Medicina trata de explicar últimos momentos de Jesús de Nazaret

Jesus
A través de los siglos, muchos investigadores se han dado a la tarea de tratar de explicar las causas de la muerte de Jesucristo.

Para ello, toman como material de referencia los relatos bíblicos de la crucifixión descritos a través de los evangelios y el Santo Sudario.

En todos ellos, se refiere que Jesucristo padeció el más cruel, inhumano y despiadado de los castigos que pudiera recibir un ser humano.

Es decir, de todas las muertes, la de la cruz era un suplicio infamante, que en el imperio romano se reservaba a los esclavos (servile suppliciun).

El informe de un médico forense diría:

Sobre la mesa de autopsia se encuentra el cadáver de un varón, de aproximadamente 30 a 35 años de edad, identificado como Jesús de Nazaret, del que aseguran que tiene 33 años, hijo de José y de María, crucificado tras ser condenado.

Empero, para los escritores sagrados, la pasión y muerte de Jesús de Nazaret se inicia desde las nueve de la noche del jueves 12 al acabar la Última Cena y ser detenido, hasta las tres de la tarde del viernes 13 en que murió, transcurren un total de 18 horas.

Desde el momento de su detención, parece que no ingirió ningún tipo de alimento o líquido. Los castigos (excepto el bastonazo propiciado por un criado de Caifás poco después de su detención) comenzaron sobre las siete de la mañana del viernes, por lo que hasta el momento de la muerte transcurren unas ocho horas.

HUERTO DE LOS OLIVOS

En esta primera etapa vivida por Jesús antes de ser tomado como prisionero, los escritores afirman que vive una mezcla indecible de tristeza, de espanto, de tedio y de flaqueza.

Dicho sufrimiento moral hizo que se presentara el “sudor de sangre”, una manifestación somática, física; sudor de sangre (hematihidrosis o hemohidrosis).

En la práctica médica, este desorden sanguíneo se debe a la congestión vascular capilar y hemorragias en las glándulas sudoriparas; la piel se vuelve frágil y tierna.

FLAGELACIÓN

Ésta era una etapa preliminar legal para toda ejecución Romana. La víctima era desnudada de la parte superior del cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado, con la espalda encorvada, de modo que al descargar sobre esta los golpes, nada perdiesen de su fuerza.

El instrumento usual era un flagrum o flagellum (especie de látigo de correas o tiras a las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de ovejas). Cuando los soldados azotaban repetidamente las espaldas de su víctima, las bolas de hierro causaban profundas contusiones y hematomas.

Los látigos con los huesos de oveja, desgarraban la piel y el tejido celular subcutáneo. Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los músculos, produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada.

Se creaban las condiciones para producir la perdida importante de líquidos (sangre y plasma) y, sobretodo hay que tener en cuenta que la hematidrosis había dejado la piel muy sensible en Jesús.

CRUCIFIXIÓN

En la Crux Immisa –o cruz latina-, como era la costumbre, se obligo a Jesús a cargarla desde el poste de flagelación al lugar de la crucifixión.

La cruz pesaba más de 136 kilos. Con agotamiento extremo y debilitado, Jesucristo tuvo que caminar entre 600 a 650 metros para llegar al Gólgota - el nombre en arameo significa “lugar de la calavera”, ya que era una protuberancia rocosa, que tenia cierta semejanza con un cráneo humano, hoy se llama por la traducción latina calvario-.

Antes de comenzar la crucifixión, era costumbre dar una bebida narcótica (vino, con mirra, e incienso) a los condenados; con el fin de mitigar un poco sus dolores. Cuando presentaron a Jesús este brebaje, no quiso beberlo.

Con los brazos extendidos, pero no tensos, las muñecas eran clavadas en el patíbulo. De esta forma, los clavos de un centímetro de diámetro en su cabeza y de 13 a 18 centímetros de largo, eran probablemente puestos entre el radio y los metacarpianos.

El clavo penetrado destruía el nervio sensorial motor, o bien comprometía el nervio mediano, radial o el nervio cubital. La afección de cualquiera de estos nervios produjo tremendas descargas de dolor en ambos brazos. El empalamiento de varios ligamentos provoco fuerte contracciones en la mano.

Los pies eran fijados al frente del estípete por medio de un clavo de hierro, clavado a través del primero o segundo espacio intermetatarsiano.

LA MUERTE DE JESUCRISTO

En esta parte varios factores pudieron contribuir ya que en esos momento Jesús era una persona politraumatizada y policontundida; desde el mismo momento de la flagelación, hasta su crucifixión.

Comenzamos constatando que no se han descrito lesiones mortales, o sea, aquéllas que por afectar a un órgano o función vital, son causa inmediata y fundamental de muerte. Las otras lesiones proceden de la flagelación, y son múltiples latigazos en el pecho y la espalda.

Estas lesiones provocan hemorragias que en principio no tienen por qué ser muy profusas al no ser profundas y por tanto no afectar a grandes arterias y venas.

Sin embargo, al ser una extensión muy amplia del cuerpo (pecho y espalda) la pérdida sanguínea se va acumulando y puede ser significativa, pudiendo producir (a lo largo de las más de ocho horas de castigo) la pérdida de uno o dos litros de sangre y plasma.

Una hemorragia produce una pérdida del volumen de sangre (que se denomina volemia), por lo que la pérdida de sangre se llama hipovolemia.

Una gran hipovolemia origina una crisis o shock en el funcionamiento del organismo, que en este caso se llama Shock Hipovolémico.

Paralelamente, habida cuenta la gran cantidad de golpes que impactan en los mismos lugares, se producen una serie de graves lesiones similares a las de un aplastamiento o machacamiento, lo que se conoce en medicina como Síndrome de Aplastamiento (crush syndrome) y que implica la liberación de sustancias al interior de la sangre, entre ellas mioglobina procedente de los músculos, que provoca alteraciones en los procesos renales de filtración.

Tan masiva cantidad de golpes en el tórax es también causa de un gran dolor, enorme e incalificable sufrimiento. Entre los mecanismos de defensa que de modo automático o inconsciente utiliza el organismo está el de reducir la movilidad al mínimo (cuando, por ejemplo, una persona se hace daño en un dedo, lo primero que hace inmediatamente después es cogerlo con la otra mano y no moverlo); la reducción de la movilidad en el tórax se traduce en respiraciones superficiales que originan una hipoxia (falta de oxigenación de la sangre por no respirar adecuadamente), que se asocia a una hipercapnia (exceso de dióxido de carbono por el mismo motivo) y a una serie de alteraciones del equilibrio ácido-base.

A esto hay que unir que, por la postura existente en la cruz, donde el cuerpo cuelga literalmente de las extremidades superiores a través de una tensión que se transmite al tórax y a sus músculos, que ven dificultada sus funciones, entre ellas la de facilitar los movimientos respiratorios.

Las graves lesiones traumáticas en el tórax bien pudieron producir una irritación de las membranas que rodean los pulmones (pleuras), ocasionando una pleuritis con una acumulación de líquido llamado exudado en el espacio interpleural.

Esto puede explicar perfectamente por qué salió “sangre y agua” al pinchar en el lado derecho de su costado: sangre de las lesiones propias de las arterias y venas de la zona, y “agua” que sería el exudado acumulado entre las pleuras (interpleural).

Las lesiones producidas por los clavos en ambas manos (zona carpiana) y en los pies no deben estar en principio relacionadas con la causa de la muerte, ya que no afectan órganos vitales y una posible infección grave no se desarrolla en tan corto plazo de tiempo.

La única posible influencia –no descrita en las Sagradas Escrituras– es la producción de una gran hemorragia porque se hubiesen afectado arterias o venas de gran calibre, lo cual hubiese redundado en el posible shock hipovolémico mencionado.

Las lesiones producidas por la corona de espinas en la cabeza no están probablemente relacionadas con la causa de la muerte (no afectan órganos vitales al no penetrar en el cerebro ni producen gran hemorragia).

Una nota final para destacar que la posición en la cruz (ortostática, de pie) hace difícil la llegada de oxígeno al cerebro, ya que la sangre tiende a acumularse en las partes inferiores del organismo (por efecto de la gravedad), sobre todo cuando el corazón funciona débilmente, por lo que la oxigenación del órgano que más lo necesita (el cerebro o sistema nervioso central) es deficiente.

Conociendo la lenta agonía y el mantenimiento de la conciencia casi hasta el último instante, en base a todas las consideraciones anteriormente expuestas, obtenemos las siguientes conclusiones médico-legales como las más probables:

Causa inmediata de la muerte: hipoxia-anoxia (hipoxia es disminución de la concentración de oxígeno en la sangre, y anoxia es la ausencia total de oxígeno en la misma) cerebral consecuencia de hipovolemia (disminución del volumen de sangre) post-hemorrágica, de insuficiencia respiratoria mecánica (incapacidad para respirar adecuadamente por falta de movilidad) por graves lesiones en músculos intercostales, y de insuficiencia cardiaca.

Causa fundamental de la muerte: múltiples heridas inciso-contusas, equimosis, erosiones, excoriaciones y hematomas en la parte anterior y posterior del tronco.

Origen de la muerte: criminal.

Fuentes Consultadas

* Rubén Dario Camargo R.

Medicina Interna - Cuidados Intensivos. Barranquilla, Colombia.

* Dr. José Antonio Lorente Acosta

Especialista en Medicina Legal y Forense y profesor titular de Medicina Legal de la Universidad de Granada.

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