No exagero si escribo que en cuando menos 10 casos cometidos por “compañeros” de partido no se investigaron
“porque no hay denuncias en la Fiscalía General de la República”. Probablemente el más sonado haya sido (y es) el del senador Adán Augusto López H, quien fue señalado por opositores, cibernautas y en declaraciones periodísticas y análisis políticos y la presidenta de México salió con su spich; “no hay denuncias”.
Ella, la presidenta, ha repetido hasta el cansancio que sin denuncias ante las fiscalías federal y estatales, no se puede abrir una carpeta de investigación.
Cuando le cala algún señalamiento, responde: “pruebas, pruebas, pruebas”.
Sin embargo, la captura de Diego Rivera, cotizado artista en el crimen organizado, no en los murales que legó para la humanidad su “tocayo” y vecino de nacimiento, se logró por “denuncias anónimas, muchas denuncias anónimas e incluso a mi me presentaron dos o tres”. Y para que no quedara duda de la credibilidad que tiene el anonimato para la presidenta, la Fiscalía General y el secretario de Seguridad Pública Ciudadana, Omar García Harfuch, la presidenta afirmó que a raíz de ellas se iniciaron investigaciones que permitieron abrir carpeta y con los datos, se solicitó la orden de captura.
A ver: la denuncia anónima es aquella que no tiene un responsable para ratificarla. Es decir, cualquier, déjeme decirlo así: ¿un mal nacido que tenga odio jarocho por alguien denuncia anónimamente a una persona y se abre la investigación y se le captura?
Si así fuere, la presidenta nos debe no una sino muchas explicaciones sobre las denuncias anónimas que se han formulado en contra de compañeros de partido, de sector y hasta de cargos políticos.
Se reconoce que la detención de Rivera representó un golpe para el CJNG, aunque principalmente para su grupo político-empresarial. Lo que no está claro es que desde hace más de un año se habían denunciado y no de manera anónima sino con nombres y apellidos las tropelías del que fuera alcalde de tequila, Jalisco.
La mayoría de las acusaciones se basaron en actos de extorsión y quienes no pagan la “cooperación” sintieron “el poder de la ley”.
Clausura de restaurantes, comercios y demás por no entregar la cuota y hasta “incendios” que dejaron a sus propietarios sin recurso alguno.
Sin intentar siquiera defender al que no es pintor, no es muralista, no es creador de obras sí, por el contrario, es recolector de dinero y dicen que tiene más que Rico Mc Pato.
Lo trascendente del caso es que el anonimato es válido para pescar al que no se disciplina y quiere actuar para su santo y nada más.
Porque el Rivera es, aunque usted ya lo sepa y algunos no lo crean, un político que avala Morena y a quien se le tenía encomendado hacer el trabajo político necesario para las elecciones para gobernador, aunque lejanas, permitieran su triunfo y arrojara de Palacio de Gobierno a los naranja -los de Movimiento Ciudadano- que, de completar el sexenio, sumarán doce años de ingobernabilidad en Jalisco.
A Rivera ya no se le hizo. ¿Cuál de los alcaldes de Morena en Jalisco puede tirar la primera piedra contra el CJNG?
¡Que levante la mano el valiente!
Jesús Michel Narváez
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