostró asimismo su deseo de que reine el “espíritu de la reconciliación” en la península coreana, donde Corea del Norte afirmó haber entrado en “un estado de guerra” con el Sur. Lamentó además la guerrilla y el terrorismo en Africa, y lo que consideró la forma de esclavitud más extendida: el tráfico de seres humanos.

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