"Un cohete fue disparado contra la base aérea de Ain al Asad", dijo esta fuente, dos días después de la elección en Irán del ultraconservador Ebrahim Raisi.

Su victoria fue saludada como "el fracaso de los peones estadounidenses" por los grupos proiraníes en Iraq, que buscan la expulsión de los dos mil 500 soldados norteamericanos aún desplegados en el marco de la coalición antiyihadista.

Un total de 43 ataques tuvieron como objetivo intereses de Estados Unidos desde comienzos de año en Iraq, como su embajada en Bagdad o bases que albergan a soldados o subcontratados de ese país, inclusive de la coalición, entre otros.

Estos ataques, perpetrados durante mucho tiempo con cohetes y bombas en los bordes de las carreteras, se han intensificado. Desde mediados de abril, se han lanzado cuatro acciones de drones con bombas, al modo de los lanzados por los rebeldes yemeníes pro-Irán contra Arabia Saudita.

Para los expertos, el uso de esta técnica es una señal de una escalada de violencia en Iraq, donde los estadounidenses actualmente están redesplegando sus sistemas de defensa aérea Patriot, pero aún mantienen los C-RAM que ya han interceptado numerosos cohetes.

Prueba de que Washington está visiblemente inquieto por estos acontecimientos, anunció diez días antes que ofrecía hasta tres millones de dólares por información sobre ataques dirigidos contra sus intereses en Iraq.

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