Ciudad de México, México, 4 de marzo de 2026 ::: El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma destacó en la UNAM
que la fundación de Tenochtitlan en 1325 entrelaza historia y mito. En el marco de los 700 años de la ciudad, se analizan fuentes como el Códice Mendoza para comprender el origen de la urbe.
Sin embargo, llamó a la cautela: “Las ciudades no surgen de la noche a la mañana son largos procesos en los que intervienen factores económicos, sociales y políticos”.
La fecha de 1325 también aparece asociada al Teocalli de la Guerra Sagrada, pieza mexica que representa el símbolo fundacional: el águila sobre el nopal.
“El águila es Huitzilopochtli, es el dios solar y de la guerra. Representa el sol”, explicó. No obstante, precisó que las fuentes ofrecen distintas versiones: águila sola, devorando aves, desgarrando una serpiente o con el símbolo atl-tlachinolli —agua y fuego— emergiendo del pico.
Para el especialista, el célebre emblema no debe leerse como un hecho literal: “Es un símbolo fundacional que nos está indicando cómo el dios les señala la tierra prometida”.
Eduardo Matos propuso mirar el nacimiento de la ciudad desde una doble perspectiva: la histórica y la mítica.
“Voy a referirme a dos ciudades que en su momento fueron centro del universo y cuyo solo nombre causaba desasosiego entre sus enemigos, Roma y Tenochtitlan. En ambos casos, el surgimiento de las mismas está envuelto entre la historia y el mito. Los dos aspectos se entreveran”, señaló.
El investigador explicó que toda fundación antigua combina el dato arqueológico y documental con relatos simbólicos. “El primero es el dato que la ciencia ofrece, la historia. El segundo nos lleva ante dioses fundadores y pasajes no exentos de misterio y pleno de simbolismos. Los dos son válidos, pues provienen del hombre que en su infinito pensar es el protagonista de los hechos humanos y a la vez el gran hacedor de los dioses”.
Chicomoztoc y el origen tolteca
Matos Moctezuma dividió su exposición en dos partes: los antecedentes toltecas y la fundación mexica. Recordó que diversos pueblos nahuas afirmaban provenir de un mismo lugar mítico: Chicomoztoc, las siete cuevas, asociadas al cerro de Culhuatepec.
Desde crónicas como la Historia tolteca-chichimeca hasta relatos de frailes del siglo XVI, se repite la idea de migraciones guiadas por caudillos y deidades. En ese tránsito, explicó, los mexicas retomaron símbolos toltecas para legitimar su propio origen. “Tomaron del tolteca todos estos elementos y muchos más”.
También destacó la relevancia del Códice Boturini —conocido como Tira de la Peregrinación—, donde aparece la salida de Aztlán y el paso por Chicomoztoc. En estas representaciones figura ya el dios Huitzilopochtli como guía del pueblo mexica.
Arqueología bajo la Catedral
Matos Moctezuma recordó que el Proyecto Templo Mayor, iniciado en 1978, permitió profundizar en el pasado mexica. Excavaciones realizadas bajo y alrededor de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México revelaron vestigios que preceden y acompañan el auge de la ciudad.
“Encima de capas estériles había presencia tolteca”, indicó, lo que sugiere ocupaciones previas al establecimiento mexica. En estratos superiores apareció cerámica Azteca II y III, fechada mediante carbono 14 y análisis de hidratación de obsidiana, correspondiente al periodo de expansión tenochca.
Estos hallazgos confirman que Tenochtitlan fue resultado de un proceso paulatino de consolidación política y económica.
De tributarios a potencia hegemónica
El arqueólogo explicó que, en sus inicios, los mexicas se establecieron en tierras bajo dominio Tepaneca, en los márgenes del lago de Texcoco. El señor de Azcapotzalco les permitió asentarse con la condición de pagar tributo y participar en campañas militares.
La situación cambió en 1428, cuando, aliados con Texcoco y Tacuba, derrotaron a Azcapotzalco y formaron la Triple Alianza. “Se invierten los papeles”, dijo Matos. A partir de entonces comenzó la expansión que convirtió a Tenochtitlan en potencia dominante de Mesoamérica.
Una fundación en permanente construcción
El especialista dijo que la fundación de Tenochtitlan no puede entenderse como un acto instantáneo ni exclusivamente mítico.
“Son lugares de origen que por lo general se mezclan con el dato histórico por un lado y con el dato mítico por el otro”, reiteró.
A siete siglos de distancia, la ciudad que emergió del lago continúa siendo objeto de estudio y reflexión. Su nacimiento —como el de otras grandes urbes antiguas— sigue recordándonos que la historia y el mito no se excluyen, sino que dialogan para explicar el pasado.