Proponen biomaterial de cáscaras de gamba para plásticos

Barcelona, España, 19 de febrero de 2026 ::: Investigadores del IBEC demostraron que el quitosano, polímero obtenido

de residuos de crustáceos, puede fortalecerse al contacto con el agua. Este descubrimiento abre la puerta a la creación de envases y materiales industriales robustos y biodegradables, ofreciendo una alternativa real y sustentable al uso de plásticos convencionales.

 Los investigadores incorporaron níquel, un oligoelemento presente en la naturaleza, a la estructura del quitosano. Tras formar láminas delgadas, comprobaron que el material incrementa su resistencia hasta un 50 % tras la inmersión en agua. El mecanismo se basa en una red dinámica de enlaces reversibles que se reorganizan gracias a los iones de níquel y a las moléculas de agua. Esa reconfiguración permite absorber tensiones mecánicas imitando el comportamiento de ciertos tejidos biológicos.
El equipo incorporó níquel, un oligoelemento presente en la naturaleza, a la estructura del quitosano. Tras formar láminas delgadas, comprobaron que el material incrementa su resistencia hasta un 50 % tras la inmersión en agua 

Biológicamente puro
“El material sigue siendo biológicamente puro; es esencialmente la misma molécula que existe en los caparazones de insectos y hongos”, explica Javier G. Fernández, investigador del IBEC y líder del trabajo, publicado en Nature Communications. Esa pureza facilita su reintegración en los ciclos naturales sin generar residuos persistentes.
El descubrimiento se inspira en la cutícula de los artrópodos y en observaciones previas sobre la acción de metales en estructuras naturales. Según los autores, el agua se convierte aquí en un componente activo del sistema y deja de ser un enemigo de los biopolímeros. Fernández resume el principio como “un material en el que ser 'blando’ a escala molecular lo hace más fuerte”.
El proceso de fabricación también incorpora un ciclo cerrado de níquel: el metal que no participa en la estructura se recupera durante la hidración inicial y se reutiliza para producir nuevas tandas de material. El método logra así un uso del níquel del 100 %, sin generar residuos y con costes reducidos.

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