Nuuk, Groenlandia ::: 4 de septiembre de 2026 ::: La lucha contra el cambio climático tiene un nuevo aliado de colmillo en espiral: el narval. En un estudio publicado en Science
Advances, investigadores equiparon a seis de estos cetáceos dentados, conocidos a veces como los "unicornios del mar", con transmisores por satélite y los hicieron explorar remotas aguas del este de Groenlandia.
Entre 2017 y 2020, estos "colaboradores poco convencionales" recopilaron más de 2.000 observaciones de enorme valor sobre temperatura y salinidad. Los datos ayudaron a demostrar cómo el agua cálida del Atlántico está penetrando a gran profundidad en los fiordos de la región e intensificando el deshielo de los glaciares, un proceso que a su vez tiene consecuencias para importantes sistemas meteorológicos globales.
"Hemos utilizado una técnica completamente novedosa", explicó a AFP Mads Peter Heide-Jørgensen, profesor del Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia y primer autor del estudio.
Gracias a que los narvales se sumergen en las frías profundidades del océano Ártico, "nosotros podemos sentarnos en nuestras oficinas calientes, tomar café y recibir los datos", añadió.
::: Consecuencias para el clima mundial
El agua dulce procedente del deshielo de los glaciares de los espectaculares fiordos del este de Groenlandia y de su plataforma costera alimenta dos importantes corrientes del Ártico.
Una de ellas, la Corriente de Groenlandia Oriental, desempeña un papel clave en la regulación de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC), un enorme sistema de corrientes oceánicas que funciona como una cinta transportadora.
Los científicos creen que, si la AMOC llegara a colapsar, podría provocar un fuerte enfriamiento de los inviernos europeos y someter al continente a episodios de frío extremo.
Por ello, es fundamental comprender mejor los efectos de la denominada "atlantificación" de las aguas del este de Groenlandia. Sin embargo, el entorno remoto y extremadamente hostil de la región hace que llegar hasta allí sea caro y complicado para los investigadores.
Tradicionalmente, las mediciones se realizaban desde barcos, cuyas tripulaciones tomaban muestras de distintas capas de agua para obtener datos de salinidad, explicó Heide-Jørgensen.
Más recientemente ha sido posible instalar sensores electrónicos, aunque normalmente solo durante el verano, cuando las aguas están libres de hielo.
Los rompehielos son relativamente escasos y extremadamente caros. Además, sus tripulaciones corren riesgos si las embarcaciones sufren daños, y los barcos podrían incluso volcar si se encuentran cerca de grandes bloques de hielo que se desprenden de los glaciares, un proceso conocido como desprendimiento o calving.
::: Cómo los narvales recogen los datos del Ártico
Los narvales, en cambio, demostraron ser unos científicos muy eficaces.
Al sumergirse a más de 1.500 metros de profundidad, pudieron tomar muestras de columnas completas de agua y registrar temperatura, salinidad, profundidad y posición. Después, esos datos se utilizaron para calcular la densidad potencial del agua.
En función de esa densidad, los investigadores pudieron determinar si el agua era de origen atlántico o polar.
Uno de los principales hallazgos fue la detección de agua de origen atlántico a gran profundidad bajo glaciares situados en el complejo de fiordos de Scoresby Sound, a unos 350 kilómetros tierra adentro.
::: Capaces, aunque poco entusiastas
Los científicos ya habían probado anteriormente a utilizar otros mamíferos marinos, como focas, belugas y ballenas boreales, pero los narvales tienen una ventaja particular: regresan a los mismos lugares, algo muy valioso para obtener mediciones repetidas a lo largo del tiempo, como requiere la investigación científica.
El equipo acabó encariñándose con sus colaboradores y les puso antiguos nombres nórdicos, como Freya y Balder, aunque no fueron incluidos como coautores del estudio.
La admiración, sin embargo, no parecía ser mutua.
"No diría que disfrutan interactuando con los humanos", comentó Heide-Jørgensen. "Lo hacen bajo protesta".
Capturarlos con redes e instalarles los instrumentos lleva unos 20 minutos. Se trata de un breve episodio de estrés tras el cual los animales vuelven a comportarse con normalidad. Las etiquetas acaban desprendiéndose por sí solas.
Los autores señalaron entusiasmados que esta colaboración "demuestra cómo los enfoques innovadores, incluso aquellos que implican colaboradores poco convencionales, pueden revolucionar la investigación oceanográfica".
Pero los propios narvales figuran entre los "perdedores del juego climático", señaló Heide-Jørgensen.
El calentamiento del clima está reduciendo su hábitat y se prevé que, con el tiempo, tengan que desplazarse más al norte para mantenerse cerca de aguas frías.