La Manipulación Electoral Tocó la Puerta… Nuevamente

¿Algún día México será una democracia madura con multipartidismo equilibrado, elevada representación femenina,

con un sistema electoral que fomente la cooperación, la inclusión, haya o no representación proporcional; con coaliciones estables y participación de pequeños partidos?

Es probable… quizás en el siglo XXII mexicano, porque en el actual ya no se trata de abarcar a las mayorías, sino de patearlas y lograr que una sola “fuerza” política (impulsada por intereses aviesos y fuera de la ley) decida para una presunta república, no lo mejor, sino aquello a conveniencia de los dirigentes en turno que, todo indica, pretenden eternizarse en el poder.

Lamentablemente, ya no se observa la posibilidad de que se fomenten las coaliciones estables y la participación de partidos pequeños, con un umbral electoral para evitar fragmentación excesiva. No, eso quedó en el siglo XX.

Hoy, la ambición se viste de guinda y pretende quedarse con todo el pastel, el que llegó a tener en la mano gracias a sus colaboradores políticos… los otros partidos, así como al declive de la mayor parte de dichas instituciones de la tercera edad… con registro.

Pero la desconfianza sigue galopando dentro y fuera del país, no sólo para con las instituciones, sino también en la celebración de los comicios. Los fraudes electorales del ayer, dejaron huella en los procesos de los nuevos tiempos, a veces con poca participación en ciertos sitios, mientras el crimen organizado abraza la política de la que se fue apoderando poco a poco, y no la suelta, porque desde ahí el panorama nacional adquiere dimensiones internacionales, no en pesos mexicanos, sino en dólares, rublos, libras esterlinas, dinares, riales y otras monedas…

Órganos como el INE y el TEPJF irán quedando en el pasado por decisión -no de todos los mexicanos-, sino de aquellos que sólo ven los beneficios arrancados en especie a través de la acción delictiva y la manipulación.

PRETENSIÓN ACTUAL:

PERMANENCIA ETERNA

Hoy, a las cortas alturas del triunfo de los morenos (apenas hace siete años) pretenden la permanencia eterna, mientras las sombras malvadas se van extendiendo sobre los comicios por venir, sea a través de la apatía, del abstencionismo, de la amenaza o… ¡el miedo!

Sí, en la actualidad, además, pareciera que los procesos electorales mexicanos tienen un dueño guinda y que los millones de ciudadanos debemos sujetarnos a sus decisiones que se convertirán en obligaciones.

Ya veremos y estaremos pendientes, puesto que una buena elección se caracteriza por ser informada, analítica y realista, además de que implica un proceso de investigación, reflexión y consulta.

Como señala el jurista y experto en la materia, Felipe Fuentes Barrera:

“Una buena elección se caracteriza por ser informada, analítica y realista, basándose en el conocimiento de fortalezas y debilidades, considerando diversas opciones, evaluando riesgos y beneficios, y alineándose con valores personales y metas a futuro, lo que implica un proceso de investigación, reflexión y consulta, para luego actuar con flexibilidad y compromiso, monitoreando los resultados para aprender y ajustar”.

(El magistrado es ahora parte del “nuevo” TEPJF pero el año pasado formó el trío que otorgó mayoría calificada a Morena y Aliados, debilitó al INE y restó credibilidad jurídica).

Una mala elección electoral, señalan otros expertos:

Es un proceso viciado por irregularidades graves y determinantes (como fraude, violencia, coacción, compra de votos o errores en el conteo) que alteran la voluntad real de los votantes y ponen en duda la certeza de los resultados, pudiendo llevar a la nulidad de la elección y la convocatoria a una nueva, según la legislación mexicana y tribunales electorales.

No solo es una cuestión de votos, sino también de la integridad del proceso democrático, afectando principios como la equidad en la contienda y la libertad del sufragio.

La consecuencia de una elección amañada, es la falta de respeto de los gobernados debido a la crisis de legitimidad y confianza que se presenta, derivada de la conducta de los propios líderes y de la brecha existente entre sus acciones y las expectativas ciudadanas.

Es claramente una desafección política que se manifiesta en el desapego de la ciudadanía, la falta de interés y una mayor disposición a expresar insatisfacción.

Por lo tanto, hoy los políticos que cargan sobre sus hombros una reforma electoral en puerta, requieren de sensibilidad e inteligencia para evitar un futuro manipulado para millones de mexicanos y quedar asquerosamente en la historia, lo cual suele ocurrir ligado al abuso de poder, a las atrocidades, la traición y los fracasos estratégicos.

El abuso del poder y la fama, siempre ha traído consigo la desdicha.

Ya falta menos para conocer la nueva manipulación electoral.

NIDIA MARIN

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