Flotillas de transporte refrigerado en Sinaloa están perdiendo cargamentos por fallas de monitoreo en zonas sin señal

La Sierra Madre Occidental tiene 120 kilómetros donde la señal celular desaparece por completo. Para las flotillas

de transporte refrigerado que cruzan entre Sinaloa y la frontera con Arizona, ese tramo representa una apuesta cada vez que cargan producto perecedero. En febrero pasado la apuesta le salió mal a una empresa de Culiacán cuando un tráiler con 18 toneladas de tomate cherry perdió señal GPS a las 14.47 de un miércoles mientras cruzaba por la carretera federal 40. El conductor, que llevaba ocho años haciendo esa ruta dos veces por semana, no se enteró de que el sistema de refrigeración había fallado hasta que llegó a la aduana mexicana en Nogales, Sonora, casi nueve horas después. Para entonces la temperatura interior había subido de los 4 grados requeridos a 19 grados y el cargamento completo tuvo que ser rechazado. La pérdida directa superó los 280000 pesos, sin contar el viaje de regreso vacío, el tiempo del conductor y la penalización contractual que la empresa tuvo que absorber porque no pudo demostrar en qué momento exacto ocurrió la falla.

El coordinador de logística de esa empresa, que gestiona 34 unidades refrigeradas desde un patio en las afueras de Culiacán, me dijo que ese incidente no fue excepcional en el sentido de que la pérdida de señal en la sierra es algo que les pasa constantemente, lo excepcional fue que coincidiera con una falla mecánica del sistema de frío que en condiciones normales habrían detectado en tiempo real. La mayoría de sus rastreadores GPS operan con tecnología celular porque es más barata y porque en el 80 o 85 por ciento de sus rutas funciona perfectamente, el problema es ese tramo entre Durango y la costa donde la cobertura celular es irregular o directamente inexistente y donde cualquier cosa puede pasar sin que nadie en la oficina se entere hasta que el camión sale del otro lado de la montaña.

Sinaloa exportó productos agrícolas por un valor superior a los 2800 millones de dólares en 2024 según datos de la Secretaría de Agricultura estatal, y una proporción significativa de esa carga cruza la Sierra Madre Occidental en tráileres refrigerados que dependen de mantener cadenas de frío ininterrumpidas durante trayectos que pueden durar entre 12 y 20 horas dependiendo de las condiciones del camino y los tiempos de espera en los cruces fronterizos. Según estimaciones de GPSWOX, entre el 15 y el 20 por ciento de los incidentes de pérdida de carga perecedera en rutas del noroeste mexicano están relacionados con fallas de monitoreo en zonas de cobertura débil, aunque esa cifra viene de encuestas a operadores y probablemente subestima el problema real porque muchas empresas pequeñas ni siquiera reportan las pérdidas o las absorben como costo operativo normal.

El debate entre rastreo satelital y rastreo celular lleva años circulando en el sector sin que haya un consenso claro, y la razón es que ambas tecnologías tienen limitaciones que sus defensores tienden a minimizar. Los sistemas satelitales mantienen cobertura en prácticamente cualquier punto del territorio, incluyendo las zonas montañosas más remotas, pero el costo del hardware es significativamente mayor y la transmisión de datos consume más energía y tiene mayor latencia, lo que significa que las alertas pueden llegar con retrasos de varios minutos en lugar de los segundos que ofrece la conectividad celular en zonas urbanas. Un gerente de operaciones de una flotilla mediana en Los Mochis me explicó que cuando cotizó equipar sus 22 unidades con rastreadores satelitales el presupuesto se triplicó respecto a la opción celular y decidió que no podía justificar ese gasto cuando el 90 por ciento de sus rutas eran entregas locales o viajes cortos a Hermosillo donde la cobertura celular era suficiente.

Lo que complica la decisión es que las pérdidas por fallas de monitoreo son impredecibles y espaciadas en el tiempo, entonces resulta difícil calcular si la inversión en tecnología satelital se recuperaría o no. El tráiler del tomate cherry representó una pérdida de quizás 300000 pesos incluyendo todos los costos indirectos, pero esa empresa había hecho ese mismo viaje más de 400 veces en los últimos tres años sin ningún incidente comparable. Si hubieran invertido 180000 pesos adicionales en rastreadores satelitales para toda la flota hace tres años, todavía no habrían recuperado la inversión con las pérdidas evitadas, aunque obviamente ese cálculo cambia si tienes dos o tres incidentes en el mismo año o si el cargamento perdido es de mayor valor.

Un inspector de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en Mazatlán mencionó que las quejas por pérdidas de carga refrigerada en la ruta Culiacán-Nogales aumentaron aproximadamente un 25 por ciento entre 2023 y 2024, aunque atribuyó parte de ese incremento a que más empresas están formalizando sus reclamos ante aseguradoras en lugar de absorber las pérdidas en silencio como hacían antes. También señaló que la infraestructura de telecomunicaciones en la Sierra Madre Occidental ha mejorado en los últimos años con la instalación de nuevas antenas, pero que todavía existen tramos de 30 o 40 kilómetros donde la señal celular es prácticamente inexistente y donde probablemente seguirá siéndolo durante años porque la densidad poblacional no justifica la inversión de las operadoras.

Algunas empresas han optado por soluciones híbridas que combinan conectividad celular con respaldo satelital, activando la transmisión por satélite únicamente cuando se detecta pérdida de señal celular para minimizar los costos de transmisión. Un técnico que instala estos sistemas en Culiacán dijo que la adopción ha sido lenta porque requiere capacitación adicional para los despachadores y porque los conductores a veces desconfían de tener dos sistemas funcionando simultáneamente, aunque admitió que las empresas que han hecho la transición reportan menos incidentes de pérdida de visibilidad en las rutas serranas. El problema es que estos sistemas híbridos cuestan entre un 40 y un 60 por ciento más que los puramente celulares y requieren contratos de datos satelitales que representan un gasto mensual adicional que muchas flotillas pequeñas consideran difícil de justificar.

La cuestión de fondo es que el transporte refrigerado de productos agrícolas desde Sinaloa hacia Estados Unidos opera con márgenes estrechos y cualquier costo adicional se traduce en menor competitividad frente a productores de otras regiones que no tienen que cruzar cadenas montañosas para llegar a los mercados de exportación. Las flotillas sinaloenses que han implementado monitoreo de temperatura en tiempo real con respaldo satelital muestran tasas de rechazo en frontera significativamente menores que las que operan solo con sistemas celulares, aunque la muestra es pequeña porque la mayoría de las empresas que pueden permitirse esa tecnología son las más grandes y mejor capitalizadas, que probablemente tendrían mejores resultados de todas formas por otras razones operativas.

El coordinador de logística de Culiacán con el que hablé al principio dijo que después del incidente del tomate cherry decidieron instalar rastreadores híbridos en las ocho unidades que hacen la ruta a Nogales con mayor frecuencia, pero que el resto de la flota sigue operando con sistemas celulares porque simplemente no tienen el presupuesto para equipar todas las unidades y porque la mayoría de sus viajes son entregas regionales donde la cobertura no es un problema. Me contó que la semana anterior uno de los tráileres equipados con el sistema nuevo cruzó la sierra y el respaldo satelital se activó automáticamente durante 47 minutos mientras atravesaban la zona sin cobertura, y que por primera vez pudieron ver la temperatura del contenedor en tiempo real durante todo el trayecto. No hubo ninguna falla esa vez, pero al menos ahora saben que si pasa algo se van a enterar antes de que el conductor llegue a la frontera con 18 toneladas de producto arruinado.

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