Su sillón es una especie de trono y su bastón, un arma con la que está a la defensiva.

Así imagina a la poetisa Pita Amor el coreógrafo Erick Miranda en la obra de danza contemporánea Amor, la Undécima Musa que se estrena al público el sábado 8 de octubre, a las 19 horas, en el Centro Cultural “Los Talleres”, y aquí mismo dará una segunda función el 9 de octubre a las 18 horas.
Esta propuesta es interpretada por Los Corpógrafos, compañía que fundó Isabel Beteta en 2020 para pensar el cuerpo de otra manera, como un pincel que dibuja y diseña en el espacio, como un objeto plástico en movimiento.
El coreógrafo se basó en las Décimas a Dios, donde Pita Amor (Ciudad de México, 1918-2000) le habla de tú por tú a ese ser omnipresente a veces en tono de reclamo, otras veces rogándole que aparezca sin dejar de plasmar la incertidumbre sobre su existencia.
“Pita es una de varias escritoras y artistas mexicanas olvidadas, porque la cultura pop no las adoptó como a Frida Kahlo. Mi objetivo con esta creación es que se le conozca un poco. No pretendo dictar cátedra, sino meterle al público la espinita”, reconoce Miranda.
Más que interpretarla, Beteta simboliza a la llamada Undécima Musa valiéndose del ritmo y la expresión corporal para trabajar desde un aspecto más teatral y transitar, de un instante a otro, por los diferentes estados de ánimo del personaje, en su plenitud pero también en los momentos de amargura, de tristeza y soledad.
A Beteta las décimas le parecen muy actuales por su manera de tratar a Dios, de tutearlo, de interpelarlo de manera directa, sea o no desde el enojo, y por eso le gustan y le dicen más que los versos de Sor Juana Inés de la Cruz dedicados al ser supremo.
Cinco bailarines -Eustorgio Guzmán, Gabriela Puebla, Saúl Gurrola, Helena Hernández y Argelia Pérez- dan vida a las décimas. Desde que el coreógrafo las leyó por primera vez hace unos tres años, gracias a un amigo teatrero, le parecieron llenas de movimiento. Quizá, piensa, se debe a que la rima marca el vaivén del cuerpo.
El ritmo de los intérpretes al comienzo es más acompasado para generar una atmósfera mística y adentrarse en la espiritualidad. La intención inicial de Miranda se subraya con el vestuario color crema de los cinco bailarines y la blancura del foro, elementos que se mantienen a lo largo de la obra y contrastan con el tono azul marino que viste la Pita Amor ideada por el fundador de Inquietos, compañía que colabora con Los Corpógrafos en esta creación.
El quinteto de bailarines representa los pensamientos encarnados en movimiento y el vestuario claro enfatiza la pureza de esos pensamientos, en opinión de Eustorgio Guzmán.
Aunque la misma poetisa estaba consciente de que su genialidad iba de la mano de la demencia, el coreógrafo quiso tomar con seriedad a Pita para no encasillarla, como varios lo han hecho, en “la vieja loca que deambulaba por la Zona Rosa”. Si en ocasiones parece ausente, es para insinuar con sutileza que era presa de su vorágine.
En sus Décimas a Dios se asoma la vanidad y soberbia de la autora, pero Miranda no quiso enfocarse tanto en estos aspectos. Le interesa más resaltar que este libro, desde su punto de vista, es la cúspide del legado literario de Pita, cuya voz “fuerte y agresiva” puede escucharse mientras recita parte de estos versos en Amor, la undécima musa, la obra de mayor formato que hasta ahora ha montado Miranda.
“Fue una feminista adelantada a su época. Creo que hoy la podemos entender mejor que antes, porque nos podemos identificar con mucho de lo que ella piensa, como en su poemario en el que se pregunta lo que todos en algún momento nos cuestionamos al tratar de comprender nuestra existencia”, considera la bailarina Helena Hernández.
Sin ser abstracta, esta danza contemporánea no cuenta una historia lineal pero sí posee una estructura dramática basada en La Undécima Musa. Guadalupe Amor, de Michael Karl Schuessler, la biografía sobre esta singular mujer de las letras mexicanas que incluye un análisis de su obra de carácter metafísico y literario.

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